20 razones por las cuales los chaqueños se mueren de tristeza cuando viven en otro lado

Martes, 13 de Octubre de 2009 04:14 Debespipul Ofdeuorl Pepe
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Ser chaqueño es una bendición, y distintos estudios científicos y teológicos lo comprueban, al cabo de investigaciones que se iniciaron para dilucidar un interrogante feroz: ¿Por qué los chaqueños se mueren de tristeza cuando viven en otro tipo de sociedades? Aquí, las 20 principales razones del asombroso fenómeno.

 

1) La eliminación de toxinas. El Chaco no es el único lugar en el que llega a hacer 48 grados de temperatura con un 90% de humedad, pero tiene el privilegio de no tener playas en sus ríos, ni piscinas comunitarias, ni paseos agradables, ni lagunas con balnearios, ni ciudades bien forestadas, con lo cual el clima infernal -que ocupa la mitad del año- es un martirio que no tiene alicientes. ¿Y qué se logra con eso? Que transpiremos como botellas de cerveza y eliminemos más toxinas que cualquier otro ser humano. Morimos de infartos e hipertensiones, ¡pero qué piel, papá!

2) La justicia va sobre seguro. En nuestra provincia, si uno es acusado de un delito, nadie se va a ensañar. El mejor ejemplo es el caso de don Miguel Pibernus, el ex vicegobernador acusado de inventar donaciones para quedarse con la guita que rendía por ellas. Irá a juicio este mes, diez años después de formuladas las primeras denuncias en su contra. Obviamente que si lo condenan, será con una pena en suspenso, es decir, una que podrá cumplir en libertad. Y al resto de la banda, ni siquiera esa molestia. Si eso no es reinserción social, que venga alguien y lo desmienta.

3) En otros lugares se hace fila para subir al colectivo. Sí, aunque cueste creerlo, hay sociedades en las que para subir a un cole del servicio urbano las personas hacen fila por riguroso orden de llegada a la parada. Es decir, pierden por completo la emoción de llegar, ver la masa amorfa de gente esperando, y tener que armar una estrategia para subir al bondi antes que los demás. Con razón los suecos tienen tantos suicidios, si sus vidas no tienen nuestro chimichurri diario.

4) Hay países en los que sólo pueden manejar los que saben. En Europa, para sacar licencia de conducir (para auto o para moto) hay que hacer largos cursos y rendir exigentes exámenes. En nuestra bendita tierra, para conducir una moto no hace falta test alguno, y para manejar un automóvil sólo un poco más que eso. Y si te rebotan en tu ciudad, tenés otros 67 municipios en los cuales conseguir tu carné con un certificado de domicilio trucho.

5) Las obras se hacen pensando de aquí a 30 o 50 años. No, no en cuanto a la durabilidad de las infraestructuras, sino en cuanto al precio que se le cobra al Estado por ellas. Peatonales, paseos costaneros, lomos de burro, rutas y viviendas son pagados a valores que duplican o triplican a los que deberían tener hoy.

6) Nuestras instituciones no son aburridas. Acá son muy divertidas. La Legislatura contrata a una ONG desconocida, le paga 90.000 pesos por mes, y cuando el asunto se descubre, justifica la contratación diciendo que fue esa entidad la que creó la "Galería de los Escudos", un pasillo con cuadritos. El Superior Tribunal tiene en su seno a dos ex funcionarios y amigos de Angel Rozas, pero te dicen que es independiente. Capitanich y su mujer se matan en público, pero el gobernador les pide a los medios que no se metan "en su vida privada". Pobres chilenos, carajo.

7) Los otros tienen que llevar a sus chicos todos los días a la escuela. En distantes latitudes, los pelotudos tienen que llevar a sus hijos al cole todos los días de lunes a viernes. Acá son sólo dos o tres veces a la semana, gracias a paros, feriados, jornadas pedagógicas, pestes y cierres por las dudas.

8) Nuestros chicos no nos arruinan diarios y revistas. Vinculado al punto anterior. Como los pibes, con tan pocos días de clases, nunca aprenden del todo a leer, no tenemos que soportar -como les pasa a los padres de otras provincias- que los pendejos nos pierdan el material de lectura o nos rompan las pelotas pidiéndonos la Genios o algún libro de Harry Boster.

9) Contaminamos menos el planeta. Pagamos uno de los precios más altos del país por los combustibles, aunque somos la provincia más pobre. Con esa mezcla, tenemos un promedio de uso de vehículos inferior al del resto del país. Hacemos así un gran aporte a la conservación de los recursos naturales no renovables.

10) Tenemos agua las 24 horas. Como dijo el presidente de Sameep cuando explicó por qué el costo mensual del servicio subió a 76 pesos para las familias sin medidores de consumo, eso es porque en el Chaco tenemos el privilegio de que el agua esté disponible las 24 horas del día. En las demás provincias, en cambio, sólo funcionan las canillas en horario comercial. ¿Cómo??¿Que también tienen agua todo el día pero la pagan hasta cinco veces más barata??? No, che, deben haber inventado eso de puro envidiosas.

11) Contamos con un servicio automático de aviso de lluvia. Efectivamente, cuando comienza a llover o un viento algo fuerte avisa que se acerca una precipitación, el servicio de energía eléctrica siempre se corta. Es para que el sonido de la tele no nos prive del placer de escuchar el agua cayendo sobre el techo de chapas.

12) En otras comunidades hay absurdas regulaciones. ¿Sabías que hay otras provincias las luces de los semáforos son las que deciden si los vehículos deben avanzar o detenerse? Pues aunque cueste creerlo, sí, así es. ¿Y sabías que de esa autoritaria disposición no están exentas las motos ni las bicis? ¿Pero quién puta se creen para someter a los seres humanos a las órdenes de unas simples máquinas?¡Qué suerte vivir en Resistencia, carajo!

13) Los boludos que no viven acá se pierden de faltar por epidemias. Sin ir más lejos, los pelotudos de Formosa prácticamente no tuvieron dengue, cuando acá teníamos más de 12.000 enfermos. Resultado: se perdieron de poder faltar a sus trabajos o escuelas por estar infectados. Y en este verano, cuando acá volvamos a tener el virus, seguro que los muy nabos van a seguir sin contagiarse.

14) Los de afuera padecen gobiernos y oposiciones racionales. Hay sociedades en las que la oposición busca aprovechar los errores del gobierno, pero no desea que el gobierno se caiga a cualquier precio ni banca acciones que pueden terminar en enfrentamientos fatales. Y bué, allá ellos con su mariconería racionalista.

15) Empresarios foráneos se mueren de vergüenza si tienen que confesar que tienen empleados en negro. No tienen la audacia de los empresarios chaqueños, que vienen puteando contra la AFIP... ¡porque les exige que tengan a sus laburantes en regla! Acá, nuestros hombres pymes hasta organizan protestas y repudios para poder seguir negreando personal. ¿Cómo no amarlos?

16) Ellos tienen que andar cambiando de políticos todo el tiempo. En las comunidades chotas que hay fuera, los ciudadanos entierran todos los años a unas figuras políticas y las reemplazan por otras nuevas. Nosotros, por suerte, no tenemos que hacer eso, y desde hace diez años la política local es una puja entre Rozas y Capitanich. Y nadie se baja del escenario, aunque tengan causas judiciales abiertas, aunque les hayan descubierto que proyectaban edificios públicos para chorear guita del Estado, aunque los sorprendan con cientos de cheques sin fondo, aunque estén dementes o aunque se hayan afanado hasta los ceniceros de un ministerio.

17) Nosotros no tenemos que andar gastando en paraguas. Con ya casi dos años de sequía, les pasamos el trapo a los salames que viven en sitios donde llueve vuelta y media y se les moja toda la ropa que habían colgado en el tendal. Cáguense, locos.

18) Tenemos el puente más largo del mundo. Es el segundo puente con Corrientes. Fijatte si será largo que hace más de 16 años que hablamos de él y todavía no lo podemos cruzar.

19) Logramos bajar la desocupación sin tener que ocupar gente. El Chaco es, según las cifras oficiales, una de las provincias con menor desempleo, pero es también una de las que tiene mayor cantidad de planes sociales para gente sin trabajo. Empardá ésa, Capital Federal.

20) No somos el granero del mundo, pero sí la parrilla. No hay esquina en la que no haya un tipo vendiendo asado, pollos, faldita, choris o tortas santiagueñas. Y calculamos, por la malaria imperante, que el 90% de eso se exporta. ¡Sufrí, Barack!

 

 

 

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