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Asentamientos: la otra ciudad nuestra

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Al habitante de Resistencia de clase media hacia arriba le molesta encontrarse con carros en las calles por las que circula con su auto. También le molestan los chicos que se le acercan a pedirle algo mientras come su pizza en el centro. Obviamente, también le incomodan los cuidacoches, y los buscavidas de todas las edades que le ofrecen algo cuando se tiene que detener ante un semáforo. Y ni qué decir de cuánto le irrita que mucha más gente como ésa acampe en la plaza central para hacer reclamos al gobierno. A veces, cuando vuelve de viaje y entra a la ciudad por algún acceso en el que asoman ranchos, dice, tan siquiera para sí mismo, “qué vergüenza”.

 

 


En realidad, a ese ciudadano promedio que logró sobrevivir –ajustada u holgadamente- a los periódicos cataclismos argentinos, lo que le molesta es la pobreza. En cada gesto suyo, no la rechaza, la niega. Pero resulta que vive en la ciudad más pobre de la Argentina. Entonces, lo suyo es tan inexplicable como lo sería encontrar un habitante de la Antártida decidido a estar allí tanto como a no convivir con la nieve.

Sin embargo, eso que en la comparación suena tan alocado, en la realidad de Resistencia es una circunstancia palpable. Por eso, esta ciudad no es una ciudad, sino dos: la que quisiéramos ser, y la que somos en realidad. Dos mundos que ocupan la misma geografía, y a la vez no. Que sostienen hasta donde pueden el paralelismo de sus dimensiones. Que cuando se cruzan, lo hacen con recíproco fastidio.

El desafío de comer

Los pobres viven rodeando a la ciudad, en un extenso cordón de asentamientos de unos 24 kilómetros de extensión, que forma una herradura en torno al Gran Resistencia. “Nos sitian”, dirían los vecinos del centro. “Nos excluyen”, podrían decir quienes lo ven desde los bordes del territorio.


A mediados de 2005, los asentamientos irregulares de la capital eran 70, y en ellos vivían unas 25.000 personas. En 2006 los asentamientos ya eran 142, y subieron a 184 en 2008. Hoy, según datos actualizados del Programa Provincial Territorio Urbano, en el Gran Resistencia hay 228 asentamientos en los que ebullen 150.000 niños, adultos y ancianos. Es decir, aproximadamente un 37% de la población total del área metropolitana.


En ese universo se come poco y mal. “Nosotros creemos que no es conveniente ya, en ese caso, hablar de línea de pobreza o de indigencia, sino de línea de miseria, porque además de la insuficiencia de ingresos para una alimentación básica de las familias, son viviendas con piso de tierra, sin agua potable, con situaciones de desempleo y anafabetismo”, dice el abogado Rolando Núñez, coordinador del Centro de Estudios Nelson Mandela.


Él descree de las mediciones y los parámetros del Indec para la cuestión social. “Según las estadísticas oficiales, una familia de cuatro integrantes (dos adultos y dos niños) es indigente si tiene un ingreso inferior a los 443 pesos mensuales, y no es pobre si gana más de 1.013 pesos. Nosotros hicimos un cálculo considerando hábitos de consumo locales y propiedades nutritivas de los alimentos que se consumen, e incorporamos los costos de servicios básicos, más vestimenta y otros rubros, y nos da que una familia que gana menos de 1.800 pesos es pobre, y es indigente si sus ingresos están por debajo de los 1.000. Son cifras muy parecidas a las que calculó la Dirección de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires, también por desconfianza sobre las mediciones del Indec”, dice.


En los asentamientos, dice Núñez, las realidades en materia de ingresos son diversas, pero señala que en general el sustento depende de asistencias sociales del Estado que no superan los 650 pesos. Como ocurre en cualquier situación similar, lo que falta se cubre con hambre.


Núñez también considera que el índice de pobreza está subvaluado. “Está en realidad en el orden del 40%”, estima él. El Indec, en el primer semestre de este año, midió para el Gran Resistencia un 26,3% de pobreza y un 7,8 de indigencia, lo que lo confirma como el conglomerado capitalino más pobre del país, aunque bastante por debajo de los picos de más del 60% alcanzados en 2002.

Marea alta, marea baja

Los miserables aparecen en el centro de la ciudad y en los barrios durante la mayor parte del día, pero sobre todo en las dos horas posteriores al mediodía y en el atardecer y la noche. Son los momentos en que una alta proporción de la flota de 3.000 carros de los asentamientos sale a buscar los cartones y plásticos desechados por los comercios que van cerrando sus puertas, y las bolsas de basura de las casas que tienen la dicha de poder producirlas.


Lo que les toca a los carreros es convertir esos residuos en alimentos, rescatando de los desechos todo aquello que se pueda vender en las chacaritas de la ciudad. Como hormigas, los que salen de las villas vuelven tarde o temprano a ellas, cargando como pueden todo lo colectado. Luego, hasta la madrugada, harán la clasificación de lo vendible. Son –y lo saben, pero no les queda opción- el eslabón más barato de un negocio formidable que no por casualidad la municipalidad no se decide a organizar.


Luego, casi al alba, llega el turno de dormir, y de esperar la mañana para volver a preparar los carros o para participar de algún reclamo en las calles. Van y vienen, como al influjo de una luna propia que mueve la marea de los desangelados.


De esas 150.000 personas, prácticamente ninguna tiene un domicilio para dar. La dirección es apenas el nombre del asentamiento, y nada más. Los ranchos y casitas se diseminan en 25.000 lotes más o menos organizados (a veces caóticamente) que cubren 700 hectáreas. “Es otra ciudad, con otros códigos. Pero en realidad no es otra ciudad, es nuestra ciudad, la que no queremos ver”, dice la arquitecta Marta Alvarez, de Territorio Urbano, el programa que trabaja con la idea de incorporar los asentamientos al entramado de la ciudad y que la semana pasada recibió una distinción internacional por ello.


“Ellos –dice Alvarez- fueron excluidos de un sistema formal, por cuestiones de empleo, de cultura, de educación, y buscaron sus respuestas como pudieron. No es cierto, como se dice desde hace tantos años, que ocupan las tierras porque un dirigente político les dice que deben tomarlas. Son ellos los que se organizan. Después sí, naturalmente, aparece la cuestión política, pero como algo posterior. El punto es tomar conciencia, todos, de la ciudad que somos. Pero de la verdadera, no de la de fantasía”.


Luis Burgos es el hombre que en 1997 encabezó la toma de La Rubita, las tierras del Ejército que en aquella ocasión fueron desalojadas días después por orden de la justicia federal y Gendarmería mediante. Diez años después volvió, y ahora trabaja en un proyecto dirigido a convertir esos predios en una nueva urbanización. El, con 65 años y muchos caminos de tierra andados, reflexioina: “Pareciera que se gobierna para el centro, y no se mira al 60% que está marginado. La municipalidad habla de crecer hacia el norte. Claro, ahí quieren poner a los ricos. Al sur estamos el pobrerío, la infección. Eso es dividir la ciudad, crear un monstruo”.



Tierra a la vista

Otra leyenda que cristalizó con los tiempos es que esa nueva población excluida se nutre casi exclusivamente de las familias que dejan el interior por falta de condiciones de subsistencia en sus localidades o parajes de origen. “El éxodo rural es real, pero es casi tan equivalente al fenómeno de los jóvenes de Resistencia que forman su propia familia y ya no pueden vivir con sus padres, pero tampoco tienen un trabajo que les permita conseguir de otro modo un lugar propio donde vivir. Ese crecimiento vegetativo es impresionante”, señala Alvarez.


Ella dice que en los asentamientos más recientes, la edad promedio de quienes invadieron terrenos fiscales o privados va de los 21 a los 25 años. “En La Rubita, por ejemplo, entraron jóvenes que vivían con sus padres en barrios próximos, como el Mariano Moreno, el Rawson o Villa Luzuriaga, y en Campo Zampa hay gente que estaba en el Barrio España”, cuenta. Como hace miles de años, como siempre, la clave es tener un pedazo de tierra. Después se verá lo demás.


En realidad, no es una buena época para quienes están abajo en el marcador del partido de la inclusión. A nivel mundial, el modelo capitalista ingresó a una fase en que, para mantener sus tasas de ganancia, los dueños de la pelota minimizan la inversión en recursos humanos y expanden la precarización y la explotación a límites que llevarían al suicidio colectivo a los mentores de la modernidad. Resultado: empleos cada vez más exigentes, más escasos y más precarios.


El 40% de la población mundial (2.500 millones de personas) es pobre. De ese universo, el 30% de los niños son desnutridos, por lo que cada año mueren, por causas asociadas al hambre, 9 millones de chicos de menos de 5 años de edad. En el Chaco, Núñez señala que las cifras oficiales hablan de que en 2008 fueron controlados en hospitales y centros de salud 85.900 niños. Unos 11.000 de ellos estaban desnutridos. Es decir, el 15%. Si se traslada ese porcentaje al total de chicos de la franja etaria 0-5 años, surge que el total de desnutridos de esas edades rondaría los 16.500 nenes.


En un artículo publicado en el diario Crítica, el médico sanitarista José Carlos Escudero planteó que al hablar del hambre, los medios deberían hablar de todas sus consecuencias “y no sólo de algunas pocas muertes impactantes. Debería aparecer el empobrecimiento vital de decenas de millones de nuestros hermanos: las bajas estaturas, las anemias, la reducción del cociente intelectual, la lentitud de los aprendizajes y la muerte prematura de miles de ellos, no solamente de unos pocos casos que aparecen en la TV”.


Las brechas, en lugar de achicarse, se agrandan. Y la educación, que en otros tiempos acercaba las oportunidades de los hijos de los unos y las de los hijos de los otros, hoy en realidad las distancia con el contraste entre escuela pública y escuela privada. Si se habla de salud, las cosas no son mejores. El presupuesto provincial del área, que en 2008 representaba el 9,50% del total de gastos del Estado, en 2009 fue proyectado por un monto equivalente a 9,38%. Es decir, hacia atrás en términos relativos.

Trabajo y cultura

¿Cómo se puede salir de un escenario que es un trauma en sí mismo? Las opiniones divergen, pero rumbean más o menos en el mismo sentido: se relacionan con restaurar una cultura del trabajo sobre la que los planes sociales, más allá de su necesidad indiscutible, han tenido un efecto secundario lesivo. Aunque tener trabajo no es todo. “El promedio de sueldos de los empleados del sector privado del Chaco, tomando la remuneración bruta, está en el orden de los 1.800 pesos. Es decir que con los descuentos y aportes, se reduce a una cifra que está por debajo de la línea de pobreza que calculamos nosotros. O sea que se da el fenómeno de personas que son pobres aun teniendo trabajo”, señala Núñez.


Pero la provincia depara más paradojas, que lo son al menos en apariencia. Carlos Cañete, del Profope (Programa de Formación Popular en Economía), escribió en Página 12 un análisis de los datos sobre pobreza y desempleo, en el que señaló la extraña situación del Gran Resistencia, que en las mediciones del Indec tiene, al mismo tiempo, los mayores indicadores de pobreza e indigencia y uno de los más bajos en materia de desocupación.


“Resistencia –con el record de pobreza– podría considerarse a la vez un paraíso del pleno empleo, y Bahía Blanca –28 por ciento menos de pobreza que la media nacional– es la cuarta localidad de mayor desempleo de la Argentina. Al recordar que la tasa de desempleo es por definición la cantidad de individuos que no tienen y buscan trabajo respecto del total de la población activa, tenemos un indicio de que la raíz del problema está en otro lado. Efectivamente, algunos de los indicadores que aparecen fuertemente correlacionados con la incidencia de la pobreza son: tasa de actividad, la de empleo y la de informalidad laboral. A mayor incidencia de la pobreza se corresponden menores tasas de empleo y de actividad, alta proporción de informalidad asalariada, y viceversa, claro”, evaluó.


“Las exiguas tasas de empleo y de actividad –cantidad de ocupados y de activos respecto de la población, respectivamente– en los distritos más pobres son un claro síntoma de la estrechez de sus mercados de trabajo, de la incapacidad de la estructura productiva local para generar una demanda de trabajo creciente y sostenida. En los distritos más pobres no hay trabajo, por más que se lo busque, y tan poco hay que ya ni se lo busca. El bajo desempleo, pues, es un indicio de las dimensiones del desaliento, del recurso a la emigración, o aun de actividades de subsistencia por fuera del mercado de trabajo”, planteó.


A modo de síntesis, Cañete dijo que “un mercado laboral estrecho e incapaz de ampliar la demanda de trabajo, bajos ingresos laborales –inferiores a la media nacional–, alta prevalencia del empleo público, hogares más numerosos –con más miembros dependientes–, abundante empleo informal y precario, ocupaciones de baja productividad, desnudan los formidables efectos de lo que bien podría llamarse un cuadro grave de subdesarrollo local”.


Núñez apunta que, en verdad, el desempleo medido por el Indec es engañoso. “Si se considerara a las personas que cobran planes sociales para desocupados, tendríamos que en realidad el desempleo está en el orden del 29%”, dijo, y habló de la necesidad de “modificar el esquema productivo, porque no genera trabajo”. Cuando se habla de eso, todos miran a la sojización del Chaco, que ocupa mucha menos mano de obra que la producción algodonera y fue un factor más de expulsión de pobladores rurales.


Lejos de las radiografías técnicas, los pobres del Gran Resistencia ven las cosas de un modo más simple. De lo que se trata es de comenzar el día y llegar a la noche en las mejores condiciones posibles. Eso incluye llegar con el estómago saciado. En ese trayecto, tanto sirven las grandezas como las miserias. Por la fuerza, adquirieron la filosofía de los indios chaqueños, que mientras pudieron vivir lejos de los blancos entendían que el único tiempo que existía era el hoy. La felicidad era estar juntos los padres y los hijos, y tener alimento.


La desgracia era el hambre, y sigue siendo. Allá afuera, en la otra ciudad nuestra.



Sergio Schneider

Fotos de Fabián Maldonado

 

 

 

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Comentarios   

 
0 #5 El Licenciado 20-11-2009 13:39
1- pregunta para CLAO ¿de qué política de gobierno hablás? (con el mayor de los respetos) ¿alguna vez la hubo? yo no la ví.
2- otra fase fundamentalísim a además de la educación (previa alimentación) sería la de culturizar el planeamiento familiar, una chica del centro (obviamente porque tiene mejor educación) lo hace, ella decide (en la mayoría de los casos) cuando y cuantos hijos va a tener, pero y la pobre de la villa, ¿acaso no tiene tanto derecho como la que mas a tener su momento de goze sexual?, claro pero como ella (o su pareja) no tiene para comprar forros, está condenada a ser madre primeriza y luego numerosa, y eso ¿a que lleva?, si ya de movida no tenía ni para sustentarse ella; lleva al hacinamiento, a la desesperación, al abandono (tanto de ella como de su prole que deambula por ahí a toda hora), lleva a la delincuencia; claro después es mas fácil rasgarse las vestiduras y gritar que esa madre no se ocupó de sus hijos, pero ¿como podría haberse ocupado ella alguna vez? si nunca aprendió como, ni tampoco tuvo la oportunidad de tener sus necesidades básicas satisfechas como para ponerse a pensar siquiera en eso. Poca imaginación se necesita para darse cuenta que de ese coctel de marginación, abandono, ignorancia y desesperación solo queda el camino de la delincuencia (porque es el mas fácil, o por lo menos eso lo parece) ya que si el chiquito quiere cortar el pasto primero se enfrenta a nueve negativas y la décima que le dice que sí, le dá cinco pesos después de dos o tres horas que lo tuvo -laburando como negro- entonces como dos mas dos es cuatro, también es matemático que salir a robar dá mas plata que "trabajar" (eso va para todos los "iluminados" que lo primero que dicen es "...QUE LABUREN NEGROS DE MIERDA...". No me quiero extender demasiado Sr. Administrador así que volviendo al tema de organizar una política de Planificación Familiar aaaah claro! perdón a todos, me olvidaba que enseñar educación sexual es pecado, y decir la palabra forros también (doblemente pecado usarlos)... sinceramente, creo que así estamos condenados... y no al éxito. Quiero aclarar que todo esto lo escribo desde el otro lado de estas personas, ya que soy rubio, alto, ojos celestes, y como muy bien todos los días. Gracias por el espacio admin.

ADMINISTRADOR: A vos por opinar. Lo que decís sobre la planificación familiar es tan cierto que da rabia. Cuando se aprobó la Ley de Salud Reproductiva, la Iglesia y las asociaciones chupacirias pusieron el grito en el cielo, diciendo (palabras más, palabras menos) que esa norma iba a provocar que todo el mundo se empome en plazas y colectivos.
Por un lado, se opusieron a una ley que pretendía beneficiar a la gente que está en la lona. Por otro, siempre apoyan a los gobiernos que mantienen a esas personas excluidas de parámetros mínimos de dignidad. Y si no los apoyan, se callan la boca, que para el caso es lo mismo.
En resumen, cagando, siempre cagando, por la vía que sea.
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0 #4 CLAO 19-11-2009 18:35
Dice el artículo..."Los pobres del Gran Resistencia ven las cosas de un modo más simple. De lo que se trata es de comenzar el día y llegar a la noche en las mejores condiciones posibles. Eso incluye llegar con el estómago saciado".
Ahora me pregunto...
Los funcionarios politicos en que piensan cuando elaboran sus politicas de gobierno?
Piensan a futuro o tambien en sobrevivir el dia a dia?
Piensan en generar soluciones que traten los problemas (hambre, desnutricion, desempleo,falta de salud..etc) en profundidad...o simplemente en mostrarnos espejitos de colores, como pantalla "de todo lo que se hace", cuando no son mas que analgésicos que calman pero no llegan ni por cerca a curar a la infección?
Realmente piensan que la verdadera solución pasa por crear todos lo dias un subsidio distinto para cada uno de los tipos de necesidades que llenan la situación socio-económica y financiera del pais?
Porque se invierte tanto en el clientelismo politico y nada en fuentes de trabajo?
Porque el negocio pasa por atentar contra la cultura y la dignidad de trabajo?
Lamentablemente las preguntas son muchas...y las respuestas poco optimistas.
Pienso que a pesar del HAMBRE Y LA POBREZA, nuestra sociedad nunca deja de ser optimista y de apostar a las grandes promesas que los politicos en cada una de sus campañas realizan, pero lamentablemente una y otra vez vuelve a poner la otra mejilla ...y una y otra vez lo único que recibe es una cachetada.
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0 #3 Waldo 17-11-2009 16:12
Hace un tiempito, no se en qué revista leí un artículo sobre los cartoneros de Punta del Este, como es una ciudad 100% turística y para evitar el desparramo de basura y bolsas rotas por la ciudad, el estado intervino organizándolos en una cooperativa, están regulados, blanqueados, censados, controlados sanitariamente y entre todos llevan adelante su actividad, el gobierno de la ciudad les proveyó creo de depósitos y de una planta clasificadora de materiales, facilitando de esa manera su comercialización.

También en Curitiba avanzaron mucho sobre este tema, el estado proveyó a los habitantes basureros de distinto color, para depositar los residuos orgánicos en uno, material reciclable en otro y basura propiamente dicha en el tercero, organizando la recolección en equipos que se dedican a un tipo de residuos cada uno.

En Resistencia nos falta mucho para lograr algo así:

Primero, aprender que con discriminar no vamos a ningún lado.

Segundo, aprender a colaborar, si en nuestras casas clasificamos nuestra basura antes de sacarla a la calle, veremos cómo evitamos la rotura de bolsas y el desparramo de su contenido.

Tercero, las escuelas deben dar prioridad a crear conciencia ecológica.

Cuarto, la municipalidad debe organizar a los cartoneros, de esa manera se podrá darles asistencia social y sanitaria.

Quinto, es necesario separar paja del trigo, pobreza no es sinónimo de delincuencia pero hay mucho vivo metido en los asentamientos que se valen de la pobreza de sus vecinos para llevar adelante su actividad non sancta.

Excelente nota.

ADMINISTRADOR: Gracias, Waldo. Es importante lo que decís sobre el tratamiento de la basura, porque en nuestra provincia no hay noción sobre el gran negocio que es. Pero en las condiciones locales, lo es para unos pocos que hacen mucha guita a costa del trabajo que realizan cirujas y carreros.
Esos pocos son los que no tienen ningún interés en que se repitan aquí experiencias de otros lugares. Y quienes deberían hacer más caso al interés social que al de esos vivos, miran para el costado, seguro que no gratuitamente.
Pero es tema para otra nota.
Un abrazo.
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0 #2 LEAN 17-11-2009 05:30
Excelente artículo che. Realmente te felicito.

ADMINISTRADOR: Gracias, Lean.
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0 #1 gladys 16-11-2009 10:36
Sergio querido, leo tu artículo y al instante siento como si escribieras sobre mi querido lugar (qué realidades tan parecidas).

Qué impotencia de no poder hacer mucho para que mejore en algo la vida de nuestra gente y qué rabia saber que nuestros gobiernos (indiferentes ellos) se desviven en gastar el dinero de todos en su jijuna política armamentista y otras idioteces.

G.
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