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Impactante revelación de Chuñi Benite: "El Grito se pintó un día que el tatarabuelo del gordo Gutierre se rajó un silencioso caminando cerca de Munch"

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"El grito", la obra de Edvard Munch que fue vendida a un precio récord de 119 millones de dólares, tuvo un origen vinculado al Chaco tan asombroso como desconocido hasta ahora. Fue el escritor Chuñi Benite el encargado de revelarlo, en una entrevista exclusiva concedida a Angaú Noticias.

"El cuadro nació cuando un tatarabuelo del gordo Gutierre se jue a pescar surubise con uno samigo en la zona de las Cuatro Boca, y como se chuparon un poco no se dieron encuenta de que la corriente les llevaba. Terminaron en Noruega. Ahí pasó todo", cuenta Benite desde su domicilio en Villa San Juan.

Tragasaglio Gutiérrez es un ex habitante de Villa San Juan que fue reubicado en el Barrio 500 Viviendas tras varias marchas y manifestaciones organizadas por sus vecinos, que denunciaban que el sujeto se descerrajaba a diario gases indescriptiblemente nauseabundos, que tornaban irrespirable el aire comunitario durante horas. El pedo que colmó el vaso se dio una tarde del invierno pasado, cuando Gutiérrez descomprimió sus intestinos en el ambiente cerrado de una pequeña peluquería del barrio, provocando gravísimos daños a nueve personas.

De acuerdo al relato de Benite y a lo que pudo averiguar AN, el temible don de Gutiérrez fue un rasgo heredado de la línea paterna. Su tatarabuelo Pruncuarto Gutiérrez era un voluminoso cerrajero que tenía la nefasta costumbre de desgraciarse en reuniones públicas. Por ese motivo, según puede leerse en boletines policiales de la última década del siglo XIX, tenía prohibido el ingreso a teatros y oficinas públicas.

 

Una marca en la historia

 

Benite cuenta que Tragasaglio Gutiérrez supo del determinante efecto inspirador de su ancestro por boca de su abuelo Nicasio, hijo de Pruncuarto. "A los do siempre los contrataban para desfoliar monte, y una tarde que entre los do estaban bajando a puro pedo un bosque cerca de Tirol, el viejo le contó lo que había pasado en Oslo", recuerda.

Según ese relato y documentos hallados por el propio Benite gracias a la colaboración de la Sociedad de Literatos de Oslo (con la que el intelectual de Villa San Juan mantiene un habitual intercambio de chorizos por bacalao), una vez que Pruncuarto y sus compañeros de pesca estuvieron sobrios y cagados de frío, descendieron en la costa noruega. Allí se trenzaron a golpes con varios lugareños, pensando que el incomprensible idioma en que hablaban era una broma de vecinos de Barranqueras o Vilelas, municipios de los cuales creían seguir próximos.

Cuando advirtieron la realidad, se dedicaron a subsistir dedicándose a las más diversas actividades (excepto trabajar, claro). Cantaban tangos y chamamés mientras uno de ellos imitaba al sonido del acordeón soplando un peine, pedían monedas a cambio de hacer jueguito con una pelota de medias, organizaban apuestas en competencias sobre quién lograba orinar más lejos.

En un atardecer afortunado que les permitió devorarse varios platos de un espeso guiso en la zona portuaria, Pruncuarto y sus compinches apenas podían ponerse en pie. "Caminemo un rato para hacer la digestión", sugirió él. Los demás, súbitamente despabilados por el inmenso peligro que había tras esas palabras, se apresuraron a sacarlo de la cantina y llevarlo a un lugar abierto.

Los amigos caminaban pesadamente por una colina de Ekeberg, cuando Pruncuarto se detuvo y frotándose el estómago encima de un sobretodo robado momentos antes a unos comensales franceses distraídos, dijo: "Me duele un poco la panza".

Conscientes de lo que eso significaba, tres de los amigos salieron corriendo desesperadamente en distintas direcciones, y un cuarto se arrojó colina abajo rodando por la ladera. Sólo un tal Rosalindo Beligoy quedó a su lado. No por lealtad: era sordo.

 

Las dos caras de la verdad

 

Fue en ese momento que Munch caminaba por el mismo sendero, pero en sentido contrario. El pintor sintió curiosidad por ese hombre obeso que, estando de pie, parecía a punto de doblarse de dolor mientras se acariciaba el prominente abdomen. "Qué puta mirá la conchatuviejateviacíya", le casi gritó Pruncuarto ni bien se dio cuenta de que el artista lo observaba.

Munch no entendió la literalidad de la expresión, pero fue suficiente con ver el gesto de desprecio del otro y su boca de perro rabioso. Entonces desvió la mirada y aceleró el paso. Fueron apenas dos o tres segundos después que sintió que a sus espaldas llegaba un ventarrón cálido que pronto se convirtió en una nube de infinita fetidez. Quiso salirse de la infernal burbuja invisible, pero fue imposible. El olor le laceraba las fosas nasales y los pulmones, pero nada podía hacer por liberarse de la pesadilla.

La versión oficial sobre el momento plasmado en "El grito" dice que Munch, que llevaba sobre sí una historia de tragedias familiares y maltrato paterno, iba caminando cuando el atardecer se le presentó con un cielo en llamas que parecía toda una metáfora de un mundo en pleno caos y angustia."Yo me quedé quieto, temblando de ansiedad. Sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza", es la expresión que se le atribuye a Munch.

Se trata en realidad de un burdo fraude histórico montado por quienes décadas después de la muerte de Munch quisieron conferirle al cuadro una simbología existencial. En realidad, Benite pudo dar con un diario íntimo del pintor en el que éste dice sobre aquel día: "Pasé junto al sujeto agresivo sin entender su actitud, cuando de repente todas las ventanas del Hades se abrieron bajo mi rostro y sentí que los más desalmados demonios me chamuscaban los pelitos de la nariz. Sentí un pedo diabólico infinito que atravesaba la naturaleza. Gordo hijoderremilputas y la putísima concha que te parió".

El resto es historia relativamente conocida. Pruncuarto fue deportado dos días después, al provocar un dramático episodio en una ópera de Oslo, y Munch siguió escribiendo sus páginas en la historia del arte. Ahora Tragasaglio iniciará un reclamo judicial pidiendo un porcentaje de lo recaudado con el cuadro en la subasta de Sotheby's.

 

 

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Ni que fuera un poster de Jésica Cirio

Gutiérrez en el anuario 2011 de Villa San Juan

 

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Comentarios   

 
+1 #4 Ramoncito 05-05-2012 14:28
Es al pedo ...
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+1 #3 CLETO 05-05-2012 05:50
¡Gue, lo que vale un cuadrito!
Para mí que el tipo que lo pinto estaba bien adobado.
¿Por qué la versión oficial es de que el tal Munch se julepeó viendo el cielo en llamas y pintó eso, si el mismo tipo dijo; “…me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito…”
¡Papá! ¡Ese es un caú en pleno proceso de destilación!
Y es más te digo, para mi que estaba en la cancha de For Ever y lo que vio fue un gol, clarito, clarito el gesto de gritar ¡Gooooool!
Y el grito al que hace referencia, fue de la tribuna.
Los dos de atrás son barras que ya le habían dicho: “¡Grita junagranputa o te iacagapataa!”
Luego, con nostalgia, le agregó la laguna, y le puso unos barquitos, para que quede lindo nomás.
Yo no sé de donde salieron los que analizaron el lienzo, pero si ven los trabajos que hace el Miket entran en éxtasis.
Llenos de chanchitos, elefantitos de colores, rayitas, y un montón de cositas lindas y alegres, no como esa jeta fea, sin orejas, sin cejas, sin pelo, sin dientes, y ya ven, ni siquiera tiene botones en la camisa.
¡Cómo van a pagar la guita que pagaron por ese bodrio!
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+1 #2 H.E. 04-05-2012 04:50
Aclaro, por si digo alguna estupidez: no soy un entendido en cuestiones culturosas.

Alguna vez un tipo, que aparentaba saber de esto, me dijo que algo es bueno o malo depende quien lo observe y que siente. Para ello la mejor pregunta que uno se puede hacer es "en que parte de tu casa pondrías lo que estás viendo".

Bueno, bajo esa óptica el Grito éste, conmigo está complicado. Tal vez en el tacho de basura porque en el inodoro capaz que me tranca las cloacas y luego hay que llamar a un plomero y esos sí que salen caros.

Diferente sería la sugerencia de AN de un poster de la Srta Cirio. Tal vez en un altar solo para ella, en cada habitación de la casa, y es posible que me quede corto.

Volviendo al Grito y parecidos a mi entender, como los "Choclos" de por acá, mi INOCENCIA artística me lleva a considerar que (por ahí) tras estas adquisiciones puede estar escondido algún negocito de lavado de dinero.

Haciendo muuuucha fuerza para verle el lado normal al asunto, me parece que está instalado una cadena internacional de Laveraps con fábrica de lavaguitas, enjuagadora y planchadora automáticos incluída.

Pero, pensándolo bien, no creo. La gente en el fondo es buena.

Mis disculpas por ese rapto de mal pensado.

A: Que sea la última vez.
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0 #1 Sor Talgaz 03-05-2012 17:42
Pueden publicar el árbol genealógico completo del tal Gutiérre? Tengo firmes sospechas sobre algunos parentescos de gente que conozco...

A: Lo sentimos mucho, Sor. Hay que ser fuertes y seguir.
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