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El ajuste es una actitud: cómo comprar gastando mucho menos

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El aumento en el ritmo de suba de los precios en todos los rubros y la matanza tarifaria en los servicios públicos han complicado seriamente la administración del presupuesto familiar en cada hogar. Sin embargo, solemos ahogarnos en vasos de agua y volvernos incapaces de ver los sencillos caminos que nos permitirían sortear los inconvenientes derivados de esas circunstancias.

"El ajuste es una actitud, un estado psicológico, una percepción subjetiva. Acá lo determinante, lo definitorio, es la posición que asumimos nosotros frente a la estampida de precios: si arrugamos, si nos replegamos como cobardes, o si nos plantamos como adultos responsables a hacerle frente al contexto", plantea Alberto Martínez Seola, un especialista en consumo y marketing que dirige la oenegé Rumbos Alternativos.

La entidad, dedicada a analizar la evolución de consumos domésticos en la Argentina y a brindar capacitaciones familiares y comunitarias, está tachada de ser ultraoficialista, pero Martínez Seola minimiza esa etiqueta. "Si desdramatizar y darles a las cosas un enfoque más enriquecedor es ser oficialista, sí, lo somos", responde cuando se le plantea el tema.

Como sea, él accedió a una extensa entrevista con Angaú Noticias en la que brindó varios consejos sencillos para reducir o directamente eliminar cualquier impacto negativo del proceso inflacionario. Aquí van sus recetas.

 

El que camina encuentra mejores precios. Una viejísima recomendación que Martínez considera totalmente vigente. "Tengo conocidos que se burlaban de esto -cuenta-, pero hace tres días uno de ellos me confesó que caminando y caminando encontró, por ejemplo, una estación de servicio en la que la nafta premium está a $ 6,35 el litro".

Martínez dice que los escépticos de las caminatas "son aquellos que se creen que por haber caminado cuatro cuadras una tarde ya hicieron un gran esfuerzo por hallar precios más convenientes". En ese sentido, recomienda que las recorridas por comercios sean diarias "y no sean breves, sino que comiencen aproximadamente a las siete de la mañana y se extiendan hasta las once de la noche del día siguiente. Se van a sorprender con los resultados".

 

Organizar con otras personas compras mayoristas. Otro recurso añejo pero por lo visto eficaz, que consiste en organizar compras en empresas distribuidoras, en sociedad con familiares o compañeros de trabajo con los cuales luego se reparten las mercaderías, mejorando los precios por cada producto. El titular de Rumbos Alternativos dice que por esta vía "se pueden reducir gastos en un 20 a 30% en artículos de la canasta básica".

"Incluso -agregó- se pueden conseguir mayores beneficios si uno, en lugar de conformarse con juntar dos o tres conocidos, se lo toma más en serio. El ahorro puede ser de un 40 a 50% si las compras se hacen de manera coordinada con otras diez o quince mil familias más".

 

No pague los envases. La publicidad, el marketing y el packaging no han hecho más que cargar sobre las mercaderías costos extras. En el rubro perfumes, por caso, se sabe que los frascos llegan a representar hasta un 75% del valor del producto, es decir mucho más que la propia fragancia que portan.

Por eso Martínez Seola sugiere "pedir en almacenes y supermercados que los productos nos sean entregados sueltos. Es un derecho del consumidor, muy poco difundido. Lleve un bidón y hágase cargar ahí la Coca de tres litros, o vuelque en un tupper llevado a tal fin el kilo de fideos tirabuzón y la yerba (Nota de Redacción: en este caso, recomendamos llevar dos tuppers). O deseche el sobrecito del profiláctico y lléveselo puesto. En la caja sí o sí le tienen que hacer un descuento por el envase no llevado".

 

Hacer valer el efectivo. En un contexto de notoria iliquidez, las ventas al contado son para los comerciantes verdaderos tréboles de cuatro hojas. Pagar con dinero contante y sonante pone al consumidor en una posición de poder que debe ser aprovechada.

Martínez Seola dice que para ello "los temperamentos tímidos o apocados no sirven, y lo que suma (o resta, en realidad) es la determinación y hasta cierta cuota de agresividad bien entendida. Por ejemplo, si uno entra a un supermercado y al llegar a la caja le dicen que todas las mercaderías colocadas en el carrito suman un total de 2.300 pesos, hay que plantarse con mucha actitud ante la cajera y decirle: mirá, tengo 650 mangos cash y es todo lo que pienso pagar por esto. Tómenlo o déjenlo".

Según el especialista, el método tiene una elevadísima tasa de éxitos, aunque algunos integrantes de la Fundación Rumbos Alternativos cuentan en voz baja que la estrategia le costó una aleccionadora golpiza a manos de los guardias de un hipermercado, en marzo pasado.

 

Negociar mejores plazos de pago. Para quienes realizan compras con tarjetas de crédito, en artículos de consumo habitual lo más generoso que se puede conseguir actualmente en materia de financiación son los pagos en seis o doce cuotas sin interés. Martínez dice que en realidad "se pueden obtener plazos más generosos, pero hay que plantearlo".

En Rumbos Alternativos sostienen que hay personas que actualmente logran comprar el kilo pan o un docena de naranjas hasta en 48 cuotas, sin recargos.

 

Pasar a las segundas marcas. Las primeras marcas son también primeras a la hora de subir los precios de sus artículos. Por eso, no dude en castigarlas dejando de incluirlas en su lista de compras. Los casos emblemáticos de las gaseosas y de los pantalones de jean exponen de manera contundente los importantes ahorros que logran obtenerse con esta táctica.

Pero Martínez Seola dice que este recurso está más disponible de lo que uno cree. "Por ejemplo, las automotrices ocultan que tienen segundas marcas con las que los vehículos cuestan muchísimo menos. Renault, por caso, también es dueña de Automóviles Don Cholo, una línea que prácticamente no hace publicidad pero en la que el Cholo Matrakeitor, un sedán cuatro puertas, con aire y dirección asistida, cero kilómetro, sale entre 45.000 y 50.000 pesos. Y peleando sé que te lo dan hasta por 20.000. Doce veces menos que un Clío, y son casi lo mismo", asegura.

 

Volver al uso de genéricos. En la crisis de 2001/2002 se popularizó la compra de medicamentos genéricos, es decir elaborados por laboratorios que no pertenecen a la élite del sector. Según Rumbos Alternativos, "el concepto de los genéricos ya se aplica a un montón de rubros en los que también abaratan costos, pero esto es ocultado por las grandes empresas, que vuelcan una inmensa cantidad de recursos en publicidad para que los medios no hablan del tema".

Martínez Seola dice que, por ejemplo, las carnicerías tienen -y las venden sólo si uno las pide expresamente- milanesas genéricas que están a 12 pesos el kilo, y asado genérico a 22. También hay televisores genéricos (un smart de 42 pulgadas se consigue por 1.800 pesos), líneas aéreas genéricas (un vuelo Buenos Aires-Madrid se obtiene por menos de 900 pesos, y sólo tiene en contra que en vez de asientos el avión lleva silletas plegables de madera y el servicio de comida es un pollo hervido por cada tres pasajeros) y hasta espectáculos genéricos (la entrada para ver a Lali Espósito, que es un genérico de Jennifer López, sale un 40% de lo que cuesta asistir a un show de J.L.).

 

Ampliaremos.

 

 

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