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El drama del ministro Soto: cuando en su casa piensa como antes, llama a la policía y se reprime solo

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En el entorno íntimo de Sergio Soto hay preocupación. El ministro de Educación está sufriendo, de un modo severo, las contradicciones entre su pasado de dirigente sindical combativo y su presente de funcionario encargado de neutralizar las protestas de los gremialistas con los que en otros años compartía las luchas salariales.

 

"No sabemos qué hacer. Él, cuando vuelve a casa desde el ministerio, comienza a pensar como antes. Y se calienta tanto frente a la situación docente que comienza a hablar mal del gobierno y de él mismo, y a la vez no pierde su conciencia de ministro. Así que ya van dos veces que llama a la policía y le ordena que lo repriman", contó a AN un familiar directo de Soto.

 

Situación angustiante

 

Este medio fue testigo de la situación que vive la familia del ministro. Con su anuencia, el autor de esta nota simuló ser un electricista a cargo de un problema hogareño para presenciar el asombroso desdoblamiento que padece el funcionario.

Fue justo el viernes por la noche, cuando Soto volvía del ministerio después de la accidentada incursión por la Legislatura, donde fue interpelado por la oposición en un contexto de duros enfrentamientos entre manifestantes docentes que querían repudiar al funcionario y policías que impedían que ingresaran a la sede parlamentaria.

Soto llegó de saco y corbata, gesto agrio, y saludó a su esposa e hijos. Luego se perdió por un pasillo, para regresar minutos después con una camiseta estampada (con el rostro de Mao Tse Tung), pantaloncito playero y ojotas flúo.

Se sentó a la mesa, donde la familia comenzó a dar cuenta de milanesas de pollo acompañadas de ensalada rusa ("soviética", dijo él). Tomó el control remoto de la TV y elevó el volumen. Pasaban un informe sobre los incidentes en la Cámara de Diputados.

"Hijos de puta, pedimos salarios y nos dan palos", dijo entre dientes, con la mejilla izquierda inflada por un bocado demasiado grande. Quitamos de inmediato la vista del tomacorriente que fingíamos reparar. Nos encontramos con la mirada llena de espanto de la mujer del ministro.

 

Momento tenso

 

"A lo mejor no es tan así, por ahí fueron los maestros los que empezaron a agredir a la cana", dijo un joven, cuñado de Soto, invitado esa noche a la casa. "Gracias a esa manera de pensar es que nos comimos cada dictadura que hubo en nuestra historia", respondió, cortante, el jefe de familia.

En la tele aparece la imagen del ministro respondiendo a los diputados. "Bueno, sí, por ahí el gobierno se zarpa", intentó conciliar el muchacho. "¡Pero qué puta vas a conciliar si con los gremialistas tarados que tenemos no podés conversar nada!", saltó Soto, escupiendo pedacitos de pollo enrusado.

"No hablen de política, que siempre se arma bardo", pidió una sobrina adolescente. Soto soltó los cubiertos ruidosamente sobre su plato. "¡Claro, para que sin política estos funcionarios de mierda que tenemos nos hagan bolsa y nos puedan seguir cagando a patadas!"

"Muy rica la ensalada, fresquita, de acá a la vuelta es; tenés que ver qué lindos precios tienen", intentó distraer la esposa. "Lindos precios van a ser el día que tengamos salarios dignos y una escuela pública financiada, no con partidas de sostenimiento que los del ministerio las mandan cuando quieren y no alcanzan para un sorete", cruzó Sergio.

"¿Sorete no es mala palabra?", preguntó un niño de unos cuatro años que comía junto al ministro. En la TV se veía ahora la represión policial con gases. "Qué pedazos de hijos de puta, por Dios, y éstos se dicen peronistas", reflexionó Soto, su tenedor paralizado a medio camino entre el plato y la boca.

Una voz en off sigue dando datos del conflicto, mientras las imágenes editadas vuelven al interior de la Cámara y al intercambio entre el ministro y los legisladores. "Qué oposición porongosa, carajo, así no se puede gobernar. Y encima un pueblo de mierda. Palos en la rueda por donde mires", comentó él.

"Es que la gente es bruta, mala leche, acá todo el mundo quiere ganar el sueldo de un jeque árabe laburando como un mantenido paraguayo", dice un chico de unos 15 años que hasta allí había permanecido callado.

Soto salta de la silla. "¡Reaccionarios, me tienen podrido, mañana me pongo de nuevo a hacer huelga de hambre, me voy a encadenar a las llantas del auto de Capitanich, hijos de puta, chorros, fachos!!"

Los demás intentan calmarlo. Soto está fuera de sí. Me corto el dedo con el buscapolos. Del patio entra un perrito con ladridos insoportables, el ministro sigue maldiciendo, una espuma blanca surge abundante de sus comisuras, las sillas caen, las botellas se vuelcan sobre la mesa, los gritos de todos se arremolinan y rebotan en los pechos.

La puerta estalla. Un grupo de infantería la derriba a patadas e irrumpe aparatosamente en el hogar. "¡Acá, acá, reprímanme, reprímanme por quiombero de mierda!", exige Soto, que es obedecido de inmediato, con gran generosidad por parte de los uniformados.

Llueven palos sobre la espalda del exsindicalista, que se dobla sobre el suelo. Le tiran gases, le sueltan unos ovejeros alemanes que la mastican los brazos, le patean las costillas. Entre el humo y el fragor, le vemos la mitad de la cara que aprieta los dientes y putea, la mitad de la cara que ríe.

 

 

.

 

Comentarios   

 
0 #2 RAR 09-04-2013 09:02
En la Sopapa del domingo no salió nada referido al enfrentamiento de los docentes con la policía en la legislatura.
¿censura?
¿autocensura?
¿Se buscó contribuir a la paz social?
¿Se siguió el consejo de Lenín: A veces conviene dar un paso atrás para después dar dos pasos adelante?
¿MA juega para el FPV?
¿Se tuvo en cuenta las pautas publicitarias?
¿MA tiene línea directa con Bergoglio?
Hago estas preguntas pero me parece que la respuesta del otro lado será igual para todas:
Aparentemente.....

A: Aparentemente esa indigna sección de diario Norte se cierra los jueves porque se imprime los viernes. Pero seguro que tienen pauta.
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0 #1 Ramoncito 08-04-2013 08:13
El masoquista le dijo al sádico: "Pegame". Y el sádico le dijo: "No".
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