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Primicia mundial: el diario íntimo del abuelo de Chuñi Benite a bordo del Titanic, que inspiró la célebre película de James Cameron

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A un siglo del hundimiento del Titanic, Angaú Noticias está en condiciones de revelar al mundo uno de los documentos más impactantes relacionados con la tragedia marítima: nada menos que el diario íntimo que inspiró al guionista de la película de James Cameron sobre la catástrofe de 1912, protagonizada por Leonardo Di Caprio y Kate Winslet, el film más taquillero de la historia.

Se trata de un manuscrito redactado por Segismundo Benítez Caracatanga, abuelo de Chuñi Benite, el destacado intelectual del Chaco. El escritor entregó a AN el invaluable material a cambio de un vale de canje por 70 pesos en supermercados Ecónomo.

Por una sucesión de azares, Segismundo, por entonces de 32 años, había logrado embarcar en el impresionante transatlánico construido por los astilleros irlandeses Harland and Wolff, considerado la embarcación más lujosa de su tiempo y a la que se calificaba como "inhundible".

Sin embargo, la historia es conocida: zarpó el 10 de abril de 1912 desde Southampton con destino a Nueva York, y en la noche del 14 chocó contra un gigantesco témpano de hielo. En unas tres horas, el Titanic acabó de hundirse llevándose la vida de 1.517 pasajeros. Se salvaron sólo 705 porque no había suficientes botes.

 

Un amor impensado

 

Segismundo había Nacido en Navarra, España, y emigró a la Argentina en 1897, con sus padres y cinco hermanos. En 1904 se casó con Anna Castelnuovo, una joven italiana que también llevaba poco tiempo en Buenos Aires, donde se conocieron. Desde allí se trasladaron a Santa Fe, donde estuvieron dos años, y luego a Resistencia, sitio en el que se instalaron definitivamente. Tuvieron tres hijos, el segundo de ellos Leonardo Estrapolario Benite, padre de Chuñi.

En febrero de 1912, Segismundo Benítez regresa a España para buscar un mazo de naipes que se había olvidado en un estante de la casa paterna. Una vez en Navarra se entera de que una fonda había organizado un torneo de boxeo cuyo premio era un pasaje en el viaje inaugural del asombroso Titanic. Segismundo es noqueado a los 12 segundos de su primera pelea, y queda eliminado, pero se las ingenia para robar el ticket. A modo de paga, deja los tres dientes perdidos en el concurso.

Abordando trenes y barcos como polizón, Segismundo llega a Southampton el 8 de abril, donde embarca dos días después. Su reserva era en la clase más económica, que a bordo ocupaba camarotes colectivos modestos, muy distantes del lujo y el refinanmiento de la primera clase.

En un paseo por la proa, al día siguiente de la partida, Benítez conoció a Katherine J. Moore, una joven de la aristocracia inglesa, de 19 años, que viajaba acompañada de su madre, su institutriz y su prometido, el capitán Leonard Mc Coburn, un ambicioso militar de 34 años.

A ella alude Segismundo en una anotación de aquel 11 de abril de 1912, cuando escribió: "Hoy conosi una gringa tremenda, con unas teta tan parada que paresen estar cantando el Imno y un culo que me dejó la matraca más dura que la situasion economica de España".


Avances e ilusión

 

El manuscrito de Benítez fue uno de los elementos rescatados por la empresa que logró el reconocimiento judicial de sus derechos para quedarse con los restos del transatlántico y los objetos que permanecían en el fondo del Atlántico. Los papeles se mantuvieron a salvo del agua porque Segismundo los guardaba en una botella junto a las propinas que manoteaba de las mesas del restaurante de la primera clase antes de que los mozos pudieran recogerlas, ardid que él mismo relata en uno de sus textos. En el año 2000, por acción de un filántropo millonario, los escritos fueron entregados a los descendientes de Segismundo.

El diario de viaje permite conocer algunos detalles de la convivencia de los pasajeros de menor posicionamiento social durante la travesía. "Me cuesta dormir, ay un australiano hijo de puta que ronca como si adentro de la garganta tubiera trabajando a veinte carpintero, y un gordo de Irlanda que se caga unos silensioso que nos dan gana a todo de perforar las parede aunque dentre el agua del oseano. Estamo pidiendo que le agan dormir en la popa, pero los garca del barco no nos dan bola", cuenta.

El 12 de abril escribe, eufórico, que pudo aproximarse a Katherine Moore en el solarium de la cubierta y que pudo conversar con ella gracias a los perfectos conocimientos de español de la muchacha. "Me dio la imprecion de que el boludo del novio todavia no le guasquea. Se le nota en la forma de respirar cuando habla y en la manera de parpadear. Para mi que está calienta, pero via tener que tantear mejor la cosa. El otro problema es que la cajetuda de la vieja, como buena madre, se da encuenta que le quiero enebrar a la hija y ni bien me ve la lleba lejo mio", anotó.


Pasión al borde del abismo

 

Los apuntes del 13 de abril son muchos. En una anotación que parece escrita temprano por la mañana, Benítez cuenta una pelea a golpes de puño, por la madrugada, entre él y el irlandés mencionado antes. "Nos cagó a pedos diondo toda la noche el colorado hijo de puta, yo no vine acá pa pasarla pior que si estubiera asiendo buseo adentro del inodoro de un baño de la munisipalidá", dice.

Pero en un texto posterior refiere, feliz, un cruce de miradas con Elizabeth en la proa, que dice que no llegó a más por la presencia acechante de la madre de la chica y del capitán Mc Coburn. "Ella tenia uno de esos vestido que aprietan mucho las teta. Se nota que le rebienta la leche por todo lado y nesesita una semejante ordeñada", analiza con candor.

De inmediato, confiesa que la situación le genera un dilema moral por estar su esposa esperándolo en la Argentina. "No sé si en caso de poder cojerle tendria que bonbearla solo por adelante por respeto a la Anna o si teniendo en cuenta que capas nunca mas le veo a ésta tendria que morfarle el pandulse tanbien", se lee, con varios signos de interrogación y culos dibujados alrededor.

Un registro vespertino dice: "La gringa se escapó del almuerso y se vino parabajo. Los otro hijo de puta en lugar de aserme pata como les pedi, se quedaron, haci que en lugar de darle una buena guasqueda tube que conformarme con bailar con ella y pegarle unas buena apollada. Ella se jue toda tranpirada de la calentura y yo no me la puedo bajar ni pegándome con una tenasa que me prestaron los de la sala de máquina".

 

El día fatídico

 

El 14 de abril, día final del Titanic y del diario de Benítez, la pasión entre Segismundo y Katherine se consuma. "Le estube junando toda la mañana mientra ella y la vieja puta miraban el mar, y en un momento que la vieja se jue a pedir algo al bar, le encaré a la pendeja y le dije que quería ablar con ella. Nos juimo por el pasillo de los camarote garca, y me puse a probar puerta por puerta a ver si avia alguna abierta", dice.

"Despué de como dies intento abri una puerta donde le avian dejado a un viejo en una silla de rueda mientra lo otro se avian ido a desayunar -relata-. Le ise gesto de 'por favor' con las mano junta como en una orasion, y hay noma le subi el vestido a la gringa y le entre a dar de parado contra un ropero. El viejo me golpeó atrá con un bastón y me iso gesto de que yo le estaba tapando con mi espalda. Entonse le pedi a la gringa que por favor se pusiera en cuatro en la cama, y hay seguimo. El viejo casi lloraba de la mosión".

"Justo cuando le estava por aser la cola -prosigue el escrito- sentimo que estavan por empesar a abrir la puerta los familiare del viejo. Haci que trancamo la puerta con la silla de rueda y salimo por la ventana. Esta noche a esa colita no la salva ni el almirante Brown", dice el trazo entusiasta del argentino-español.

Es lo último que se lee. El final de la historia se reconstruye con cartas que Katherine cruzó con una de sus primas meses después de la tragedia. Allí cuenta el amor furtivo con Benítez, a quien describe como "un bribón con alma de caballero, que supo ver en mí lo que de bello hay en mi interior, sin la vulgaridad de aquellos que sólo me codiciaban por mis dotes físicas".

Del intercambio epistolar se desprende que en la noche de la tragedia, siendo aproximadamente las 23.15, Benítez la invitó a conocer las duchas de la clase económica, asegurándole que eran "un  prodigio de la ingeniería humana por su sistema de caída de agua desde arriba hacia abajo". Una vez en el lugar, Segismundo la instó a probar el mecanismo higienizador, para lo cual se quitaron las ropas. Luego, él lanzó un jabón delante de ella. Katherine se inclinó para recoger el objeto, y Benítez se acercó a ella por detrás para conjugar el mismo verbo.

En ese instante un estruendo inmenso sacudió todo, y los dos fueron despedidos hacia una de las paredes. En minutos más estuvieron en la cubierta, pese a los pedidos de Benítez de que permanecieran en las duchas y volvieran a intentar probarlas. Arriba se enteraron de lo ocurrido y comenzaron a ser parte de la desesperación colectiva por ocupar un lugar en los botes de salvamento.

 

El final

 

Según otros testimonios, Benítez -desesperado al ver que la situación abortaba su plan más codiciado- intentó coimear a uno de los camareros para que le consiguiera un poco de manteca y le permitiera estar aunque sea quince minutos con Katherine dentro del depósito de la cocina, sin lograr su objetivo.

Entonces intentó conseguir un bote sólo para los dos, que tuviera música funcional y una lámpara con luz roja. Fue imposible. Fue ya pasada la medianoche que se dio cuenta de que incluso iba a ser difícil conseguir lugar en un bote cualquiera.

Con Benítez apoyado detrás casi todo el tiempo, Katherine buscaba a los gritos un espacio en las embarcaciones que iban siendo bajadas al mar. Por una situación fortuita, logró sentarse en una de ellas, con Segismundo de un lado y su madre del otro.

Mientras el Titanic se hundía, Benítez hizo un último intento por cumplir su sueño. La madre de Katherine lo advirtió cuando ya estaba aferrando por las caderas a la muchacha, y golpeó en la cabeza a Segismundo con uno de los remos. Él cayó al agua helada, y trató de volver lo antes posible. Pero cada intento daba lugar a un nuevo golpe por parte de la mujer, pese a los gritos de Katherine pidiendo piedad para el joven.

Segismundo, azul de hipotermia, pedía que se le permitiera ascender. "Sólo si promete dejar de intentar tener un vínculo contra natura con mi hija", respondía la señora Moore. "Por favor, sólo la puntita, le juro", imploraba Benítez.

La intransigencia de ambos definió el destino de Segismundo, cuyo cuerpo, rendido al congelamiento y al cansancio, se hundió en el mar mientras Katherine intentaba, inútilmente, retenerlo a flote. "No te preocupes, todos los hombres son iguales, después vuelven", le dijo su madre.

Y sin embargo, no fue así.

 

 

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Comentarios   

 
+2 #8 Ricardo 26-02-2014 12:58
La intransigencia de ambos definió el destino de Segismundo, cuyo cuerpo, rendido al congelamiento y al cansancio, se hundió en el mar mientras Katherine intentaba, inútilmente, retenerlo a flote. "No te preocupes, todos los hombres son iguales, después vuelven", le dijo su madre. AAJAJAJJAJAJ

A: :-)
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+6 #7 Cuervo Viejo 20-04-2012 04:20
Me emociona!! Me hace acordar a tantos gobiernos argentinos, que mientras se hundía el barco nos querían seguir cogiendo... es para llorar. En la versión argentina el Titanic se hunde, reflota, y se vuelve a hundir en forma continua eternamente...p arece ciencia ficción pero está basada en hechos reales. :-(
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0 #6 RAR 19-04-2012 03:32
'?Como se llama la película? ?Hundimientos antes del hundimiento?
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+1 #5 H.E. 16-04-2012 03:27
Increíble !!!

Inimaginable: tan cerca estaba un extraordinario documento !!

Si Cameron habiera accedido a esto, a su viaje al fondo del mar le sumaba un ida y vuelta a Marte sin escalas.
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+2 #4 LEAN 15-04-2012 05:47
La leyenda dice que, a pesar de que Segismundo está en el fondo del océano, todavía hay un promontorio en la zona del accidente al que los marineros llaman Peñón Benitez o Pedazo de Peñón...

A: ¡Juaaaa!
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+2 #3 Rubén& 14-04-2012 06:22
"Katherine se inclinó para recoger el objeto, y Benítez se acercó a ella por detrás con la misma intención".

Aquí nos encontramos con el eterno problema de los guionistas: ¿cómo traducir al lenguaje visual el discurso poético con sus múltiples significados y anfibologías? ¡Los muy turros eliminaron la escena y listo! Darle literatura a Jólibu es tirarle margaritas a los chanchos...

A: El capitalismo sin rostro ni empomación humanos.
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0 #2 Trula 14-04-2012 03:21
Genial!!!!
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0 #1 Ramoncito 13-04-2012 15:15
Swallow this, Hollywood !
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