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Noche en el Chaco

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‚ÄúA este no le den agua‚ÄĚ, dec√≠a el carcelero. El otro en la celda, se sobrecog√≠a de espanto. ¬ŅPor qu√©?¬ŅTan duras pod√≠an ser algunas horas de sed? No, no era eso. Interrumpir el suministro de agua significaba que al elegido le esperaba la picana, un placer del torturador que requer√≠a deshidrataci√≥n para reducir los riesgos de un final anticipado por paro card√≠aco de la v√≠ctima.

El cautivo buscaba la manera de evadirse de ese futuro inmediato, pero era imposible. Los gritos de los que ya estaban estremeci√©ndose bajo las manos de los ‚Äúespecialistas‚ÄĚ de la Brigada de Investigaciones de la Polic√≠a del Chaco hac√≠an vivir el horror antes, durante y despu√©s de cada cita con la punta electrificada.
As√≠ se viv√≠a en los centros de detenci√≥n de la provincia, repitiendo historias que marchaban de igual manera y al mismo tiempo en todo el resto del pa√≠s desde el 24 de marzo de 1976, la fecha del golpe de Estado que abri√≥ la √ļltima dictadura militar.


Siete a√Īos despu√©s, se restablecer√≠a el Estado de Derecho. En el Chaco quedaba para siempre la b√ļsqueda de 50 desaparecidos y los traumas de unos 1.000 presos pol√≠ticos. La herencia inclu√≠a tambi√©n un sistema cooperativo quebrado y una herramienta financiera crucial, el Banco del Chaco, vaciada por los amigos del r√©gimen.

La selección

El golpe del ‚Äė76, que encaram√≥ a la junta militar presidida por Jorge Rafael Videla en la conducci√≥n del pa√≠s, puso como interventor en el Chaco al general Antonio Fracundo Serrano. El ej√©rcito, en combinaci√≥n con la plic√≠a provincial, diagram√≥ el plan represivo que segu√≠a las l√≠neas nacionales. Tambi√©n aqu√≠ el principio fue la cuidadosa selecci√≥n de las v√≠ctimas del plan de exterminio que hab√≠a iniciado el gobierno de Mar√≠a Estela Mart√≠nez de Per√≥n.


Con la dictadura instalada, hubo piedra libre para avanzar sobre los que figuraban en las listas negras de la Triple A y de los ‚Äúcomandos de organizaci√≥n‚ÄĚ, que tan buena salud hab√≠an mostrado en la provincia.
En el Chaco, con el golpe, el aparato represivo sólo cambia de mando, porque se mantiene la coordinación que ya se había exhibido desde 1974, cuando la ultraderecha peronista buscaba terminar con Montoneros y las demás organizaciones de la ultraizquierda.


Tras el golpe, 1.000 presos pol√≠ticos llenaron las c√°rceles y alcaid√≠as,¬† y los diarios daban cuenta de la cotidiana muerte de ‚Äúsubversivos‚ÄĚ en enfrentamientos que, curiosamente, terminaban sin heridos en las ‚Äúfuerzas conjuntas‚ÄĚ.


‚ÄúEl comando de la Zona 2 comunica a la poblaci√≥n que como consecuencia de la prosecuci√≥n de las operaciones iniciadas el d√≠a 13 de diciembre, a ra√≠z del ataque a una columna militar sobre la ruta nacional n√ļmero 11, en proximidades de Margarita Bel√©n, (...) fueron abatidos en otro enfrentamiento dos delincuentes subversivos. No se registraron bajas en las fuerzas conjuntas. Una vez m√°s se agradece a la poblaci√≥n el apoyo prestado, el cual facilita considerablemente la ejecuci√≥n de las operaciones en desarrollo‚ÄĚ, dec√≠a un comunicado oficial reproducido por el diario El Territorio.


La publicación fue el 15 de diciembre de 1976, dos días después de que se consumara la masacre que convirtió a Margarita Belén en un paradigma de la represión ilegal en el Nordeste. Al menos veintidós presos políticos fueron ejecutados allí tras toda una noche de torturas y antes de un asado que habría congregado a los ejecutores de la matanza.


Los servicios de inteligencia del ej√©rcito y los investigadores de la polic√≠a chaque√Īa confeccionaban las listas de detenidos, que en su mayor√≠a fueron alojados en la Unidad Penal 7 (la U-7) de Resistencia, donde 600 presos pol√≠ticos llenaron varios pabellones.


‚ÄúAh√≠ se la pasaba relativamente bien. Quiz√°s porque el personal de la penitenciar√≠a era gente vieja, que ya ten√≠a una formaci√≥n y no se tragaba todo el discurso de los militares‚ÄĚ, analiza hoy Santiago Almada, un habitante de las c√°rceles de la dictadura.


Una lectura que un sector de los presos del r√©gimen militar hace retrospectivamente es que la represi√≥n en el Chaco tuvo caracter√≠sticas menos terribles que en Buenos Aires o C√≥rdoba porque aqu√≠ el mando qued√≥ a cargo de un ala ‚Äúblanda‚ÄĚ de las Fuerzas Armadas.


Incluso, anotan la masacre de Margarita Bel√©n como un operativo diagramado por este grupo militar a modo de represalia por un ataque extremista en el interior provincial que provoc√≥ v√≠ctimas y que se mantuvo en secreto. Seg√ļn esta visi√≥n, matanza tambi√©n peretendi√≥ evitar una avanzadada de los duros del sur.

Noche sin fin

Pero a√ļn la supuesta blandura de los jefes locales de la represi√≥n representaba un piso de tragedia e infierno. Se torturaba, vejaba y mataba, mientras Serrano desplegaba adentro y afuera el delirio publicitario del Chaco Puede.


Los afiches y tandas televisivas, que incluso ocuparon los canales porte√Īos, mostraban una profvincia que de repente se convert√≠a en potencia. En realidad, entraba en un quebranto que a√ļn hoy carece de salida.
El Banco del Chaco inició una política crediticia que dio lugar a un festival de préstamos que fluyeron hacia empresas fantasmas conformadas en muchos casos al sólo efecto de tomar esos rempréstitos que nunca serían recuperados. La entidad entregó 300 millones de dólares en ese ciclo generoso que la llevará a la quiebra ya en plena democracia y que generará una casta de nuevos ricos.


La investigaci√≥n que la Legislatura hizo del caso a mediados de los ‚Äė80 determin√≥ que se prestaba a√ļn cuando las empresas no presentaran garant√≠as que tuvieran relaci√≥n con los montos en juego. Se lleg√≥ hasta a conceder un cr√©dtio de 2 millones de d√≥lares a una compa√Ī√≠a que s√≥lo hab√≠a solicitado 1 mill√≥n. Se supo que algunas operaciones se cerraban por tel√©fono.


Una parte del dinero del vaciamiento fue a parar a cooperativas cuyas conducciones hab√≠an sido copadas por los c√≥mplices civiles del poder militar. Una vez que cobraban el dinero, los vaciadores dejaban quebradas las entidades. Se fundi√≥ al banco, y al mismo tiempo se dej√≥ a todo el sistema productivo primario en el plato de los grandes monopolios. La estructura social, con 25.000 peque√Īos productores librados a su suerte, cambi√≥ dr√°sticamente.


El Chaco Puede, luego el Mundial de F√ļtbol del ‚Äė78 y el silenciamiento de la prensa acallaron cualquier intento de aparici√≥n de la realidad en el centro del escenario. Los gritos de los torturados tampoco se escuchaban, aunque la picana funcionba d√≠a y noche a 30 metros de la Casa de Gobierno.
Uno de los principales centros de violaciones a los derechos humanos fue el edificio de Marcelo T. de Alvear 80, donde luego funcionar√≠a la Administraci√≥n del Agua y hoy la Casa de la Memoria. All√≠ operaba una minalcaid√≠a policial con la c√©lebre ‚Äúsala negra‚ÄĚ, llamada as√≠ porque los detenidos esperaban con los ojos vendados la hora de ser torturados o golpeados.


La rutina tenía pocas variaciones: trompadas, patadas, picana y más golpes, para romper la tensión muscular que generaban las descargas eléctricas. Una vez aflojada la carne de la víctima, más picana.
Son los a√Īos de oro de torturadores como los oficiales Ram√≥n y Francisco Rodr√≠guez Valiente, Ricardo Yedro, Gabino Manader, Carlos Silva Longhi, Lucio Caballero, Jos√© Mar√≠n, Ram√≥n Meza o Jos√© Mar√≠a Cardozo, entre tantos otros repetidos en los testimonios recogidos a partir de 1984 por la Comisi√≥n de Derechos Humanos creada en la Legislatura.


En el interior, los mecanismos para ‚Äúquebrar‚ÄĚ a los detenidos eran mucho m√°s feroces. Los torturadores se ensa√Īaban especialmente con los campesinos que hab√≠an osado simpatizar con las ‚Äúligas agrarias‚ÄĚ que les dec√≠an que ten√≠an derecho a no ser expoliados.


Los vejámenes en la capital solían tener el control personal del comisario Carlos Alcides Thomas, jefe de la Brigada de Investigaciones de la Policía del Chaco, y -a juzgar por los testimonios de los sobrevivientes- algo así como el Ramón Camps local.


Algunos presos reconocen en aquellas sesiones de tortura la presencia también de Wenceslao Ceniquel, jefe policial de entonces. El y Thomas actuaban coordinadamente con los jefes regionales del ejército, como el general Cristino Nicolaides, el coronel Alcides Larrateguy, el teniente Martínez Segón o el coronel Baguear.


En las denuncias recogidas por la investigaci√≥n parlamentaria tambi√©n se acusa al ex juez federal Luis Angel C√≥rdoba de haber disfrazados de legalidad los infiernos de las ‚Äúsalas negras‚ÄĚ y a√ļn matanzas como la de Margarita Bel√©n. Uno de sus secretarios, Jos√© Flores Leyes, tambi√©n es mencionado en este rol. Luego fue fiscal, y hoy est√° imputado en la ‚ÄúCausa Caballero‚ÄĚ sobre la represi√≥n ilegal.


Sin redención posible,  sin ley, sin justicia, con la prensa silenciada, los cautivos de la dictadura no tenían salida. Cuando oían al acordeón del cabo Sotelo sonar para tapar los gritos de los atormentados, sólo podían esperar. Esperar una liberación milagrosa, la muerte, o el fin de la noche infinita.  

 

Comentarios   

 
0 #3 cft 25-03-2009 01:22
Mi padre siempre cuenta que una vez saliendo de trabajar de la municipalidad de resistencia muy cansado por la tarea laboral decidio sentarse en la plaza casi en frente del centro de tortura, y un militar que custodiaba la entrada creyo que el se sento para mirar lo que hacian y llamo a otro de sus compa√Īeros y lo llevaron detenido a mi viejo lo pusieron en una fila que aparentemente era la fila para la tortura pero safo debido que el que pasaba lista era conocido de mi abuelo y haciendole se√Īa a un oficial dijo que a el no que lo apartasen fue entonces cuando mi viejo dice que salto en limpio el muro que hasta escapar por donde hoy esta el estacionamiento de la esquina...obvio que lo dejaron escapar... y bueno safo de la tortura solo por quedarse a descansar en la plaza.
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0 #2 DOSSO MILA 24-03-2009 19:37
Excelente rese√Īa, Sergio Shneider.

Me permto sumar las graves secuelas que el Terrorismo de Estado dejó en la sociedad argentina, en su imaginario colectivo, en sus prácticas políticas, sociales y culturales y en las formas de pensar su pasado y de pensarse a sí misma.

La trituradora terrorista que significó el proceso militar de 1976-1983, fue el inicio de la ola neoliberal que reestructuró la economía nacional.

Se desmanteló la industria local y cambió el modo de acumulación a través del sistema financiero.

La pujante industria nacional fue arrasada y la matriz productiva dio una vuelta de campana: los créditos ya no fueron para la producción, sino para alimentar la timba financiera.

Cambiar el modo de acumulación económica fue el verdadero objetivo.

La instauraci√≥n de este nuevo r√©gimen de acumulaci√≥n se enclav√≥ en una organizaci√≥n productiva a nivel internacional, de car√°cter neoliberal, que acab√≥ con la econom√≠a mundial heredada de la posguerra, la que generalmente se considera la ‚Äėedad de oro‚Äô del capitalismo.

El nuevo modelo, que poco tenía que ver con el desarrollo de la economía real, trajo la novedad de que el endeudamiento ya no sería para inyectar fondos a la compra de maquinarias o de insumos para la producción. Los préstamos tomados terminaron aceitando la ruleta financiera.

Produjo el auge de la especulaci√≥n financiera de peque√Īos grupos nacionales asociados a capitales internacionales y a corporaciones transnacionales , que obtuvieron grandes beneficios. El capital obtenido fug√≥ al exterior y las deudas se transfirieron al Estado.

Aument√≥ la inflaci√≥n, la deuda externa creci√≥, no se realizaron inversiones productivas significativas, se congelaron los salarios y la riqueza se concentr√≥ en un peque√Īo sector.
La actividad agropecuaria disminuyó y se desalentó la producción ya que la especulación producía mayores ganancias en plazos más cortos.
Disminuyó el presupuesto destinado a la salud y a la educación.
Se privatizaron empresas dedicadas a la siderurgia y el petróleo, que eran las que daban ganancias al Estado.

La participaci√≥n en el ingreso de asalariados, peque√Īos y medianos empresarios se hizo inexistente. No se cumpli√≥ con el objetivo de ‚Äúrestaurar el orden en la econom√≠a‚ÄĚ.

Sus consecuencias contin√ļan hasta nuestros d√≠as. La desmovilizaci√≥n que qued√≥ como secuela del terror primero, de las claudicaciones de Alfons√≠n a pesar de que contaba con el apoyo del pueblo, de la traici√≥n de Menem- tambi√©n apoyado por el pueblo- al ideario peronista; de la connivencia de vastos sectores sindicales con las privatizaciones ; crearon el desaliento y la no participaci√≥n.

La renovaci√≥n en el terreno pol√≠tico s√≥lo pas√≥ y pasa por cambiar de lugar a las mismas caras de siempre, y por incorporar las denominadas ‚Äúcaras nuevas‚ÄĚ pertenecientes a j√≥venes supuestamente ‚Äúbrillantes‚ÄĚ adictos al sistema neoliberal.

Sin esforzarnos mucho encontramos dentro de esta categor√≠a a Domingo Cavallo -en su momento- aunque era una cara vieja y olvidada perteneciente a la √ļltima dictadura; o el m√°s reciente Mart√≠n Redrado, de ‚Äúlucida‚ÄĚ actuaci√≥n durante el menemato, y resucitado, muerto y sepultadoen su momento por el actual gobierno.

Son personajes a los que Arturo Jauretche llamar√≠a ‚Äúfigurones‚ÄĚ y dir√≠a de ellos en su libro ‚ÄúLos profetas del odio y la yapa La colonizaci√≥n pedag√≥gica‚ÄĚ: ‚Äúlo que nos interesa es que aqu√≠, entre nosotros, son piezas de un sistema y que el sistema construye los figurones deliberadamente para la funci√≥n colonizadora. Y si no: ¬°mostradme uno solo, uno solito, una mosca blanca, que tenga posici√≥n nacional una vez que ha llegado a ser mascar√≥n de proa!‚ÄĚ

La sociedad argentina, a√ļn en democracia, no ha podido superar la ideolog√≠a impuesta por la dictadura; el neoliberalismo que nos llev√≥ a la destrucci√≥n econ√≥mica nos da√Ī√≥ aun m√°s como seres humanos, porque dej√≥ en claro que para sobrevivir hay que ser c√≥mplices del sistema con su legi√≥n d desocupados, excluidos, hambreados...

Si bien la econom√≠a crece y con ella el producto bruto, sus beneficiarios tienen nombre y apellido de antemano. Ya lo dijo el ministro An√≠bal Fern√°ndez: ‚ÄúMejorar la distribuci√≥n de la riqueza es impracticable‚ÄĚ

Y como somos obedientes y disciplinados desde el 76, es posible que por un largo tiempo dejemos que protesten otros.

Y aqu√≠ viene a cuento evocar las palabras de Martin Luther King: ‚ÄúTendremos que arrepentirnos en esta generaci√≥n, no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena‚ÄĚ.

(Intenté sólo una apretada síntesis, quizás plagada de omisiones)
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0 #1 Waldo 24-03-2009 15:48
Nuestra más ruda y reciente historia argentina, no debemos olvidar, ese es nuestra obligación.

Me toc√≥ vivirlo en los √ļltimos a√Īos de la primaria y primeros de la secundaria, mi familia es una de las que por suerte no tuvo desaparecidos ni torturados, as√≠ que mi recuerdo m√°s v√≠vido es la placa en la tele mostrando una mano sosteniendo una antorcha y la voz que dec√≠a "Comunicado n√ļmero...", el verla me daba cosa, una sensaci√≥n extra√Īa, no recuerdo mucho.

Cuento, sin √°nimo de desvirtuar el tema ni de minimizarlo, que un d√≠a se me ocurri√≥ dibujar con una tiza en un vidrio del colegio una de esas manos sosteniendo la antorcha, casi me linchan cuando la vieron, me recagaron a pedos, me hicieron limpiarla y que no lo vuelva a hacer, el julepe que me dieron creo que a los 14 a√Īos hasta ahora lo tengo grabado.
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