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Impactante: Aída Ayala celebró el "Día del Niño del Bicentenario" y AN descubrió que es un pavoroso proyecto municipal de manipulación genética

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Cuando la intendenta de todos los resistencianos, Aída Beatriz Máxima Ayala, anunció la celebración del "Día del Niño del Bicentenario", un escalofrío nos recorrió la espalda, jugueteó por partes pudendas y no pudendas, y se escapó por el tobillo derecho. Nos sonó a "Hombre del Futuro", "Humanoides Beta Del Siglo 23" o "Engendro Cyberborg Para La Industria Del Alma 2710".

 

Tan pronto 17 de nuestros periodistas fueron comisionados a ocuparse del tema y descubir en qué punto de la ciudad se encuentra el laboratorio que viene trabajando en el asunto, tres hombres de negro se hicieron presentes en nuestra redacción y ofrecieron una pauta publicitaria del municipio a cambio de que desistiéramos de avanzar en esas averiguaciones.

La negativa del Directorio del Grupo Angaú a aceptar el soborno encubierto (por tres avisos de 11 pesos cada uno ni nos sentamos a hablar, arriba de un cien podemos llegar a atender el teléfono), hizo que a partir de allí se produjeran sugestivos incidentes que parecían tener un claro fin intimidatorio.

Ese mismo día, al salir del edificio de AN, los 35 integrantes del Consejo de Redacción se encontraron con todos los neumáticos de sus vehículos tajeados, y sobre los techos de los autos, sendos corderos decapitados con un cartel clavado en los pechos que decía "El silencio es salud". ¿Simple casualidad o un mensaje subliminal?

Inclinándonos por la primera opción, el Grupo AN desistió de cualquier denuncia pública o judicial sobre el episodio. Sin embargo, el viernes la realidad de los hechos se desplomó con brutalidad sobre nuestras cabezas. Un voluminoso sujeto se hizo presente en la sede de este portal, diciendo ser un simple transeúnte que pasaba por la zona y se encontraba de repente urgido de acceder a un inodoro.

Convencidos de que los medios cumplimos una importante función social, se autorizó al individuo a acceder a los baños de la redacción. A los 17 minutos, el extraño se retiró con pasó rápido, lanzando un agradecimiento al paso antes de desaparecer por la puerta de salida. Los primeros periodistas en dirigirse a los sanitarios se encontraron con una verdadera trampa, tan letal como invisible, que no tardó en contaminar los doce pisos, obligando a la evacuación del edificio.

Personal de bomberos, tras siete horas de lucha encarnizada, logró hacer correr el agua del inodoro que había sido utilizado por el supuesto simple transeúnte. Mediante las cámaras de seguridad pudo saberse que se trataba de Rogelio Viñeta Gómez, un empleado del bloque de la Alianza en el Concejo Municipal, conocido en ese ámbito como "Cherno", como diminutivo de Chernobyl. El sujeto, de 43 años y 137 kilos, es buscado ahora intensamente por la Policía Federal en aplicación de la Ley de Defensa de la Democracia.

La Matrix municipal

En la inquietante historia que comenzábamos a vivir, faltaba, sin embargo, lo más estremecedor. Ayer, al acudir a la celebración del denominado "Día del Niño del Bicentenario", en la Plaza 25 de Mayo, nos cayeron todas las fichas.

Caminábamos entre la multitud buscando, a ciegas, algo que nos permitiera encontrar una punta investigativa.

Era difícil, unas 70.000 personas rodeaban el palco, atontadas con el fascinante espectáculo de Aída Ayala bailando sobre el escenario al ritmo del conjunto tropical "Los líderes", que integran Angel Rozas, Jorge Capitanich, Ramón Saadi y Alfredo Stroessner (nieto). Un impresionante despliegue de fasto y buen gusto que tuvo su remate con el sorteo de ¡tres! bicicletas. Es decir, una inversión de recursos genuinos superior a los 700 pesos para agasajar a los niños que asistieron a la plaza para bicentenerizarse.

Fue en ese momento en el que una luz de alerta se nos encendió. Cada niño que subía para recibir un beso de Aída Máxima y su premio, era luego llevado detrás del escenario, sin que se lo viera aparecer de nuevo. Nos movimos trabajosamente, empujando autómatas aquí y allá, hasta llegar a la penumbrosa retaguardia del espectáculo. Azorados, vimos que los niños eran llevados por el concejal José Barbetti hasta una suerte de gran tubo de vidrio que, en posición vertical, permitía el ingreso del purrete y luego descendía bajo tierra como si fuera un elevador mágico, que no emitía sonido alguno y donde latía una luz de a ratos azulada, de a ratos verdosa.

Cuando Barbetti volvió al escenario a buscar el siguiente niño, el tubo volvió vacío a la superficie. Sin pensarlo más que dos segundos, nos metimos en él y descendimos. Lo que se abrió a nuestros ojos nos aceleró heló el alma.

Podríamos haber tomado cientos de fotos con nuestro celular, pero teníamos la memoria llena y vaciarla hubiera significado eliminar todas las fotos que le tomamos al culo de Claudia Albertario la última vez que visitó Resistencia para un desfile poronga en el centro. Apenas nos alcanzó para captar la imagen del bebé que ilustra este artículo.

Lo que vimos bajo la plaza fue un gigantesco panal horizontal, calculamos que de no menos de 50 hectáreas, con miles de celdas traslúcidas. Dentro de cada una, bebés, niños y algunos adultos, en posición fetal, conectados a una estructura central con lo que parecía ser un cordón umbilical. Luego supimos que eran innumerables cables de diámetros infinitesimales, que tomaban energía de las terminales nerviosas de esos humanos. Todo confluía en un gigantesco generador de forma circular, que giraba pesadamente.

El aire olía a fundición, a aquel aroma del colegio Industrial, en el taller, cuando el plomo o el estaño se derretían. Pero lo más estremecedor eran los incontables ronroneos superpuestos que provenían de los seres guardados en las celdas, soñando sus sueños inútiles. Habíamos descubierto la Matrix municipal.

Tranquilo, lector, falta poco

De repente, todo nos cerraba. La transformación de Ayala en los últimos años, el silencio de todos los medios sobre el tema, los atentados contra AN cuando publicamos la relación entre Aída y la Matrix, las gafas oscuras de la intendenta al inaugurar el período de sesiones de los concejales, la siniestra sonrisa de Barbetti en las reuniones del Concejo, y la desaparición de Urbanito, al que ahora veíamos en una celda lateral, con un caño metido en el culo para alimentar un televisor de 14 pulgadas en el que se veía el programa de Jorge Rial.

"Jeje, le dije a la ingeniera que algún día los tendríamos acá". La sonrisa y la voz metálica nos paralizaron. Al girar, un hombre semicalvo, de unos 55 años, delgado y alto, nos miraba con las manos en los bolsillos de su delantal blanco y un brillo imposible de traducir en los ojos. "Tranquilos, no pasa nada, vengan", invitó con un gesto, sin esperar a que respondiéramos. Encaró por una pasarela metálica, similar a la del paseo en torno a las Cataratas del Iguazú, bajo la cual podían verse las celdas cubiertas de un tenue vapor anaranjado.

El hombre nos entregó dos tazas de café, y no esperó ninguna pregunta para hablar. "Sí, es la Matrix municipal. Fuimos manoteando recursos de distintas obras para poder encararla, no me digan que se creyeron que la peatonal costó 14 millones jeje". Bebió un sorbo de su propia taza, y por primera vez nos miró con cierto interés, o con algo de decepción. "Pensé que iban a decir algo ya a esta altura", nos forreó.

"Obviamente no les voy a decir mi nombre -siguió-, pero tampoco me preocuparía que lo supieran. Al fin de cuentas, ¿quién les creería todo esto? Ya sé que se preguntan para qué estamos con todo esto. Es el proyecto de El Niño del Bicentenario, claro. Estamos manipulando el genoma del resistenciano, queremos encontrar el patrón genético que hace que les guste tanto tener gobiernos de mierda. Una vez que lo hallemos, podremos multiplicarlo, reforzarlo, volverlo absolutamente dominante. ¿Se imaginan? Toda una ciudad de perfectos pelotudos, felices de que se los culee a diario, eufóricos de tener un sorete en sus platos, agradecidos de que los medios estén manejados por delincuentes, convencidos de que la justicia debe ser sí o sí una puta del poder, celebrantes del botox secreto, universal y obligatorio".

Como advirtiendo que se había dejado llevar por sus impulsos emotivos, corrigió el gesto, borró la sonrisa, dejó la taza sobre una baranda, dio una señal a dos hombres con trajes blancos y escafandras, y el generador comenzó a circular con una velocidad algo mayor. "Con eso, ya que estamos, alimentamos el transmisor de FM La Pauta", comentó. Como para dejar constancia de su desacuerdo, agregó: "Orden de la jefa; originalmente la idea era darle un fin más científico".

"El Niño de Bicentenario... sí, estamos cerca...", suspiró, otra vez extasiado. A nuestra derecha, en una incubadora, vimos al bebé de la foto, con una sonrisa que estamos seguros de haber visto en otro lado antes.  Nuestro anfitrión, mientras tanto, se había abstraído en el horizonte murmurante de los durmientes conectados. En un segundo, volvió a tensarse. "Llévenlos a la mierda a estos", indicó, señalándonos con desdén.

Mientras subíamos a la plaza, lo vimos volver a beber, y reírse con ganas. "No crean que me olvidé de amenazarlos. Cuenten lo que quieran, los van a tomar por locos o por idiotas".

Y ahí estás vos, leyendo como si nada.

 

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Comentarios   

 
0 #5 Ramoncito 01-09-2009 18:12
NO, Querida Mila:

A un MURO lo construye cualquier pedorro.

Para construir PUENTES hacen falta pensadores, arquitectos, ingenieros, planes, planos, revisiones, diálogos, acuerdos, desacuerdos, no ser muy cuerdo, etc.

"El más importante de los caminos (o viajes) comienza por el primer paso".
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0 #4 DOSSO MILA 31-08-2009 18:09
...Y los niños que nazcan a partir del bicentenario serán todos hermosos clones de la Matrix

Como en aquel "Mundo feliz" de Aldous Huxley seremos una sociedad que utilizaría la genética y el clonaje para el condicionamient o y el control de los individuos.


Una dictadura perfecta que tendría la apariencia de una democracia

Una cárcel sin muros de la que los prisioneros no querrían huir jamás.

Un sistema de esclavitud donde los esclavos "tendrían el amor de su servitud" a la Gran Matrix, o a quien diablos sea
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0 #3 Waldo 31-08-2009 17:28
Los relatos de Pepe y Ramoncito me muestran la existencia de dos matrices, en distintas dimensiones pero coincidentes en el espacio y el tiempo.

Vemos cómo por un lado, la matrix resistenciana que organiza festivales dándole la espalda al padecimiento y la miseria. apostando al "no te metás", total los que están ahí son problemas del gobierno provincial.

Por otro, está la matrix gubernamental, que ignora las necesidades de un pueblo, apostando al desgaste de los reclamos, "solos vinieron... solos se van a ir".

Por último, los habitantes de esta ciudad y de la provincia, de estos últimos gran parte pertenecientes a milenarias etnias originarias, conectados a la matriz, reclamando que los cables de unión al sistema están saturados y no le proporcionan la totalidad de su provisión de libertad, respeto, seguridad, justicia, equidad, alimentación, salud, trabajo, educación, etc.
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0 #2 Anakin. 31-08-2009 14:37
Yo veo todo eso y me acuerdo de un amigo sabio onda "Chuñi Benite" que una vez me dijo: "Acá la cosas se dan en cilos de maomneno dié año desde la guerra de Malvina siempre hay quilombo casi casi cada dié años..."
Y mirando para atrás veo a De la Rúa huyendo en helicóptero y me corre friito por la espalda.. que quieren que les diga.
(Gabo; si estás leyendo esto: Sos un iluminado!!)
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0 #1 Ramoncito 31-08-2009 01:57
Ayer, tipo 19:30, pasamos con mi familia en nuestro autito por Mitre y seguimos por Santa María de Oro. No porque nos gustara, sino porque Juan B. Justo estaba cortada y el tránsito era un quilombo infernal. Habíamos ido a comprar unos chipacitos al local de Mitre casi Entre Ríos, pero faltaban 15 minutos para que saliera una nueva partida de los mismos. Yo dije "Bueno, damos una vuelta y volvemos, así los comemos calentitos". Craso error.

No estuve con el equipo heroico de AN, pero cuando llegué al semáforo de Mitre y Marcelo T. comencé a ver dos mundos distintos. La Biblia junto al Calefón, de Discépolo.

En esa esquina se veía el acampe impresionante de diferentes movimientos sociales, que abarcaban más de la mitad de la plaza. Una visión indignante de un padecimiento indignante. Al llegar, lentamente, a Mitre y 25, se nos cruzan por delante 7 pendejos que salían del acampe. En el acto, mi mujer se da vuelta y le tapa la cara con la gorra a mi hijo menor. Yo le pregunté porqué y me dijo: "Esos son todos menores asesinos a sueldo, los conozco a todos porque me los traen esposados todas las semanas. Si están acá es porque el que los pilotea está ahí adentro y ya salieron con instrucciones de a quién o dónde afanar. ¿Les viste las caras? Estaban todos "idos", falopeados al mango. A mí me conocen, pero no quiero que conozcan la cara de mi hijo. No quiero que sepan que tengo un hijo."

Seguimos despacito. Al llegar a JB Justo no me quedaba otra que seguir derecho, pero no podía creer las discusiones a los gritos de los inspectores de tránsito: "¡Boludo, te dije que cortés allá", "¡Cruzá tu moto y desviá para Vedia!", "¡Dale, boludo, que se viene la salida de Misa y esto va a reventar!". A la izquierda sonaban los parlantes a todo lo que dá de la joda de Aída. La verdad, vi poca gente.

Cuando llego a Perón, un inspector (se ve que lo llamaron de raje y ni el chaleco tenía) trataba de ordenar el tránsito y el cruce de la Peatonal. Era un veterano. Nos pegó un pitazo de alto pese a la luz verde, se corrió y ayudó a cruzar a una embarazada (grande la zapán) de la mano. Me pareció un buen gesto del tipo. Después nos hizo pasar con luz roja y todo.

Ahí se aligeró todo y seguimos tranqui hasta zafar, desviar hacia Belgrano y llegar justo a tiempo a buscar los chipacitos.

¿Qué me quedó? Me quedó la imagen dispersa de gente que está muy mal a la que no le dan pelota, de que infiltrados entre ellos hay delincuentes pesados, de que de ahí salían menores drogados a "recaudar" para el jefe a cambio de más falopa, de que el "acto" de Aída tenía una improvisación impresionante y era muy poca gente la que fue y muchas cosas más.

¿Qué rescato? El gesto del inspector de tránsito sin chaleco reflector y armado sólo con un silbato. Canoso él. Vio al toque a la mujer embarazada, paró autos, colectivos y motos, la tomó de la mano y la cruzó con él, como si fuera el papá. Después se cagó en la luz roja que nos tocaba y nos hizo seguir a todos, con cara de serio pero con una sonrisa indisimulable.

Pese al quilombo reinante, cumplió con su deber de ser humano, ciudadano y funcionario.

Ese debe ser un muy buen tipo, intuyo.

Es la única persona que vi cumplir con su deber con decencia ayer a la nochecita en esa zona.

ADMINISTRADOR: Uno entre decenas. La estadística no miente.
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