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Zona Lectores: La Navidad de Juanita

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Hac铆a alg煤n tiempo que no asomaba a mi memoria la imagen de Luigi Scotto, el extraordinario reportero gr谩fico cuyas im谩genes fueron la carta de identidad de El Diario de Caracas durante al menos un par de a帽os: los que van de 1979 a 1981. Scotto lleg贸 a El Diario con una colecci贸n de las fotos que los jefes de redacci贸n convencionales desechaban, arroj谩ndolas a los cestos de desperdicios. La imaginaci贸n amaz贸nica de Luigi deb铆a de provocarles v茅rtigo. Y en verdad, 茅l hab铆a aprendido en las mismas selvas del Amazonas a desde帽ar los lugares comunes y a registrar s贸lo aquellos donde la realidad se pliega. Luigi se hab铆a casado en el Amazonas con Irena, una india makiritare con la cual tuvo una hija bell铆sima de ojos azules y rasgados, por la ascendencia v茅neta del padre y por la belleza oscura de la madre. La ni帽a se llamaba Juana y gracias a ella Luigi ha regresado a m铆 con uno de los cuentos de Navidad m谩s conmovedores que conozco.



A mediados de diciembre llev贸 a Juana al Parque del Este y la hizo pasear en un poni del que la ni帽a no quer铆a bajarse. D铆as m谩s tarde recibi贸 una carta llena de dibujos de amor en la que Juanita le ped铆a un poni como regalo de Navidad. Luigi le pregunt贸 a su mujer qu茅 hacer. Irena era una india muy sensata, en cuyo juicio el fot贸grafo confiaba ciegamente. Cuando averiguaron cu谩nto pod铆a costarles el regalo, desecharon la idea de inmediato. La madre quiso saber si a Juanita le daba lo mismo una gran foto de un poni tomada por su padre, o al menos uno de esos ponis de madera que se venden en las jugueter铆as. La ni帽a no acept贸 sustitutos. Llorando sin consuelo se quej贸 de que sus padres la hubieran llevado a pasear por Parque del Este. "驴Para qu茅?", dijo. "Ahora que se dej贸 montar por m铆, quiero ese poni. El ya sabe que es m铆o. No va a querer ser de nadie m谩s".

La v铆spera de Navidad, Luigi no pod铆a con su alma. La expresi贸n de desconsuelo de la ni帽a reaparec铆a en su memoria cuando ve铆a a otros padres caminando de la mano con sus hijos ante las jugueter铆as de la ciudad tumultuosa. A media ma帽ana del 24 apareci贸 en la redacci贸n de El Diario y pidi贸 un pr茅stamo de misericordia para pagar lo que le ped铆an por un poni. Era el equivalente de su sueldo de dos meses, pero estaba dispuesto a lo que fuera con tal de acallar en su coraz贸n los sollozos de Juanita.

Antes del anochecer fue al Parque del Este en busca de un paseador que le dijera qui茅n le podr铆a vender un poni. Le dio una direcci贸n en las afueras de Caracas, y hacia all铆 fue Luigi, pero el due帽o del animal resisti贸 sin la menor compasi贸n todos sus intentos de regateo y sus declaraciones de pobreza. Le dijo, con raz贸n, que el poni le daba de comer y que no sabr铆a qu茅 hacer si se desprend铆a de 茅l.

Desolado, Luigi regres贸 al edificio de departamentos donde viv铆a, en un s茅ptimo piso de Los Palos Altos, y distingui贸 una luz en la ventana de la que deb铆a de ser su casa. Adivin贸 la cara de Juanita al otro lado, esperando con impaciencia la aparici贸n de Pap谩 Noel llevando al poni de las riendas, y no se crey贸 capaz de soportar la desolaci贸n de que lo viera llegar con las manos vac铆as.

Al d铆a siguiente nos cont贸 que estuvo a punto de echarse a llorar en la puerta del edificio. De la desesperaci贸n lo rescat贸 un vendedor de raspados (esos refrescos de esencias dulces que se venden en Caracas, mezclados con agua gasificada y hielo rallado). Fue un encuentro de providencia, porque el carrito del vendedor estaba tirado por un jamelgo que, si bien exhib铆a una piel castigada por a帽os de latigazos inclementes, ten铆a, en la penumbra, una remota semejanza con el poni de Parque del Este.

El fot贸grafo ya no dud贸. Volvi贸 a levantar la cabeza y, esta vez s铆, encontr贸 en lo alto la esperanzada mirada de Juanita. Repiti贸 todos los argumentos de la Navidad para ablandar al vendedor y convencerlo de que le cediera el poni.

La suma que le pidi贸 era inalcanzable, aun con todos los pr茅stamos que Luigi hab铆a contra铆do. Decidi贸 entonces ofrecer su c谩mara para completar el precio, y tuvo la fortuna de cerrar el trato.

No bien se sinti贸 libre de las varas del carrito, el poni se neg贸 a obedecer las 贸rdenes del fot贸grafo, y cuando Luigi quiso obligarlo a trepar los siete pisos de su departamento, tropez贸 en cada pelda帽o con una inmovilidad de acero. A duras penas lleg贸 a las puertas de su casa y por fin, en el primer minuto de felicidad del d铆a, vio que Juanita le abr铆a los brazos, con un adem谩n luminoso.

Aun entonces, el poni se neg贸 a entrar, pero la esposa de Luigi le desliz贸 algunas 贸rdenes en la oreja que lo amansaron de inmediato.

-Hay que pasarle un cepillo para limpiarlo y ponerle una cinta de regalo. No puede estar dentro de la casa hasta que no sepamos c贸mo se comporta. Podr铆a darle a la ni帽a una patada traicionera.

-驴Por qu茅 har铆a eso? Es un animal d贸cil, tan manso como los bambis del Parque.

-No todos los bambis son mansos -le replic贸 la india, que ten铆a a帽os de familiaridad con los animales silvestres.

Y luego dej贸 caer una frase que se abati贸 sobre Luigi como un latigazo:

-Adem谩s, lo que trajiste no es un poni. Es una mula.

El fot贸grafo observ贸 bien al jamelgo y al instante se dio cuenta de su error. Lo hab铆an confundido la fuerza de su deseo, los esperanzados ojos de Juanita en la ventana y la penumbra de la ciudad enfebrecida por la inminencia de la Navidad.

Al d铆a siguiente, cuando volvi贸 a El Diario y nos cont贸 la historia, lo abrazamos para tranquilizarlo y estuvimos a punto de pedirle que se olvidara de sus deudas. Pero 茅l no dejaba de repetir:

- 驴C贸mo pude confundir un poni con una mula? 驴C贸mo pude ser tan idiota?

-Sos lo contrario de un idiota, Luigi -le dije-. Te pasan las cosas porque est谩s acostumbrado a ver antes que nada los dobleces de la realidad y una mula es justamente el animal donde la realidad se dobla. Tu hija es afortunada porque puede ver lo que nadie m谩s ve. Y si ella tambi茅n vio un poni es porque fuiste vos quien le ense帽贸 a mirar.


Tom谩s Eloy Mart铆nez

(Publicado en La Naci贸n)

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Comentarios   

 
0 #1 DanielZal 10-02-2010 08:14
"Te pasan las cosas porque est谩s acostumbrado a ver antes que nada los dobleces de la realidad" - Afirmacion que hago propia frente a la eleccion de parejas/esposas de muchos amigos y conocidos. Y conste que no dije nada de Coki.
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