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Averno Pub - Mesa 31: ¿Qué paliza o sanción te acordás de cuando eras pibe?

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Cuando éramos pibes, no había tanto psicólogo en la tele diciendo que si el nene le prende fuego a la casa, hay que hablarle en lugar de agarrarle el cuello con las manos. En aquellos tiempos, las metidas de gamba o las travesuras se pagaban en tongos contantes y sonantes, algún que otro cintazo o sanciones varias.

Vos, ¿te acordás de alguna en particular?¿En qué consistió?¿Cuál fue la cagada que te mandaste?

 

Comentarios   

 
0 #9 Mildredgaula 09-06-2009 09:22
Recuerdo una vez en la que mi madre regaba su Huerta (ojito con los comentarios) había una planta de pomelo al que mojó su tronco y yo molestando con querer subirme allí.......tras advertirme por largo rato que no lo hiciera ya que al superficie del árbol estaba mojada y me resbalaría..le hice caso he intenté subirme, digo "intenté" porque tras agarrarme de la rama mas bajita, plafff!!! al suelo, dicho y hecho, descubrí que la combinación de zapatillas + corteza mojada = caida asegurada, ensima que me dí un porraso ..la vieja me dió flor de chirlo que cuando recuerdo elepisodio me duele..asi aprendía a ahcerle caso a mi dulce madre, lamentablemtabl emente descubrí la fuerza que tenía en sus brazos, terriblemnete superior a Mario Baracus! ..en fin.....cosas qeu uno recuerda y se me pianta un lagrimón.


Creo que la otra anécdota es como Padre de familia, tenía un problemita similar a bat kal con mi hijo que no quería tomar los me medicamentos y cuando lo hacía, inmediatamente vomitada; la solución: amenazarlo con hacerle tragar su vómito (poniendo cara de malito yo) santo remedio! no solo no vomitó, se mejoró en tiempo récord! .

P.D: ahora Sergio te aviso que hay un proyecto de Ley en el Congreso de la Nación en donde se sanciona gravemente a los apdres que "maltratan" a sus hijos, por "maltratan" entiendase dar chirlos a los chicos..una vez escuché decir a un Psicólogo que " un chirlo dado a tiempo, es mejor que cualquier cosa y nos ayudará cuayndo sea el momento con los límites"....de prosperar esta ley, la pucha con los otros tiempos!!! que pensará el Tío Adolf?

ADMINISTRADOR: Pucha, si seguimos así, hasta van a prohibir la tortura psicológica con el cuco.
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0 #8 Matecocido 06-06-2009 11:10
Buéh.. después de pensarlo y pensarlo... no me acordaba de ninguna "tongueada" digna de contar, y seguía pensando... y me acordé de "cagadas" infernales de mi parte (alguna ya la conté acá)... la cosa es que se me planteó un dilema: o mis viejos eran boludos o... claro.. y ahí si me acordé!!!
Tengo 4 hermanos mayores (pero mayores mayores).. digamos.. soy el "forro pinchado" de la familia.. entonces, cada vez que me mandaba una travesura infantil, digna de merecer una tongueada, o un chancletazo con las "Hawaianas" (esas que te dejaban en la piel un bajorrelieve con los rombitos de la suela), tenía 4 "defensores" que la ligaban antes que yo.. para cuando me tocaba a mi, la mano ya estaba cansada!!!! Sobre todo mis 2 hermanas, que se interponían valientemente!!!
Y de las penitencias.... miles!!! pero como los viejos laburaban los dos, al final ganaba por cansancio y zafaba.
Que lo parió!!!

ADMINISTRADOR: Los únicos privilegiados son los niños (menores).
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0 #7 El correctivo de mi vida 03-06-2009 02:23
Hace unos días que vengo pasando por alto este topic porque soy de los que construyeron su personalidad recibiendo y eludiendo palizas. Son muchísimas más las que evité, tengo que decirlo, pero acá las que importan son las otras, de las que tengo un acopio que mamita querida.

La primera que recuerdo no fue una paliza sino una humillación, esas cosas que te hacen como “pa’ que aprendas” y de las que deberían arrepentirse. Yo tendría unos tres años y me había cagado encima; supongo que o estaba enfermo o celoso por el advenimiento de alguno de mis seis hermanitos (no nacieron todos juntos como lechones, aclaro, pero cada año aparecía uno nuevo y yo ya era como un pariente medio lejano que andaba por la casa sin una identidad precisa ni mucho que hacer).

Como sea, la vieja me sacó el calzón cagado, lo puso debajo de la canilla del lavatorio y me hizo agarrar los soretes con las manos y apretarlos, mientras me repetía, gritando como una posesa: “¡Nunca más te vas a cagar encima!”

Todavía tengo la imagen de la mierda saliéndome entre los dedos como la masa esa de los juguetes para hacer fideítos.

Después de toda una vida de dolores de panza, recién a los 18 logré neutralizar el efecto de ese recuerdo. Supongo que aprendí en carne propia lo que sienten algunas mujeres (viste que a las minas les queman la cabeza con cuestiones escatológicas y después 3 de cada 5 son estreñidas, según las amigas de Pancho Ibáñez que explican el funcionamiento del Serecol y Más-Cacol y todo eso con fibra para regularizar el tránsito intestinal). Hará unos 15 años, entonces, dejé de cagar a escondidas. Fue un día glorioso y Dios tuvo mucho que ver en eso.

No sé si alguna vez lo conté acá, pero la solución vino de la mano del hermanito de una novia de esos tiempos. Quería que yo fuese su padrino de confirmación –el pibe, no mi novia–, y yo le dije que sí. Unas semanas después apareció vestido de muñeco de torta y me dijo vamos a la iglesia y yo le dije Ok, vamos.

Aparte de mi cuñadito estaban El Muerto, que era uno de sus hermanos mayores (o sea otro cuñado más) y un pibito que yo no veía muy seguido pero que también era hermanito de mi novia, o sea un cuñadito en sí mismo, de forma tal que éramos cuatro: dos padrinos y dos ahijados. Aclaro esto porque mi novia era la única mujer entre once hermanos varones.

Una cuadra antes de llegar a la Iglesa había un bar. No sé si se llamaba “El Águila” pero era de ese estilo, con viejos adentro que parecían muñecos de cera, cosas de madera oscura, una tele apagada y una radio en la que se oía “El rotativo del aire de Radio Rivadavia”, y después unos tangos y esas cosas. El mozo era un viejo pelado que a los dos más grandes (a El Muerto y a mí) ya nos conocía.

Nos sentamos y hablamos con los pibes como si fuéramos los viejos de la tribu, como si estuviéramos preparándolos para un rito de iniciación, cuando todo lo que tenían que hacer era entrar a la iglesia y comer la hostia y persignarse y mirar con cara de pelotudos a los parientes que les sacaban fotos y poner cara de monaguillos de dudosa sexualidad para que el cura los eligiera como sus preferidos.

Mientras les explicábamos estas cosas nos tomamos unas copitas de licor (caña Legui, para más precisiones), y después unas cuantas cervezas. Cuando ya había pasado un tiempo apareció mi novia, escandalizada, y nos advirtió que ya todos estaban desfilando por el pasillo patibulario del medio, el que te lleva directo al cura, y nosotros teníamos secuestrados a estos dos pelotudos.

La hago corta: los dos padrinos y los dos ahijados estábamos completamente en pedo. Me acuerdo que me asomé a la calle desde la entrada del bar y vi la Iglesia de la Merced en toda su imponencia elevándose como si quisiera atravesar las nubes, con esos cosos medio góticos que les ponen en la punta y las campanas y demás, y sentí que me cagaba encima, que respiraba y me cagaba.

Hasta entonces siempre lo había hecho en lugares muy pero muy privados, lejos de la presencia de extraños y después de un ritual de horas de concentración (recuerden el origen de mi trauma), pero sentí una necesidad tal que me olvidé de todo, empujé la puerta vaivén de una patada, me bajé los lienzos, separé las piernas para apuntarle al inodoro turco enlozado y estrenado por algún parroquiano un rato antes, y lo hice. ¡Lo hice! Encima fue una de esas descomposturas de alcohol que explotan. No les puedo explicar el placer que sentí. Estaba rompiendo una maldición.

Y bueno, con esa cara entré a la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, con El Muerto y mis otros cuñaditos, apenas me enjuagué las manos en esa concha de yeso en la que ponen el agua bendita, y crucé el pasillo del medio, borracho pero con la dignidad de haber ganado una batalla milenaria, hacia el altar donde había que comer la hostia y decir Amén.

ADMINISTRADOR: Maravilloso relato. Y qué genial sería que los de Huggies se animaran a hacer una publicidad televisiva con esto.
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0 #6 emegé_bis 02-06-2009 12:59
Mis viejos jamás me pegaron,ni despacito ni fuerte ni nada.Y eso que en los años de mi niñez "cobraba" todo el mundo,pero eran enemigos de cualquier "emoción violenta" sobre los niños y lo sostenían con el ejemplo a pesar que no éramos santitos.Pero cuando yo tendría unos 5 años,mi mamá,harta de que su nena de vez en cuando se hiciera pipí en la cama me amenazó: "la próxima vez voy a ventilar el colchón en el balcón,así ven todos los vecinos".Y hubo una próxima vez...en la que ¡cumplió!,la muy mala.Ya pasaron 40 y tantos laaaargos años pero tengo grabadísima la humillación que sentí,la indiferencia aparente de mi vieja ante mi llanto desconsolado,mi s ruegos y mi juramento que no la iba a querer más.Pero que fue efectivo....fue efectivo.Les puedo asegurar que fue la última vez que tuve un "desliz" de esos.Má qué psicología ni psicología!!!
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0 #5 Gibu 02-06-2009 12:38
una en que habré tenido 3 o 4 en la que como me retaron mucho, yo, indignada, me encerré en el baño con llave y después no podía habrir la puerta... y era domingo al mediodia asi que no era fácil de encontrar cerrajeros 24 horas -como ahora-.
Entonces le fuimos a pedir al cerrajero de la cuadra, el hijo de puta que anda en moto por la vereda, del que ya hablé en algún momento, y el reverendo hijo de puta -digo esto porque su madre fue la primera que se negó a conseguir un cerrajero- no quiso hacernos el favor de abrir la puerta del baño...

me acuerdo esa, y una de más grande, que insulté a mi madre y me pegó una cachetada... la única vez q me pegaron... pero ya tenia como 11 o 12
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0 #4 bat kal 02-06-2009 09:36
yo voy a contar una como hija, y otra como madre.
Como hija la peor paliza fue cuando le rompí un par de hojas a la Humor de mi papá...todavía me acuerdo su indignación!
Como madre, mi hijo el mayorcito era de vomitar por cualquier pelotudez (tipo algo sólido en el puré, o algo verde símil verdura). Con toda pedagogía le grité, en medio de una arcada: "si vomitás te comés el vómito!¡Probame y vamos a ver si es cierto!", y nunca más vomitó. Ya le pagaré el psico.
...yo quedé impactada en lo que uno se puede convertir...
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0 #3 Blanca y Alvina 02-06-2009 03:46
Yo recuerdo que mi vieja nunca nos levantaba la mano pero su "retorica" era tan pero tan efectiva que nunca nos olvidabamos lo que nos decia, ni intentar decirle que otro/a habia hecho o le habia pasado lo mismo que a nosotros porque su latiguillo "yo no soy la mamá de fulana/o" era fulminante
De mi viejo me acuerdo un día que por capricho no quise comer el postre, era gelatina, me apreto la nariz para que abra la boca y me la dio a cucharadas y otra vez que también caprichoso - por ser el menor - me metio debajo de la ducha fria y con ropa, como para que aprenda
Y si aprendí,
Saludos
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0 #2 Celestita 02-06-2009 00:27
Hola a todos!!! Ya volví!
Estuve un mesesito ausente ya que me dí el gustazo de ir a Resis y vaguear. Pero ya regresé y me instalé de nuevo en mi barrio madrileño a contemplar el verano en las terrazas... Y echaba de menos al Angaú! No sé por qué pero no lo leí durante esa estadía en llanuras chaqueñas, aunque bien pudo ser porque mi querida madre monopolizó mis horas...
En fin, ella protagonizó la paliza más memorable de mi infancia. Y el motivo sigue abajo:

Cuando vivíamos en el Impenetrable, solíamos escaparnos, mis hermanos y yo, al monte con unos amiguitos criollos que nos acompañaban en las excursiones a la laguna y al riachuelo que corría cerca (bueno, cerca en el monte es a unos 700 metros). Ese riachuelo hacía una curva cerrada de casi 45 grados, y en la sequía del invierno bajaba el caudal tanto que esa curva se quedaba seca en su orilla externa. Se llegaba al riachuelo desde una barranca, y con mis hermanos, cuando vimos ese lecho seco con las cascaritas del barro levantadas hacia el cielo, no se nos ocurrió mejor idea que tirarnos en carrera por el sendero con la idea de ir a pisar esas cascaritas ( ¿por qué gusta tanto pisar hojas secas y cortezas de barro reseco?). Los criollitos atrás nos gritaron de todo para que no lo hiciéramos, pero llegamos antes de escucharlos bien...

Fuí la primera en meterme a la carrera... y en vez de oír el "crack, crack" del barro reseco oí el "plof... plooofff..." del fango. Las cortezas o cascaritas eran sólo superficiales.. . debajo había fango, lodo, arenas movedizas, yo que sé! Y empezaron a tragarme. Detrás mío, mi hermano también se quedó atascado. Y detrás de él mi hermanita que se quedó justo en el borde y volvió sobre sus pasos. Yo movía y movía mis piernas pero nada, me hundía y me hundía! Estaba hundida casi hasta las rodillas. Mi hermano, tratando de regresar, consiguió sacar un pie y pegó un grito: al quitar el pie empezaron a salir del hueco arañitas de culo rojo, cientos de ellas! Yo miré para atrás y al ver los bichitos pegué otro grito y me desesperé. No sé cómo saqué un pie, perdiendo un zapato, y en vez de ir para atrás me moví hacia adelante. Del cagazo que tenía encima llegué a la otra orilla dando zancadas en esa cosa monstruosa, mientras mi hermano podía salir hacia atrás más fácilmente. A cada paso que dimos, del agujero que hacíamos en el fango, salían esas arañas como las hormigas cuando pisas su hormiguero.
Cuando pudimos reunirnos, los criollitos nos acompañaron, silenciosos y serios, hasta la casa. Y cuando mi madre nos vió llegar, con barro hasta las rodillas, mi hermana llorando, y descalzos (mi hermano también había perdido los zapatos), los criollitos le contaron que nos habíamos metido en "el barro de las rayas"... Porque había sido que ese riachuelo tenía rayas que en sequía se metían en el barro!!!!!
Mi madre me agarró de las orejas y me dió tremenda zapatilleada (con sus propias zapatillas), por ser la de la genial idea. Y por un mes estuvimos sin excursiones al monte.

Por supuesto, en cuanto se nos pasó el susto y el castigo, volvimos a salir, je. Así que hubo más palizas y castigos, pero ninguna como aquella vez!

ADMINISTRADOR: ¡Que historia, Celestita! Bienvenida de regreso. Te cuento que se dijeron muchas cosas de vos en tu ausencia, y que más de cuatro te rastrearon por Resistencia con aberrantes intenciones.
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0 #1 Gigí. 01-06-2009 11:38
fueron tantas que habría que especificar rubros... guarda!!! tengo 75 pirulos!!! y mi viejo era milico... buaaaaaaaa!!! me acuerdo y shoro...

ADMINISTRADOR: ¿En serio tenés 75? Si es así, casi casi podríamos nombrarte patrona del portal, con todo gusto.
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