Carozo, el muñeco corrupto, dice no comprender el desprecio popular hacia él: "No se dan cuenta de que sólo se roba a quien se ama"

Miércoles, 29 de Julio de 2009 03:12 Duiumisiorbol Pepe
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Fue uno de los funcionarios más corruptos de la democracia chaqueña, pero aun así Carozo evita caer en la vanidad, y con una modestia que parece ser sincera, señala: "No me la creo, cuando me dicen eso, contesto que no hice más que cumplir con mi deber".

Obeso y con una tendencia a la pedofilia que le costó más de una relación, Carozo acusa los golpes de la vida, y no oculta la desazón que le provoca el desprecio que percibe cada vez que entra a rascarse las bolas a un bar y quienes lo conocen cuchichean hablando sobre su inocultable condición de ladrón glotón del Estado, que de pelagatos sudando la gota gorda para subsistir con la venta de sánguches, pasó a vivir en un semipiso céntrico que no podría justificar si alguna vez la justicia dejara de estar copada por sus amigos.

"Me jode que me miren así, como si yo fuera una mierda por haber coimeado a lo loco o por haberme quedado con medio presupuesto en mi bolsillo. Yo a esta provincia la amo. Porque eso es lo que la gente no entiende: que sólo se roba a quien se ama", dijo en un reconfortante diálogo con AN.

-Carozo, se lo considera uno de los funcionarios más corruptos de la historia del Chaco. ¿Qué le hace sentir eso?

-Y, orgullo, obviamente, pero no creo merecerme esa consideración. Yo sólo cumplí con mi deber. No sé, a lo mejor parece falsa modestia, pero pienso que cualquiera en mi lugar lo hubiera hecho igual o mejor.

-Sin embargo, se le reconoce una gran desfachatez, por llevar un tren de vida que no tiene nada que ver con su situación previa a la función pública, cuando era un pobre croto que andaba mangueando para pagar el remís, vivía en casa de sus padres y tenía que andar chupando pijas para conseguir alguna changa.

-Sí, no sé, creo que se lo debo a mis viejos, sobre todo a papá, que era bastante delincuente también. Eso sí lo disfruto. Ver cómo él me mira, como diciéndome "Estoy orgulloso de vos, nene, llegaste adonde yo siempre quise". Esas cosas, la verdad, no tienen precio. Bah, sí, tienen, pero no lo voy a andar coimeando a mi viejo. Pero yendo a otra parte de su pregunta, creo que si uno es un corrupto y no lo hace notar, no tiene gracia. O sea, corrupto discreto es cualquiera. El tema es tener lo que hay que tener para afanar, y que se note que uno afanó.

-¿Por qué?

-Y lógico, porque es ahí donde la gente te putea, te grita cosas desde el auto mientras te ve sentado en la vereda del café, te quiere cagar a piñas cuando te encuentra en el supermercado. En cambio el que roba y mantiene su nivel de vida anterior, no sé, a mí como que no me inspira ningún respeto. No entiendo al corrupto que vive su condición como con culpa, como si fuéramos menos que los demás por haber metido la mano en la lata.

-En realidad, mucha gente pide para los tipos como usted, justamente, una condena social, que sería ese desprecio del que usted habla.

-Odio que me juzguen. O sea, si alguien me quiere juzgar, que estudie, que haga la carrera judicial, que se rompa el lomo, que haga una impecable trayectoria jurídica, y llegue a la magistratura, como hicieron los chicos del Superior Tribunal. Pero que me juzgue cualquiera, no, eso no.

-¿De verdad cree que la corrupción debería ser valorada socialmente?

-¿Y por qué no? Los corruptos, en primer lugar, somos parte de la sociedad. Yo, en eso, no puedo ser cuestionado por nadie. Todo mundo sabe que lo que robé lo invertí en negocios limpios y turbios del Chaco. No me fui a quemar la guita en otro lado, como hacen algunos. Pero claro, el que te grita "gordo chorro puto" desde una bici, no dimensiona eso. Yo no tengo dudas de que si no fuera por la corrupción, y por los corruptos que confiamos en esta provincia al momento de invertir la guita, el Chaco hoy no tendría actividad económica. Pero nadie dice eso.

-Claro, pero habrá escuchado aquello de que el dinero que roban los funcionarios como usted es plata que después falta en la educación, en la salud de la gente más pobre.

-Es un verso, eso. Salud, educación, seguridad, son áreas prioritarias, es verdad, pero tienen su presupuesto. Si por afuera de ese prespuesto hay otra plata asignada a otros fines del Estado, significa que esa plata no es tan necesaria. Y ahí robamos nosotros, sin joder a nadie, sin sacarle la aspirina ni la tiza a ningún chaqueño. Pero esos chaqueños, a lo mejor, después consiguen trabajo gracias a los negocios que nosotros abrimos con la guita afanada. Y ahí sí, con su sueldito, ese comprovinciano puede comprar los remedios y mandar los pibes a la escuela. O sea que un rol más social que el del corrupto no sé si vas a encontrar.

-Suena muy relativo.

-¿Relativo? Vamos a lo concreto. Tengo un amigo, al que unos hijos de puta escracharon en un video subido a YouTube, que con parte de lo afanado se hizo una casa de la puta madre en Villa San Martín. Cada vez que alguien que vio el videíto pasaba por ahí y lo veía en la vereda controlando la obra, lo puteaba. Pero nadie veía que gracias a eso había doce albañiles trabajando, ganándose la plata para dar de comer a su familia. Es bastante hijo de puta el pueblo a veces.

-¿Recuerda su primera vez?

-Sí, obvio. Vino alguien cuyo nombre no voy a decir, pero bastante conocido, a cerrar un trato por servicios que le íbamos a pagar. Estábamos en mi despacho, me acuerdo, afuera estaba nublado, y yo no sabía cómo decirle que de los 60.000 pesos que le íbamos a pagar cada mes, 20.000 me los tenía que dejar a mí. Me acordaba de la pelotuda de mi maestra de segundo, que decía que era mejor ser pobre pero honrado, que rico y ladrón. Todas esas putadas que te meten en la cabeza en la escuela. Pero bueno, al final lo encaré, el tipo se río, y me dijo "está bien, gordo", y me dio la mano. Fue algo tan, no sé... creo que excitante es la única palabra que sirve. Ahí nomás me fui al baño y me metí una flor de paja mirando unos billetes de cien.

-¿Los funcionarios que no robaban no le decían nada sobre su conducta?

-No, de aquella época no recuerdo a nadie que no robara. A ver... hmmm... no, no recuerdo.

-Algo que se comenta es que el tema de la obesidad le preocupa mucho, y que nunca logró asumirlo, al punto de que usted se ve flaco, y se le dicen "gordo", usted no se da por aludido.

-...

-¿Me contesta?

-¡Ah!¿A mí me hablás?

-No, olvídelo, no tenemos más preguntas. Muchas gracias por recibirnos, y disculpe que le hayamos robado su tiempo.

-No te preocupes, ojo por ojo, jio jio jio.