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Por la escasez de tampones ahora tampoco se consiguen peluches pequeños y medianos

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El desabastecimiento de tampones persiste en farmacias y supermercados, generando la queja de las consumidoras y una consecuencia inesperada: ya prácticamente no se consiguen osos de peluche pequeños y medianos.

"Efectivamente, primero se nos agotaron los tampones y a los pocos días comenzamos a notar una demanda inusual en nuestra góndola de ositos. A los más chiquitos se los llevaron todos, y de los medianos nos quedan dos", comentó a Angaú Noticias el encargado de un local de Farmacity, cadena que vende medicamentos y accesorios de higiene personal, pero también juguetes y golosinas.

"No te dejan otra, porque peor es enchastrarte toda en el trabajo o en la calle. A mí no me da vergüenza decirlo, me salvaron los ositos. Lo que sí, lástima que no los hacen con las patas más chiquitas", dijo Elena, una profesional a la que AN encontró haciendo fila en la caja de la misma farmacia, con diecisiete peluches en el canasto de compras.

 

Un viaje de ida

 

El ginecólogo Mario Alberto Peskem, consultado por AN, dijo que muchas pacientes le hablaron de la escasez de tampones y que varias de ellas le admitieron haber resuelto el problema con peluches guardados en sus domicilios o que adquirieron en medio de la sangrienta situación que atraviesa el país.

"Yo el consejo básico que doy -indicó Peskem- es que antes de utilizar un peluche lo lleven a un taller mecánico o una bicicletería y lo hagan sopletear bien, para eliminar polvo, pelusas y otros elementos. Pero sobre todo polvo, que es el que las puede dejar embarazadas, jio jio jioooooo".

El médico dijo que por la utilización indebida de los ositos como solución alternativa, ya tuvo que atender a una docena de mujeres que sufrieron efectos secundarios no deseados. "Esta mañana, sin ir más lejos -contó-, tuvimos que tironear con mi secretaria las patas de un Teddy que quedó trancado en una paciente que no midió las consecuencias. Y tampoco midió el oso, que tenía una cabeza como de cincuenta centímetros de diámetro. Pobre señora, hacía como cuatro días que estaba así y no se animaba a venir. Al final se decidió porque ya no soportaba más la versión de la canción 'Oh, Susana' que se activaba en el muñeco cada vez que ella hacía un movimiento brusco o se tiraba un pedo".

 

Problemas de fondo

 

Marianella, una joven estudiante de 23 años, dice que lo de los osos se le ocurrió sin que antes hubiera sabido que otras mujeres recurrían a ellos para hacer frente a la "corrida de tampones", como la definió un funcionario nacional. "Estaba escuchando música en la cama, después de ir a la farmacia y no conseguir mis O.B., y de pronto me pongo a mirar la repisa que hay en la pared de enfrente, donde tengo montones de peluches que me fueron regalando las relaciones que tuve. Tengo más en cajones. Eran como 1.070 ositos la última vez que los conté. Y pensar que mi mamá siempre me decía 'siendo tan trola no vas a llegar a nada'. Pero como no soy rencorosa, ayer le llevé una docena a ella".

Débora, mientras observa lentamente algunos estantes de una juguetería del centro, reconoce que está saliendo del paso con los peluches. "Me arrepentí de haberles dicho a mis novios que prefería libros en vez de muñecos. No sabés lo incómodo que es 'El tambor de hojalata', de Günter Grass".

Ernesto, encargado de "El bosquecito de los juegos", comercio situado en la peatonal de Resistencia, confirma que las ventas de peluches se incrementaron entre un 300 y un 400 por ciento. "El problema -dice- es que algunas personas no se ubican, y te preguntan si los pandas sirven para hacer natación. ¡Y yo qué puta sé!"

Si bien ahora los osos más difíciles de conseguir son los pequeños y medianos, los vendedores afirman que también se están reduciendo los stocks de los muñecos más grandes. "Hay chicas que como no se consiguen los de menor tamaño, no tienen otra que adquirir lo que queda. Hace un rato una mina se llevó un osazo de un metro setenta de largo, pero nos pidió que se lo cortáramos por partes. Y después volvió para preguntarnos si no le podíamos vender diez brazos sueltos".

Como los osos están comenzando a desaparecer, la demanda se está orientando hacia otros peluches, como perritos, vacas, gusanos (los que son a pilas y bailan se agotaron de inmediato), monitos y payasos. "Los que casi no salen son los unicornios -anota Ernesto-, salvo ayer, que le vendí uno a una señora que lo llevó pero pidiéndome antes que por favor les redondeara con cinta scotch la punta del cuerno".

 

 

Ampliaremos.

 

 

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Comentarios   

 
+1 #1 Rubén& 22-01-2015 21:50
Los fierreros argentinos de otras épocas eran famosos por practicar “la mecánica del alambrecito”, es decir reemplazar ciertos repuestos de motor con ataduras u objetos no pensados inicialmente para ese fin.
Nuestras mujeres morochas y argentinas, ante la imposibilidad de adaptar alambre para estos menesteres, acaban de inventar "la mecánica del peluchito". Grossas!!!
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