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Hacia un apartheid global del hambre

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¬ŅLa crisis actual va a ser un momento aleccionador, el despertar de un sue√Īo? Todo depende de c√≥mo se lo simbolice, de que relato o interpretaci√≥n ideol√≥gica se imponga y determine la percepci√≥n general de la crisis. Cuando se interrumpe el normal transcurrir de las cosas de forma traum√°tica, se abre el terreno a una competencia ideol√≥gica "discursiva": en la Alemania de fines de los a√Īos 20, por ejemplo, Hitler gan√≥ la competencia por la narraci√≥n que explicar√≠a a los alemanes las razones de la crisis de la Rep√ļblica de Weimar y la salida de la misma (su trama fue el plan jud√≠o); en la Francia de 1940 fue la narraci√≥n del mariscal Petain la que gan√≥ en lo relativo a explicar los motivos de la derrota de Francia. La expectativa optimista izquierdista de que la crisis econ√≥mica y financiera actual d√© una oportunidad a la izquierda radicalizada es, por lo tanto, de una miop√≠a peligrosa: el principal efecto de la crisis no va a ser el auge de la pol√≠tica emancipatoria radicalizada sino el apogeo del populismo racista, m√°s guerras, m√°s pobreza en los pa√≠ses m√°s pobres del Tercer Mundo, mayores divisiones entre ricos y pobres.



Si bien las crisis sacan a la gente de una actitud de complacencia y la llevan a cuestionar los fundamentos de su vida, la primera reacci√≥n espont√°nea es el p√°nico, que lleva a un "retorno a las cosas b√°sicas": las premisas b√°sicas de la ideolog√≠a imperante no se ponen en duda, sino que se afirman de manera aun m√°s violenta. El peligro es, por lo tanto, que la crisis actual se utilice seg√ļn los lineamientos de lo que Naomi Klein llam√≥ la "doctrina de shock". Las reacciones hostiles predominantes en relaci√≥n con el nuevo libro de Naomi Klein son mucho m√°s violentas de lo que cabr√≠a esperar; hasta los ben√©volos liberales de izquierda, que ven con simpat√≠a algunos de sus an√°lisis, deploran la forma en que "el griter√≠o oscurece su razonamiento" (como se√Īal√≥ Will Hutton en su rese√Īa del libro en The Observer). Es evidente que Klein toc√≥ alg√ļn nervio muy sensible con su tesis principal: "La historia del libre mercado contempor√°neo se escribi√≥ mediante shocks. Algunas de las m√°s graves violaciones de los derechos humanos de los √ļltimos 35 a√Īos (...) se cometieron con la deliberada intenci√≥n de aterrar a la gente o estuvieron destinados a preparar el terreno para la introducci√≥n de reformas dr√°sticas de libre mercado" (en La doctrina del shock).

Esa tesis se desarrolla a trav√©s de una serie de an√°lisis concretos, entre los cuales la guerra de Irak desempe√Īa un papel central: el ataque de los Estados Unidos a Irak se bas√≥ en la idea de que, luego de la estrategia militar de "conmoci√≥n y pavor", el pa√≠s pod√≠a organizarse como un para√≠so de libre mercado, dado que el pa√≠s y la poblaci√≥n estar√≠an tan traumatizados que no ofrecer√≠an oposici√≥n... La imposici√≥n de una econom√≠a de mercado se facilita mucho si lo que allana el camino a la misma es alg√ļn tipo de conmoci√≥n (natural, militar, econ√≥mica) que obliga a la gente a abandonar las "viejas costumbres", convirti√©ndola en una tabula rasa ideol√≥gica, en sobreviviente de su propia muerte simb√≥lica, dispuesta a aceptar el nuevo orden una vez barridos los obst√°culos. La doctrina del shock de Klein tambi√©n es v√°lida para la ecolog√≠a: lejos de poner en peligro el capitalismo una gran cat√°strofe ecol√≥gica bien podr√≠a fortalecerlo con la apertura de nuevos espacios de inversi√≥n capitalista.

¬ŅY si la crisis actual tambi√©n se usa como un "shock" que cree las condiciones ideol√≥gicas para una terapia liberal m√°s profunda? La necesidad de esa terapia de shock surge del n√ļcleo ut√≥pico (con frecuencia olvidado) de la econom√≠a neoliberal.

 

Los bancos y la fe


Para decirlo en términos marxistas anticuados, la tarea principal de la ideología gobernante en la crisis actual es imponer un relato que no responsabilice de la crisis al sistema capitalista global como tal, sino a su desviación accidental secundaria (regulaciones legales demasiado laxas, corrupción de las grandes instituciones financieras, etc.). En tiempos del Socialismo Existente, las ideologías prosocialistas trataban de salvar la idea del socialismo diciendo que el fracaso de las "democracias del pueblo" era el fracaso de una versión inauténtica del socialismo, no de su idea como tal. No es sin ironía que se destaca que (a menudo los mismos) ideólogos que se burlaron de esa defensa del socialismo y la calificaron de ilusoria, insistiendo en que había que responsabilizar a la propia idea básica, ahora recurren al mismo tipo de defensa: no es el capitalismo el que está en bancarrota, sino sólo su concreción distorsionada...

As√≠, luego de condenar a todos los "sospechosos habituales" de utop√≠as, tal vez haya llegado el momento de concentrarse en la propia utop√≠a liberal. Es lo que habr√≠a que contestarles a quienes rechazan todo intento de cuestionar los fundamentos del orden capitalista democr√°tico liberal como una utop√≠a peligrosa: la crisis actual nos enfrenta a las consecuencias del n√ļcleo ut√≥pico de ese orden. Si bien el liberalismo se presenta como la encarnaci√≥n de la antiutop√≠a, y el neoliberalismo como se√Īal de la nueva era de la humanidad que dej√≥ atr√°s los proyectos ut√≥picos responsables de los horrores totalitarios del siglo XX, ahora se hace evidente que los tiempos de la verdadera utop√≠a fueron los felices a√Īos 90 de Clinton, con su creencia de que llegamos al "fin de la historia" (Fukuyama), de que la humanidad por fin encontr√≥ la f√≥rmula para el orden socioecon√≥mico √≥ptimo. La experiencia de las √ļltimas d√©cadas demuestra que el mercado no es un mecanismo benigno que funciona mejor cuando se lo deja trabajar en paz, sino que exige mucha violencia paralela al mercado para crear las condiciones para su funcionamiento.

 

La forma en que los fundamentalistas del mercado reaccionan a los resultados destructivos de la instrumentación de sus recetas es típica de los "totalitarios" utópicos: responsabilizan del fracaso a las concesiones de quienes concretaron sus visiones (todavía hay demasiada intervención del estado, etc.) y exigen una instrumentación aun más drástica de la doctrina de mercado. Ese anverso violento de la fórmula liberal es el mensaje inquietante del libro de Klein, y la crisis financiera actual demuestra lo difícil que es perturbar el denso fondo de premisas utópicas que determinan nuestros actos, como dice Alain Badiou: "Se exige a los ciudadanos que "entiendan" que no es posible cubrir la brecha financiera de la Seguridad Social, pero que, sin ponerse a contar los miles de millones, debe cubrirse la brecha de los bancos. Debemos aprobar seriamente que nadie quiera nacionalizar una fábrica en problemas por la competencia, fábrica en la que trabajan miles de personas, pero que resulte evidente nacionalizar un banco que se desplomó debido a sus especulaciones" (Le Monde, 17 de octubre de 2008).

Habr√≠a que generalizar la siguiente afirmaci√≥n. Cuando combatimos el sida, el hambre, la falta de agua, el calentamiento global, etc., si bien reconocemos la urgencia de esos problemas, siempre hay tiempo para reflexionar, postergar decisiones (la principal conclusi√≥n de la √ļltima reuni√≥n de los gobernantes de las superpotencias en Bali, considerada un √©xito, fue que volver√≠a a reunirse en dos a√Īos para seguir conversando ...), pero en la crisis financiera la urgencia de actuar fue categ√≥rica y de inmediato se encontr√≥ una suma que excedi√≥ todo lo imaginable.

Salvar especies en peligro, salvar al planeta del calentamiento global, a los enfermos de sida, a los que mueren por falta de fondos para operaciones y tratamientos caros, salvar a los chicos que se mueren de hambre... todo eso puede esperar, pero el llamado "¡salven a los bancos!" es un imperativo categórico que exige y recibe atención inmediata. El pánico se hizo omnipresente y enseguida se estableció una unidad transnacional no partidaria: todos los enconos entre gobernantes se olvidaron en el acto para evitar LA catástrofe. Hasta los métodos democráticos quedaron suspendidos de facto: no había tiempo para la metodología democrática y quienes se opusieron al plan en el Congreso pronto fueron obligados a marchar con la mayoría. Bush, McCain y Obama se apresuraron a unirse; no había tiempo para prolongados debates; estamos en emergencia y hay que actuar ...

No hay que olvidar que la inmensa suma de dinero no se gast√≥ por una tarea "real" clara, sino para restablecer la confianza en los mercados, o sea ¬°por una cuesti√≥n de fe! ¬ŅNecesitamos otra prueba de que el Capital es el Real de nuestras vidas, el Real cuyas exigencias son mucho m√°s absolutas que hasta la m√°s acuciante de las exigencias de nuestra realidad natural y social? Fue Joseph Brodsky quien dio una respuesta adecuada a la misteriosa b√ļsqueda del "quinto elemento" la quintaesencia de nuestra realidad: "Sumado al aire, la tierra, el agua y el fuego, el dinero es la quinta fuerza natural que un ser humano debe tener en cuenta con m√°s frecuencia" (en uno de los ensayos recogidos en Menos que uno). Si se tienen dudas, baste una mirada a la crisis financiera de 2008.

 

FMI, vector de la tuberculosis


A fines de 2008, investigadores de Cambridge y Yale que analizaban las tendencias en la epidemia de tuberculosis en las √ļltimas d√©cadas en Europa del este dieron a conocer su resultado: tras analizar datos de m√°s de 20 pa√≠ses, establecieron una clara correlaci√≥n entre los pr√©stamos del FMI a esos pa√≠ses y el aumento de los casos de tuberculosis. Cuando los pr√©stamos se interrumpieron, la epidemia de tuberculosis volvi√≥ a reducirse. La explicaci√≥n es simple: la condici√≥n para el otorgamiento de los cr√©ditos es que el estado imponga una "disciplina financiera" (reducir el gasto p√ļblico), y la primera v√≠ctima de esas medidas destinadas a establecer la "salud financiera" es la propia salud: el gasto en salud p√ļblica. As√≠ queda abierto el camino para que los humanitarios occidentales deploren las catastr√≥ficas condiciones de los servicios m√©dicos en esos pa√≠ses y ofrezcan asistencia caritativa.

La crisis financiera hizo imposible ignorar la flagrante irracionalidad del capitalismo global. Basta con comparar los 700.000 millones de d√≥lares que se destinaron a la estabilizaci√≥n del sistema bancario tan s√≥lo en los Estados Unidos con el hecho de que, de los 22.000 millones de d√≥lares que los pa√≠ses m√°s ricos iban a destinar a la ayuda a la agricultura de los pa√≠ses m√°s pobres en este a√Īo de crisis de alimentos, s√≥lo se aportaron 2.200 millones.

La culpa de esa crisis de alimentos no puede atribuirse a los sospechosos habituales como la corrupci√≥n, la ineficiencia y el intervencionismo estatal de los pa√≠ses del Tercer Mundo. Al contrario, depende de manera directa de la globalizaci√≥n de la agricultura, y fue Bill Clinton el que lo dej√≥ en claro en sus comentarios (seg√ļn inform√≥ AP el 23 de octubre de 2008) sobre la crisis global de alimentos durante una reuni√≥n de la ONU en ocasi√≥n del D√≠a Mundial de los Alimentos y con el elocuente t√≠tulo de "Nos equivocamos en relaci√≥n con los alimentos globales" (el texto est√° disponible en www.cbsnews.com). El eje del discurso de Clinton fue que la actual crisis global de alimentos demuestra que "todos nos equivocamos, incluy√©ndome a m√≠ cuando fui presidente", al tratar los alimentos agr√≠colas como materias primas en lugar de c√≥mo un derecho vital de los pobres del mundo.

Clinton fue muy claro al responsabilizar no a gobiernos o países individuales sino a la política global occidental a largo plazo que impusieron los Estados Unidos y la Unión Europea e instrumentaron durante décadas el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones. Esa política presionó a los países africanos y asiáticos para que abandonaran los subsidios gubernamentales para fertilizantes, semillas mejoradas y otros insumos agrícolas, allanando así el camino para que la mejor tierra se usara para cultivos de exportación y para arruinar la autosuficiencia alimentaria de los países.

El resultado de esos "ajustes estructurales" fue la integraci√≥n de la agricultura local a la econom√≠a global: al tiempo que se exportaba la producci√≥n agr√≠cola, los agricultores que se quedaban sin tierras terminaban incorpor√°ndose a barriadas pobres y convirti√©ndose en mano de obra para la explotaci√≥n laboral tercerizada, y los pa√≠ses tuvieron que depender cada vez m√°s de alimentos importados. As√≠ se los mantiene en una dependencia poscolonial y se los hace cada vez m√°s vulnerables a las fluctuaciones del mercado: el vertiginoso aumento del precio de los granos (producto tambi√©n de su uso para la producci√≥n de biocombustibles) de los √ļltimos a√Īos ya dio lugar a hambrunas en pa√≠ses, de Hait√≠ a Etiop√≠a.

 

El nuevo apartheid



En estos a√Īos, esa estrategia se hizo sistem√°tica y de mucho mayor alcance: las grandes empresas internacionales y los gobiernos trataron de compensar la escasez de tierra cultivable en sus propios pa√≠ses mediante el establecimiento de grandes establecimientos agrarios industriales en el exterior (V. Walt en Time, 23 de noviembre de 2008). Por ejemplo, en noviembre de 2008 Daewoo Logistics de Corea del Sur anunci√≥ que hab√≠a negociado el alquiler por 99 a√Īos de casi un mill√≥n y medio de hect√°reas de tierras cultivables en Madagascar, casi la mitad de la tierra cultivable de Madagascar. Daewoo planea sembrar ma√≠z en alrededor de las tres cuartas partes y dedicar el resto a la producci√≥n de aceite de palma, producto primario clave para el mercado global de biocombustibles. Pero es apenas la punta del iceberg. El f√©rtil suelo africano tambi√©n resulta atractivo a otras naciones europeas y a los pa√≠ses del Golfo P√©rsico petrolero. Si bien esos pa√≠ses ricos no tienen ning√ļn problema para pagar la importaci√≥n de alimentos, el actual torbellino de los mercados mundiales de alimentos hizo que aumentara el est√≠mulo para asegurarse las propias fuentes de abastecimiento.

¬ŅCu√°l es el incentivo que tiene la otra parte, los pa√≠ses africanos en los que abunda el hambre y cuyos campesinos carecen de fondos para dedicar a fertilizante, herramientas b√°sicas, combustible e infraestructura de transporte para producir con eficiencia y llevar su producci√≥n al mercado? Los representantes de Daewoo aseguran que el acuerdo tambi√©n beneficiar√° a Magadascar: no s√≥lo la tierra que est√°n arrendando no est√° en uso en la actualidad, sino que, "si bien Daewoo proyecta exportar el producto de la tierra que arrienda en Madagascar, planea invertir unos 6.000 millones de d√≥lares en los pr√≥ximos veinte a√Īos en la construcci√≥n de instalaciones portuarias, carreteras, plantas el√©ctricas y sistemas de irrigaci√≥n necesarios para sus negocios agrarios locales, lo que crear√° miles de empleos para los desocupados de Madagascar. Los empleos contribuir√°n a que la poblaci√≥n de Madagascar gane dinero para comprar sus propios alimentos, aunque sean importados." El c√≠rculo de la dependencia poscolonial vuelve a cerrarse: la dependencia alimentaria aumentar√°.

¬ŅNo nos vamos acercando de forma gradual a un estado global en el que la posible falta de tres recursos materiales b√°sicos (energ√≠a ‚Äďpetr√≥leo-, agua, alimentos) se convertir√° en el aspecto determinante de la pol√≠tica internacional? ¬ŅNo es la falta de alimentos que se hace visible en las (por ahora) espor√°dicas explosiones en un lugar u otro una de las se√Īales del inminente apocalipsis?

Si bien el hecho de que eso pase est√° sobredeterminado por m√ļltiples factores (la creciente demanda en pa√≠ses de r√°pido desarrollo como India y China, las cosechas desastrosas debido a problemas ecol√≥gicos, el uso de grandes extensiones de tierras cultivables en los pa√≠ses del Tercer Mundo, de las que se desaloj√≥ a la poblaci√≥n local, para productos de exportaci√≥n, el uso determinado por el mercado de granos con otros fines, como el de los biocombustibles), parece evidente que la actual no es una crisis de corto plazo que se superar√° con rapidez mediante regulaciones de mercado apropiadas, sino un estancamiento de largo plazo imposible de solucionar con una econom√≠a de mercado. (Algunos ap√≥logos del nuevo orden mundial destacan que esa falta de alimentos es en s√≠ misma un √≠ndice del progreso material: la poblaci√≥n del Tercer Mundo en r√°pido desarrollo gana m√°s y puede permitirse comer m√°s.

El problema es que esa nueva demanda de alimentos pone a millones de personas del Tercer Mundo que no participan en ese desarrollo por debajo del nivel de supervivencia, en el hambre lisa y llana.) ¬ŅNo se aplica lo mismo a las inminentes crisis de energ√≠a y abastecimiento de agua? Para abordarlas de manera adecuada, habr√° que inventar nuevas formas de acci√≥n colectiva en gran escala: ni la intervenci√≥n estatal est√°ndar ni las tan elogiadas autoorganizaciones locales pueden hacerlo. Si el problema no se va a resolver, habr√≠a que pensar con seriedad que nos encaminamos a una nueva era de apartheid en la que algunas partes aisladas del mundo que cuenten con abundancia de alimentos y energ√≠a estar√°n separadas de un exterior ca√≥tico dominado por la confusi√≥n, el hambre y la guerra permanente. ¬ŅQu√© debe hacer la poblaci√≥n de Hait√≠ y la de otros lugares con escasez de alimentos? ¬ŅNo tienen pleno derecho a una rebeli√≥n violenta? El comunismo vuelve a ser una opci√≥n.

Clinton est√° en lo cierto cuando dice que "los alimentos no son un producto primario como otros; hay que volver a una pol√≠tica de m√°xima autosuficiencia de alimentos; es una locura pensar que podemos desarrollar otros pa√≠ses del mundo sin incrementar su capacidad de alimentarse." Pero aqu√≠ hay que agregar por lo menos dos cosas. En primer lugar, al tiempo que imponen la globalizaci√≥n de la agricultura a los pa√≠ses del Tercer Mundo, los pa√≠ses occidentales desarrollados hacen grandes esfuerzos por mantener su propia autosuficiencia de alimentos mediante el apoyo econ√≥mico a sus propios productores rurales, etc. (este apoyo econ√≥mico constituye m√°s de la mitad del total del presupuesto de la Uni√≥n Europea). En segundo t√©rmino, hay que tomar conciencia de que la lista de productos y cosas que no son "productos primarios como otros" es mucho m√°s larga: no s√≥lo defensa sino sobre todo alimentos, agua, energ√≠a, el medio ambiente como tal, cultura y educaci√≥n, salud... ¬ŅQui√©n y c√≥mo decidir√° sobre esas prioridades si no pueden quedar libradas al mercado? Es aqu√≠ donde hay que volver a plantear la cuesti√≥n del comunismo.



Slavoj Zizek
(Filósofo esloveno)

Nota publicada en Revista √Ď

 

 

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Comentarios   

 
0 #4 Mildredgaula 29-01-2010 23:03
sabes que es lo mas jodido? que el tipo tiene una gran cuota de raz√≥n, y parece que aca nadie se da cuenta, mientras quien nos debe encausar y velar por nuestros intereses nos dice coman carne de cerdito porque se les para la P...onga...y nuestros coterr√°neos estan entre el pitufo y carozo.......lo s buitres siguen avanzando lenta pero decididamente sobre nuestros suelos...y cada d√≠a son mas los chicos que se mueren de hambre; que lindo no? cuando nos daremos cuenta de lo in√ļtiles y mediocres que son nuestros representantes?.

Buena la nota admin......muy mala porque nos muestra una realidad que al parecer no queremos ver
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0 #3 Ricardo Pertchik 28-01-2010 10:38
Excelente nota (mas a√ļn teniendo en cuenta que no se puede esperar gran cosa de un tipo que se llama Slavoj!). El relato dominante, como dice la nota, desde la ca√≠da del comunismo impone la idea de que las ideolog√≠as son malas, as√≠ se mira con temor y desprecio a un Chavez, que creo que tiene muchos aspectos negativos pero que plantea otra visi√≥n ante esta crisis, no s√© si acertada o no, y (en lo que tiene que ver con la nota) hace rato se manifesto en contra de los cultivos para biocombustible porque aumentan el precio de los alimentos. La misma mirada es displiciente y desconfiada hacia un Evo Morales, que inici√≥ el cambio de paradigmas econ√≥mico-socia les en su pa√≠s luego de siglos de sometimiento de la gran mayoria de la poblaci√≥n, es una mirada simp√°tica pero precavida hacia un Lula que "era zurdo pero se hizo pragm√°tico", y en el orden local es una mirada condescendiente hacia un Pino que propone recuperar los resortes b√°sicos de la econom√≠a. Este mismo relato dominante hace entender que las leyes de mercado no corresponden a una ideolog√≠a, sino que marcan el orden natural, as√≠ es como son las cosas, por lo tanto pensar en nuevas y distintas maneras de relacionarse humana y econ√≥micamente termina resultando antinatural, pr√°cticamente una herej√≠a.

P.D.: ¬ŅSe nota que ten√≠a ganas de escribir al pedo un rato?

ADMINISTRADOR: Jaja, no, Ricardo, a lo mejor, lo que se nota es que empezamos, de a poco, a poner la mirada en cuestiones centrales que antes no estaban bajo discusión, porque el juego no se salía de sus cauces. Pero ahora que todo cruje, lo que antes parecía que "naturalmente" tenía que ser así, pierde esa condición. Aunque no sepamos el final, no deja de ser una buena noticia.
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0 #2 PajaroJako 27-01-2010 08:14
Pero Admi, no hay que ir muy lejos: en cualquier cinturón barrial, encontrás cosas muy parecidas. La Tuberculosis, el mal de Chagas, Dengue, Leish y desnutrición en el Impenetrable Oeste (en las escuelas, como media, ninguno de estos males tiene una casuística menor al 60% - 65% en la currícula). Son ellos los expulsados del sistema. Ni hablar de los otros males "sociales" ...
Y el FMI, BM, UN, siguen viniendo con el cuento del progreso de los pueblos ... O acaso porque te crees que soy lector de AN, porque ya que me voy a reir con las noticias de los políticos, ya me río en serio.

ADMINISTRADOR: Sí, Pájaro, compartimos lo que decís (sobre todo lo de leer AN jio jio jiooo), pero lo interesante del artículo es que encaja todo eso en un proceso mayor, mundial, de tendencia extremadamente jodida. Un abrazo.
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0 #1 PajaroJako 26-01-2010 07:28
Buenísima nota Admi ...

ADMINISTRADOR: Sí, sobre todo porque el tipo no opina en el aire, brinda datos y establece relaciones que sostienen su estremecedor análisis.
Mención aparte para ese estudio que vincula los avances de la tuberculosis en Europa del Este con las "asistencias" del FMI.
La nota es larga, y quizás eso espanta a muchos lectores, pero no hay una línea que no aporte algo.
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