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Discusiones de pareja: sus términos y alcances varían y determinan el grado de solidez o debilidad de la relación

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En cualquier pareja, las discusiones tarde o temprano llegan. Y temprano en el 97% de los casos. En el otro 3%, uno de los integrantes fallece en la primera semana de relación.

 

Pero lo concreto es que las diferencias finalmente afloran, que ya no hay mimos ni bromas que distiendan la cosa, que las voces se elevan y que se producen situaciones en las que es un poco como que no podemos evitar imaginar -con una sonrisa extasiada en nuestra cara- a la otra persona introduciéndose lentamente en una inmensa picadora de carne.

Ahora bien, hay discusiones y discusiones. No todas son iguales, y según el tipo puede saberse cuál es el grado de solidez o fragilidad del vínculo. Vayamos a los bifes (al punto central,  queremos decir):

 

El intercambio buena onda. Generalmente se da en los comienzos de la relación. Es una discusión amable, donde se respetan todos los códigos y ambos se esmeran en no provocar daños que compliquen a futuro ni inferir ofensas. Es prácticamente el único caso en el que vale aquello de "lo mejor son las reconciliaciones", porque dan lugar a gozosas empomaciones.

Los intercambios buena onda se dan dos o tres veces en una relación. Luego las discusiones ya pasan a algunas de las otras clasificaciones que mencionamos en este informe.

 

El debate de estudio. Es un tipo de discusión que cronológicamente suele seguir al intercambio buena onda. En este desencuentro ya no hay una actitud tan ingenua ni embelesada como en el caso anterior, pero sirve para obtener información valiosa.

Algunas expresiones de una de las partes, o de ambas, encienden luces amarillas que no pasan inadvertidas para quienes saben escuchar, y que deben ser cuidadosamente archivadas.

Manifestaciones tales como "al final sos como todos"; "no puedo creer cómo me cantaron la justa las chicas sobre vos cuando te estaba conociendo"; "qué boludo, cómo no le hice caso a mi vieja"; o "para qué carajo la habré colgado a Marina" marcan un punto de inflexión del que, si no se actúa a tiempo, puede no haber retorno.

 

La marcada de territorio. Capítulo en el que las partes comienzan a descreer de las vías diplomáticas y comienzan a hacer exhibión de armamento disuasivo. No ejecutan ataques totales, pero lanzan disparos de advertencia tales como "mirá, Luciana, si vos querés hablar de pasado yo puedo hablar del tuyo con fotos, videítos y todo" o "a mí me vas a escuchar, Adolfo, porque no voy a ser como todas las pelotudas a las que les cagaste la vida".

La cosa no llega a mayores, pero quedó contundentemente anunciado que se terminó el amor Sarah Kay y que de allí en más no conviene discutir en la cocina (para que no haya cuchillos a mano).

 

El ataque preventivo. Es un paso más alejándonos de la cálida luz de los inicios.

Aquí ya no basta el amague, y tras una más o menos breve guerra fría se desata un episodio francamente bélico en el que se dispara sobre blancos estratégicos del bando enemigo (sí, porque por primera vez se sienten así, enemigos).

Misiles del tipo "ahora resulta que yo tengo la culpa de que siempre te hayan colgado tras culearte" y "ya me tenés podrida con tus proyectos literarios que nunca van a funcionar porque escribís como el orto" cruzan de un lado a otro.

Las reconciliaciones, a esta altura, son empomaciones en las que no se habla, porque cada uno está pensando en lo que le dijo el otro durante la pelea.

 

La discusion AFIP. Se concentra en el pase de facturas. Pueden reflotarse hechos de años o incluso décadas atrás.

La vez que ella nos puteó adelante de todos en la pizzería, en 1972; la ocasión en que él exclamó "¡qué pan dulce, Pamela!" en el cumpleaños de la prima homónima de ella, en 1982; esa tarde de 1991 en la que ella le tiró un beso a José Luis Perales cuando apareció en un programa de Mateyko, etc, etc, etc, todo suma (y resta).

 

La conflagración. Tras una acumulación de discusiones de todos los tipos anteriores, las partes han venido desarrollando silenciosamente pero sin pausas una delicada carrera armamentista.

Él fue colectando datos clave de ella entre parientes no tan próximos, amigos en común y fuentes que conocieron sus relaciones anteriores. Ella fue leyendo artículos de psicología que cree que describen al tipo de hombre que es él, y cuenta toda la relación a sus amigas para recibir las dosis de veneno que necesita para el momento justo.

Un día, ambos se siente listos para una batalla y seguros de ganarla. Sólo falta una excusa para actuar, y la encuentran en la más mínima boludez. Por ejemplo, uno de los dos se olvida por la noche de tapar la cerveza y ésta amanece desgasificada casi por completo, lo cual -para quien sabe lo que es tomar una buena birra- es como si de repente Jesica Cirio pasara a tener el culo de Martina Navratilova.

Los reproches arrancan en bajo volumen, hasta que superan la línea roja y estallan las hostilidades.

Se descerrajan expresiones tales como "me banco que en el barrio te haya cogido hasta el ovejero alemán del quiosquero y encima te tengo que aguantar los humos que tenés"; "vos no sos más pelotudo y pajero porque tu viejo no te quiere enseñar todo lo que sabe"; "¡pero qué mierda me vas a dejar si la única forma de que consigas otro tipo sería que lo condenen a una probation!"; "si vos decís que soy una mina que no te hace gozar en la cama hacé como yo: fingí", etc.

Luego de esta fase, la relación sólo puede continuar merced a sendas lobotomías.

 

La madre de todas las batallas. Tras un buen tiempo de sangrientos enfrentamientos del rubro anterior, llega una larga batalla final en la que los dos queman dramáticamente sus naves y despliegan todo su poderío y sus capacidades de dañar.

En un furioso ciclón de cruces y estiletazos al hígado, desfilan los errores cometidos, las lacras de las familias de cada parte, la rutina sexual, vergonzosos actos juveniles, fracasos laborales y otras miserias lanzadas con máxima furia al rostro del exser amado.

Y dos años después, al mencionarse recíprocamente, los dos boludos dirán que sí, que cortaron, pero que fue "una linda relación"

 

 

.

 

Comentarios   

 
0 #11 Cuyanita 12-08-2013 13:42
Discusiones técnicas: "técnicamente" no es una discusión... aún... mas bien es una escaramuza camuflada en ironía. Se puede aplicar a cualquier tema o situación que a usted le venga bien. Hijos, suegra, familiares, plata, deudas, orden, limpieza, cocina, intimidad, higiene personal... Cuando el atacado no se da por aludido, puede comentarlo frente a amigos y familiares, lo que obligará a una toma de posición de su contrincante.
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+2 #10 peregrino 09-08-2013 15:43
Estaría faltando la etapa de Guerra Fría: cuando no hay ataques ni discusiones, pero la tensión del ambiente se puede cortar con la cáscara de una banana podrida.
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+5 #9 sandrita 07-08-2013 14:38
Genial jajajajaj!!!! La discusion AFIP jajajaja
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+3 #8 juank. 13-12-2011 15:06
Antes de que el adm. nos corra te quería agradecer por la explicación.
Aunque hoy en día, lejos de preocuparse por tener moto, algunas aprovechan esa situación.
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+6 #7 Cuyanita 13-12-2011 09:19
Ves Juank, esa es la razón por la cual no te vas a casar.
Las motos son incompatibles con el matrimonio.
Mientras mayor es la cilindrada y mayor sea tu satisfacción personal por subirte a la moto...exponenc ialmente mayor es el grosor de la vena del cuello de tu pareja.
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+1 #6 juank 12-12-2011 15:00
Yo ni loco me caso pero por vos me divorciaría 10 veces jeje.
Pregunto si tu teoría motorizada también consiste en: a mayor cilindrada, mayor distancia entre mi posición y el de la yegua.
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+1 #5 Cuyanita 12-12-2011 13:26
Hola Juank, cómo va tu divorcio?
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+1 #4 juank. 10-12-2011 17:25
Cuyanita sí querés te paso a buscar y pegamos unas vueltitas :-)
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+2 #3 Cuyanita 05-12-2011 11:37
El BigBang: querés poner fin a tu matrimonio en forma rápida..???
Comprate una moto.

El que alguna vez tuva una, sabe de lo que escribo.
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+5 #2 Anakin. 03-12-2011 02:44
Sr. Admin:
Mediante la presente nota lo insto a que cese de espiar mis actividades en un plazo perentorio de 24hs, caso contrario me veré obligado a iniciar las acciones pertinentes.

(Me debe estar espiando a mi para escribir todo esto...)

Ta buena la foto, el dedito acusador y el encogimiento de hombros en respuesta.
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