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Los muertos que vosotros matáis

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Sucede, a veces, que nos gusta suponerle a Dios- si existe- un cacho de conciencia y sensibilidad semejantes a la nuestra, infinitamente mayor, ya que para eso  es Dios, pero similar. ¿Acaso no nos hizo a imagen y semejanza suya?

Entonces, cuando la vida, cada vez con más saña, nos aplasta la ñata, no contra el ventanal bucólico del tango sino contra los filosos vidrios astillados de las  más punzantes injusticias y crímenes cometidos contra el ser humano, sucede también que queremos imaginarle a Dios una ira y un dolor imponentes y abrumadores, temibles; mucho más intensos que los que parte en cuatro nuestra pobre costra de barro y miseria, ante el despilfarro infame de vida que hacemos los humanos y, para colmo, en su nombre.

Y seguimos imaginando tan formidables su ira y su dolor, que también queremos creer que necesariamente alguien – los que invocan sus preceptos- deberá responder ante él.

Por ejemplo los que eligen a rajatabla poner trabas a la anticoncepción en cualquiera de sus formas, los que se oponen a la despenalización del aborto, los que se niegan sistemáticamente a que se capacite a los docentes para impartir educación sexual en las escuelas, aduciendo que es un tema estrictamente familiar y privado, cuando hay millares de hombres y mujeres que apenas saben cómo han nacido sus hijos.

Porque esos, justamente esos “que eligen a rajatabla” en su nombre, que hacen una lectura simplista y burda del “creced y multiplicaos” y una defensa más simplista y burda aún de lo que llaman vida; esos, esos justamente son los responsables de miles y miles de mujeres y jovencitas desangradas en mesas de abortos clandestinos, o en partos que hacen estallar – literalmente- sus cuerpos agotados de parir y parir hijos tras hijos. Y son esos, justamente, también quienes condenan a morir en las vísperas a miles y miles de niños huérfanos, abandonados y hambrientos que reptan por el mundo como si fuesen viles gusanos.

Y los condenan  sin que sus tranquilas conciencias se inquieten, total, han defendido la vida, y “esos” que reptan por ahí respiran gracias a ellos, y gracias a su omnipotencia son seres humanos igualitos a los niños bien alimentados y arropados,  a pesar de la brutal condición en la que subsisten, porque tienen un alma inmortal, aunque no se la vea.

Y aunque no quieran ver que hasta los han despojado del alma, que se las han asesinado.

Esta semana, en el pasillo de no importa que clínica, vi morir a Lizi, una joven, una entre millares de  “Lizis” que mueren a diario.

Huérfana desde niña, sólo pudo aprender lo que su instinto le indicaba. El del hambre apenas satisfecho y el de “dejarse hacer un hijo tras otro”. Como los animales, con la enorme diferencia de que los cachorros sobreviven y se autoabastecen desde los pocos días de vida y que, si mueren, a nadie le importa “porque no tienen alma”.

Y “dejándose hacer un hijo tras otro”, las Lizis de la exclusión y la miseria, a quienes nadie mira, también fueron- entre parto y parto- carne de cañón en sucias mesas de abortos clandestinos o “caseros” (Si señores, aunque los horrorice hipócritamente, el perejil y las agujas todavía siguen siendo un método de anticoncepción a pocas cuadras de sus casas, despachos o iglesias confortables)

Hasta que finalmente, en ese largo camino de mutilaciones,  sus cuerpos envejecidos y maltratados, sus almas mustias y cansadas, dicen “no va más”; y en la timba de la vida, algunas la pierden  en un hospital que tampoco pudo hacer nada, o simplemente se les va  en las tristes sábanas de sus colchones de miserias.
Y allí quedan, cinco, seis, ocho hijos de todas las edades, a la deriva de un mismo destino que ya los condenó, desde los “defensores de la vida”, a repetir la misma tragedia una y otra vez.

Una decisión dramática

¿Hace falta repetir que nadie desea el aborto? Nadie, mucho menos las mujeres, las adolescentes, las niñas, las que ponen su cuerpo para que les sea desgarrado aquello que su instinto les grita como única y extraordinaria pertenencia.

Ellas, las que se someten a un aborto, hasta las más ignorantes, oscuramente sienten de qué modo también se les desgarra el alma, se les parte la conciencia, las perturba la culpa y el terror.

Nadie como las mujeres lo saben.

Aún aquellas que han podido acceder a un aborto en una clínica privada, con todos los cuidados y el dinero necesario de por medio, saben de la “impagable deuda interna” que han contraído con sus cuerpos y sus almas.

¿Pero qué de las mujeres que mueren después de haber intentado detener la gestación con pastillas, remedios caseros, objetos punzantes?

¿De ellas tan sólo queda el lacónico parte médico: “La víctima presentaba un aborto incompleto con avanzado cuadro de infección”, y la tramposa crónica policial?

Y la condena, la maldita condena, por supuesto. Social, religiosa, judicial.

¿Quiénes son los que matan violando el ancestral mandamiento que dice “no matar”? ¿Las mujeres y los hombres sensibles hartos hasta la náusea de tanta carnicería feroz e inhumana?

¿O las matan quienes dicen hipócritamente defender la vida? ¿Defienden  la vida o disfrazan sus oscuras conciencias?

 ¿Y la vida de quien defienden? ¿La de las mujeres brutalmente muertas? ¿La de los hijos que ellas dejan a la deriva y de las que ellos, los defensores de la vida, no se hacen cargo?

El tema del aborto, de la anticoncepción, del derecho de la mujer a la auténtica defensa de “su” vida y la de “sus” hijos, seguramente merece un análisis y un debate desde otras perspectivas y reflexiones mucho más serias y profundas.

Pero esta columna sólo quería descargar la furia y el dolor por todas las Lizis y todos los hijos.

Y dejar dicho, muy claramente, que aquellos que hoy dicen defender la vida desde sus posturas -  ideales algunas, hipócritas otras -; esos que lo hacen en nombre de “la sagrada vida que sólo Dios da o Dios quita”, deberán responder a su dios  por qué se erigieron ellos en siniestros Pilatos que, desde sus existencias plácidas y acomodadas,  condenan a morir a las mujeres y los niños maniatados y amordazados en esta suerte de silla eléctrica implacable de la miseria, la ignorancia, la exclusión y la indiferencia.

Mila Dosso

 

 

Comentarios   

 
0 #9 jb 15-05-2009 08:27
fui bautizado catolico y practique la religion con total Fe. Me apasionaba la vida deJesus. Entonces indagando sobre Jesus fui descubriendo que el tipo no trajo religion alguna, sino mas bien una doctrina. Fui decubriendo que la catolica es la religion hecha sobre la religion mas popular del imperio romano, el culto a Mitra, y segui descubriendo que la catolica es lo mas contrario a jesus y los profetas. Indague las dos lineas que atraviesan la Biblia: la profetica y la sacerdotal. La sacerdotal se vincula con los reyes y el poder. y bueno, asi leyendo y mirando perdi la Fe, hoy no creo en Dios ni en ningun ser.
Pero todos tenemos derecho a opinar, y yo de la catolica conozco bastante (en mi juventud era un "chupacirios" fervoroso creyente)
Lo que quise plantear es que el Estado debe ser prescindente de la religión. Digo la Iglesia Católica porque es la que más mete su chchara. Pero tampoco aceptaría que otro culto se metiera.
El tema sexual es un tema de salud.
Para mi el aborto no es un asesinato.
En España se permite el aborto en tres casos:
1-violacion
2-mal formacion grave del feto
3-riesgo de vida de la madre.
En esos casos los jueces permiten el aborto, siempre y cuando la involucrada lo solicite.
Agregaria que tambien seria el caso de menores violadas y descapacitadas.
Y por supuesto poner el acento en la PREVENCION.
Y en esto es donde hay que dar la mayor batalla aunque sin dejar de lado la despenalización .
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0 #8 FkM 15-05-2009 08:26
Hola Cristian,

leyendo tu comentario note un error en el mío, y es que no mencioné que estaba contestandole a JB, si lees su comentario y luego el mío quizás comprendas por qué lo desarrollé de ese modo e hice las observaciones que hice.

Aclaro:

-- No era ni es mi inteción impugnar o desacreditar el artículo en cuestión, es un excelente material de Mila --

El artículo en si me parece muy interesante comparto el objetivo que tiene el mismo y la necesidad de generar conciencia sobre el tema.

Con respectos a los planteos yo si creo que hay una diferencia muy grande entre opinar y afirmar.

JB hizo llegó a una conclusión muy errada por desconocer la verdad un hacer un uso parcial de ella:

Incluso San Pablo decia (segun la iglesia) "si yo no tengo amor yo nada soy"
Y de los amores, el amor a una mujer es el placer más grande.
Y si la iglesia prohíbe eso, está mutilando a la persona.

Decir eso es desconocer la realidad y hacer una firmación sin fundamentos. Opinar podemos todos, sino nadie podría postear jeje, y no es esa la idea. Pero de ahí a que yo haga afirmaciones o dé explicaciones erroneas si hay una gran diferencia.

Yo puedo opinar sobre el voto de castidad que hacen los clérigos católicos, pero si además de mi opinion voy a fundamentarla citando fuentes o pautas históricas, ya si tengo que ser coherente y no faltar a la verdad (sea por omision, desconocimiento o adrede), por ejemplo vos fundamentaste tu segundo punto basado en pautas históricas ciertas.

Con respecto al tercer punto que planteas, estoy de acuerdo con vos, pero remarco, la iglesia son personas, si las personas le dan vuelta la cara a la iglesia esta perderá su poder o influencia, te cito el siguiente ejemplo,

El día que el 75% de los argentinos digamos basta, no queremos financiar más a la iglesia y estos argentinos voten un presidente y un parlamento que acompagne estas reformas, llegará el día en que el estado dejará de sostener a la iglesia y esta perderá su influencia, pero esto tiene que ir acompagnado de una desición individual y social.

Aclaro que solo estoy citando un ejemplo, no quiero generar una discusión acerca de si la Iglesia Católica (o cualquier otra) es "buena o mala".

Gracias por el comentario.

Saludos
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0 #7 Cristian 14-05-2009 04:25
FkM, sos valiente y respetuoso, aunque no comparto algunas cosas que decís. Te aclaro que sobre el texto de Mila también tengo acuerdos y desacuerdos, pero más de los primeros. Si pudiera quedar embarazado, aunque a esta edad ya no creo, me sentiría más capacitado para hablar de maternidad en un sentido amplio, y a discriminar entre la persona como bien jurídico y la familia como célula fundamental de la sociedad...

Entiendo bien la “inhabilitación ” que planteás (prefiero “inhibición”, que suena menos impugnatorio) para hablar de ciertas cosas si uno está acá o acullá, pero no la comparto por tres razones.

La primera es cortita como patada de chancho: en vez de llamarse a silencio cuando “el tornado arrasó a su ciudad y a su jardín primitivo”, Mila prefirió pegar unos cuantos gritos lúcidos. Reconozcámosle entonces también a ella la valentía y la pasión.

La segunda es más larga y espero ser claro. Tiene que ver con la fe y la moral. El siglo XV es considerado el fin de la Edad Media. Se invocan muchos factores concurrentes para afirmar tal cosa, como las Cruzadas, el descubrimiento- conquista de América, el antecedente del Renacimiento Carolingio en el progreso de las “artes” de las que surgirían las ciencias a través de las universidades, las escuelas palatinas y monacales, etc. Algunos cálculos astronómicos contribuyeron a que el hombre de entonces (el europeo, of course) se sintiera desamparado, menesteroso: la Tierra había sido desplazada del centro del universo y con ella Dios y sus “creaturas”, como les gusta decir a algunos pitufos, digo filósofos.

En ese proceso el dogma cristiano pasó por un montón de zozobras, escindiéndose paulatinamente de las ciencias y de la filosofía, de tal forma que de intentar explicar racionalmente la existencia de Dios –como quisieron unos cuantos célebres teólogos– pasó a aceptar de mala gana que su campo eran las cuestiones de la fe, mientras que las ciencias se reservaban la potestad del fenómeno. O sea, diríamos hoy: al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios.

Pero justo esta frase bíblica, que los fariseos espetaron a Jesús para ver cómo se declaraba ante la institución del tributo al Imperio, tiene un significado bien distinto de la parcelación divergente e inconciliable que hemos querido ver. Como dice Don Fernando Sebastián, obispo de Pamplona, “con esta respuesta Jesús nos da el fundamento para tener una mentalidad religiosa y cristiana de la vida entera”, o sea: se puede ser cristiano a full sin perjuicio de pagar los impuestos, de tener existencia civil.

Así, desde el punto de vista filosófico-teol ógico la Iglesia no se impugna a sí misma para opinar y regir sobre todas las cuestiones de la vida (me guardo para más adelante el por qué ulterior de no condenar el tributo al César), aunque esa pretensión haya tenido que moderarla en algunas ocasiones, y entonces no es correcto pretender que el resto del mundo sí deba ser cuidadoso cuando habla de la Iglesia. Y no me refiero a debatir sobre los milagros de Cristo, sino a los juicios que ésta emite sobre cualquier cosa que esté a su alcance, pertenezca o no al mundo de la fe. Ejemplos hay de sobra.

La Iglesia podrá juzgar teológicamente, con la legitimidad que le confieren sus acólitos y con la autoridad que le transfiere Dios, que el aborto es un pecado, así como la Justicia del hombre podrá juzgar penalmente la pedofilia de algunos curas con la autoridad que le otorga la Constitución, pero ni la Iglesia ni la Justicia pueden imponer sus respectivas morales en el terreno más “sagrado” que tenemos, que es nuestra condición de personas: en esa interioridad está el templo, en esa interioridad decidimos porque somos. Y con alguna flexibilidad que se agradece, la Justicia del hombre está empezando a entender, desde su campo, que el bien jurídico más preciado no es la familia (no porque no sea importante sino porque no es, como se pensaba, una célula) sino la persona.

Fijate que no hablé de “autoridad moral” (argumentum ad hominem), aunque con la materia prima que hay desde la Inquisición hasta los campos de concentración del nazismo y la última dictadura de nuestro país, podría hacer un guiso de obispos. Lo único que digo es que la Iglesia está “habilitada” para opinar sobre cuestiones más allá del campo de la fe, y Mila está “habilitada” a opinar sobre la Iglesia. Más luego uno podrá estar o no de acuerdo.

Tercera cuestión; trataré de ser breve. La Iglesia es una institución, y como tal es un actor social, o actriz, no sé. Acá ya no estamos hablando del “contenido” sino de la “función”. Así como los medios de comunicación no pueden abstraerse del rol que les compete en la sociedad, la Iglesia tampoco.

El otro día leí un artículo muy interesante del cura Lestani en “Norte”. Me pareció ameno e inteligente. El vicario hablaba del casamiento de los sacerdotes, del voto de castidad y de la falta de recursos para la actividad pastoral. Sin quejarse, desnudaba la actividad de la institución de la cual forma parte, que para la mayoría de nosotros suele estar envuelta en un halo de misterio. Y justo por “humanizarla”, es que hacía inteligible su “función”.

La Iglesia siempre tuvo un papel fundamental en las políticas de los estados imperiales, semi imperiales, feudales y republicanos, hasta la actualidad. Batallas, guerras y cruzadas se llevaron a cabo en nombre de Dios (mentado por la Iglesia); el descubrimiento de América, con todo lo que eso implica, estuvo signado por la necesidad de “catequizar” al mundo: “conquistarlo” por las armas que la Iglesia bendecía, aniquilar toda resistencia, expropiarlo y fundar un templo sobre esas ruinas. Sin la Iglesia se hubieran perdido más batallas que ganado.

Entonces no podemos permitirnos la ingenuidad de pensar que la Iglesia no tiene intereses reales, materiales, más allá de que los curas ganen ochocientos pesos. Y a la luz de toda una historia de afinidad con la institución castrense, tampoco podemos pensar que no está dispuesta a hacerlo a como de lugar con tal de preservarse. Ergo, la condena de la Iglesia, la condena bíblica, el juicio de un “soldado de Cristo” acerca de la validez o no de determinadas elecciones personales, equivale a la amenaza de muerte, a la aniquilación del que se opone a los designios de Dios, aunque más no sea como una apelación inveterada, inconsciente, “simbólica”.

Hay cristianos que rezan con alegría y aman al prójimo, y hay homicidas que matan rezando con la aquiescencia del Vaticano.

Lo que trato de decir es que la Iglesia, en verdad, no admite el disenso: los primeros tres mandamientos, que podrían sintetizarse en uno solo, hablan por sí mismos. Y en el fondo, cuando vos impugnás la opinión de Mila por “no pertenecer”, estás poniendo en juego todos estos ingentes mecanismos del Poder.
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0 #6 Silvia 13-05-2009 17:24
Hola a todos: pregunto: cómo es q llegamos a esto? la iglesia se olvidó de sus feligreses más necesitados...
Y hago una pregunta más: cómo es que nuestras adolescentes están más preocupadas por no quedar embarazadas que por contraer alguna enfermedad que te obsequia pasaje de ida y no de vuelta?
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0 #5 Gustavo B 13-05-2009 09:28
Mila:

Me dejaste sin palabras. Son las mismas que yo hubiera usado muy torpemente y que vos utilizaste con una maestría envidiable.

Un gran abrazo y que estés bien.

Gustavo B

P.D.: Viste que ibas a volver con más polenta que antes de tu excursión a Marte?
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0 #4 FkM 13-05-2009 05:16
Comparto algunas cosas con vos, sin embargo me parece que no marcas o deconoces algunas diferencias muy importantes, es decir DIOS no es LA IGLESIA ni UNA RELIGION. Y por otro lado mezclas el sentimiento AMOR con la práctica del SEXO.

Yo amo a mucha gente con la cual no tendría sexo.

Desconozco tu inclinación espiritual pero es claro que no eres cristiano (en cualquiera de sus ramas: Catolica - Evangélica u Ortodoxa), lo cual no te hace ni mejor ni peor, pero si creo que te inhabilita para hacer algunas comentarios. Ocurriría lo mismo si yo me puesiera a hablar de hinduísmo o budismo.

En ese contexto hacés una deducción un tanto infantil:

Apostol Pablo: "si yo no tengo amor yo nada soy"
---lo cual es muy cierto, San Pablo también dijo "todo me es lícito, pero no todo me conviene" lo cuál habilitaría a que una persona haga lo que quiera----

el amor a una mujer es el placer más grande.
---será según vos, AMOR es una cosa, PLACER otra, a mí, pocas cosas me producen más placer que una pizza y una cerbeza bien helada---

Y si la iglesia prohíbe eso, está mutilando a la persona.
---a que te referís con "eso" al amor a una mujer? la iglesia Católica no te prohibe eso, en todo caso la Iglesia te podría prohibir tener sexo fuera del matrimonio, ya sea sin estar casado o estando casado teniendo sexo con otra persona. Sin embargo la verdad es que Dios considera eso pecado. Para auqellos que creen en Dios mentir, matar, tener sexo fuera del matrimonio, odiar, etc son pecados, es decir son formas de ofender a Dios, prácticas que a Dios no le gustan, sin embargo si cometes pecados Dios te perdona. De ninguna manera Dios prohibe o condena el SEXO, simplemente aconseja en que ámbito utilizarlo: "El matrimonio", hay un libro en la Biblia que se llama Cantar de los Cantares, te sorprenderías de como se habla de sexo en ese libro.

Para aclarar:
una deducción más logica que la tuya sería:
Jesús: todos los mandamientos se resumen en 2:
Ama a Dios y ama a tu prójimo
En ese contexto habla San Pablo de "si yo no tengo amor yo nada soy".....

Y esto vale para aclarar que Dios no acepta el pecado, pero si al pecador, cosa que la Iglesia Católica no sabe diferenciar.
Aclarado esto,
La "Iglesia Católica Apostólica Romana" tiene el derecho y hace uso de ello de imponer reglas a quienes quieran formar parte de su membresía (reglas que en algunos casos yo no acepto, motivo por el cuál no soy católico), y ese contexto, lo del colegio de Entre Ríos no es necesariamente malo ni bueno, habría que ver si el hecho de traer un preservativo rompía con las reglas del colegio, situación que no me consta, pero de ser así es correcto que el colegio haya aplicado una sanción (seguramente excesiva en caso que por ese motivo lo hayan expulsado). O sea, estamos hablando de un Colegio privado donde los alumnos pagan por formar parte de él y por consiguiente deben sujetarse a ciertas reglas y tienen ciertos derechos, en caso de no estar de acuerdo, los alumnos pueden ir a un colegio público o buscar otra institución privada.

Con respecto a lo que decís de Lestani, no entiendo que te molesta , al fin y al cabo son reglas de la Igleisa Católica (ni si quiera de Dios, sino solo de la Iglesia). Y volves a mezclar AMOR con SEXO. En ningún momento se canjea el amor a una persona por el amor a Dios, por el contrario se complementan. En todo caso tener sexo fuera del matrimonio es pecado, pero solo es pecado para quienes creen en Dios, o en última instancia para quienes forman parte de alguna entidad religiosa que no comparta esa práctica. Si dos personas ateas deciden tener sexo no hay pecado, pues ellos no creen que Dios exita, por lo tanto en su concepción está bien.

Si comparto con vos la idea de que la Iglesia Católica predica un Dios de premios y castigos, donde tengo que hacer cosas buenas para compensar las cosas malas, lo cual es una gran falacia, cualquier persona que haya leído la Biblia lo sabe, sin embargo el católico promedio casi no lee la Biblia por iniciativa propia, preferen que le cuenten de que se trata, pues claro, es más cómodo.

Con respecto al resto de lo que publicaste estoy casi totalmente de acuerdo con vos.

Sin embargo hay algo que nadie nombra y es que la Iglesia Católica tiene "poder" porque tiene un gran número de feligreses hipócritas (solo el 35% de los argentinos se considera catolico segun las encuestas, sin embrago el 95% practica "ritos" Catolicos, llamese Bautismo, Comunio, Casamiento, Sepultura). Y es ahi donde está el punto de la cuestión, o se es Católico, o no se es, o se es Evangélico o no se es, o se es Budista o no se es.

Y eso va hasta tal extremo en que parejas homosexuales dicen que la Iglesia Católica los discrimina porque no permiten casamientos homosexuales. Eso si que és el colmo, es como si yo me sintiera discriminado porque no me dejan casar en una Sinagoga o en una Mezquita. Lo cual está bien, si yo no soy judío (ni por ascendencia, ni por seguir sus prácticas religiosas) es claro que no puedo hacer uso de sus Sinagogas solo cuando me conviene, o que pueda cambiar sus creencias o prácticas a mi gusto. Pero eso no es porque me discriminan, sino porque no soy parte de su "grupo social", al fin y al cabo las religiones son "grupos sociales" creados por el hombre, con derechos y deberes para sus miembros.

A nadie se le obliga a ser Cátolico, si la gran mayoría se sincerara y dijera yo no soy Católico, y dejara de asistir a la Iglesia Católica esta dejaría de tener poder e influencia (tal es el caso que se da en Francia por ejemplo), pero esto es una responsabilidad de cada uno como individuo, y de eso no tienen la culpa nadie más que el individuo mismo y la sociedad que conforma con otros individuos.

Para finalizar ,refiriéndome al artículo y dejando mi opinión:

1- No estoy de acuerdo con la despenalización del aborto porque considero que el aborto tanto en una clínica como en una casa es un asesinato. Solo estoy de acuerdo en los mismo casos especiales que lo autorizan las leyes actuales.
La despenalización del mismo no va a cambiar nada es solo la solución simplista para evitar el trabajo de la prevención.

2-Si estoy a favor de la enseñanza sexual en los establecimiento s educativos públicos y privados. (debería ser obligatoria, luego cada instituto privado podrá decidir como hacerlo, pero no puede omitirlo)

3-Si estoy a favor de el acceso gratuito a los metodos anticonceptivos , deberían ser financiados por el estado y estar al alcance de todos. Aunque comprato y practico el punto de vista de Dios acerca de la abstinencia sexual hasta el matrimonio, me parece retrógrado y asesino que la Iglesia Católica este en contra por ejemplo de que se repartan preservativos, cuando un preservativo puede ademas de evitar un embarazo prevenir el contagio de enfermedades que pueden ser mortales. Cada cual es libre de escoger que hacer con su vida y su sexualidad, y si dos personas quieren tener sexo sin fines reproductivos tienen que usar anticonceptivos y ellos deben ser de acceso gratuito.

Estoy plenamente convencido que si los puntos 2 y 3 que nombré se respetaran se reduciría notablemente el número de abortos y junto con ellos la perdida de vidas por esta práctica, que al fín y al cabo es lo más importante.

Saludos
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0 #3 jb 12-05-2009 05:40
Así es.
Un tema muy humano como la sexualidad es tomado por gran parte de la sociedad y muchos de nuestros dirigentes, como algo no perteneciente a la órbita civil sino a la religiosa.
Y ahí sonamos porque se mete la iglesia y aliados y empiezan con el asuntito del derecho a la vida, bla, bla.
Es tan jodida esa intromisión de la iglesia en nuestras vidas, en nuestras conciencias que inmoviliza cualquier intento de progreso.
Sin ir más lejos, hace poco (creo que en Entre Ríos) de un colegio confesional echaron a un pibe ¡por tener un forro en el bolsillo! lo acusaron al pibe de inmoral.
Y hace unos días el cura Lestani en un diario se extendía sobre celibato, castidad y virginidad, todas virtudes porque de última se canjeaba el amor a una persona por el "amor a Dios".
Eso es un eufemismo que en realidad es mutilar a la persona.
Incluso San Pablo decia (segun la iglesia) "si yo no tengo amor yo nada soy"
Y de los amores, el amor a una mujer es el placer más grande.
Y si la iglesia prohíbe eso, está mutilando a la persona.
Es un sacrificio que la iglesia exige.
Vemos entonces que la iglesia predica un dios jodido que quiere sacrificios de sus seguidores, un jodido que quiere castrados, deshumanizados.
Y por eso es que es una institución que predica en contra del placer humano, en contra de la esencia del hombre; no se mosquea si a una niña-adolescent e la hacen madre.
Que le va importar.
La iglesia trabaja con la culpa
Y como misógena por excelencia, para la mentalidad eclesiástica, la chica-madre será la pecadora y por lo tanto merecedora del castigo.
Y tampoco es buena madre la iglesia porque no perdona, lo que ella llama perdón es eso que dispensa a aquellos que abjuran de sí mismos y se arrastran a los pies sacrosantos de los eclesiásticos, desdignificados y asustados como perros, y así y solo así con esa condición servil de aceptar todo sin cuestionar nada, es que la iglesia da su "perdón"

Aviso: este último mecanismo por supuesto no es para los Von Wernich, ni los Plaza, ni los Videla, ni los Astiz, ni las Pando; no, eso no, matar "terroristas" o colaborar con asesinos, es lícito para la iglesia, como lo fue liquidar a los Cátaros o quemar mujeres acusándolas de bruja con el curioso juicio sumario: "niegas tu brujería? entonces eres bruja, ¡a la hoguera!" o "confesaste tú misma que eres bruja, la hoguera te purificará!"

Con ese bajage cultural de fuerte impronta conservadora católica no se puede regir la salud pública.
Con semejante mentalidad no se puede encarar la educación sexual
Con esos esquemas inquisitorios es imposible debatir sobre libertad sexual, igualdad de género, derechos de la heterosexualida d y la homosexualidad, prevención de embarazos no deseados, profilaxis y despenalización del aborto.
La intromisión de la iglesia en el estado es un lastre que ya a estas alturas se parece a un pescado nauseabundo que llevamos sobre el hombro y no nos animamos a tirarlo.
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0 #2 yo 11-05-2009 13:42
totalmente de acuerdo, esta todo friamente calculado como dice el chapulin colorado, carne de cañon tambien para los futuros medicos y tambien sus bebes
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0 #1 Sol&Dario 11-05-2009 03:45
Conmovedor esta nota de Mila Dosso y tan real y cotidiana que merece la atención de aquellos que pueden hacer algo. Por este tipo de alegatos, bien vale la pena este portal. Felicitaciones por la valentía y por poner la cosas en su lugar
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