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La lluvia, ese ser vivo con el que el hombre moderno suele relacionarse mal pese a sus grandes potencialidades

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Llueve sobre Resistencia, y seguramente sobre varios puntos m√°s del planeta, y frente a ello miles de seres humanos suelen tener una reacci√≥n tan mec√°nica como injusta. "Qu√© d√≠a de mierda", es la reflexi√≥n m√°s com√ļn, como si la precipitaci√≥n pluvial, ese ser vivo que fascin√≥ a tantos poetas y fabricantes de paraguas, fuera indefectiblemente un enemigo y no un aliado potencial con grandes beneficios.

"Lamentablemente, es un poco como que la shuvia es vista como una contrariedad, pese a que todos sabemos que sin la ca√≠da peri√≥dica de agua ser√≠a imposible el desarrollo de los cultivos, la supervivencia de los colibr√≠es y otros mam√≠feros, e incluso la realizaci√≥n de las escenas m√°s emotivas de la historia del cine", se√Īala el licenciado Artemio Lubringer, un estudioso del fen√≥meno.

El experto menciona que "para el hombre de Neanderthal la lluvia era objeto de temor y devoción, porque si bien los truenos y relámpagos le provocaban una fuerte intimidación, él sabía que con esa agua los frutos se volvían más grandes y dulces; que todo el entorno recobraba vitalidad y que las mujeres aceptaban de mejor grado ponerse en cuatro".

En su obra "Lluvia... ¡lluévenos!" (Editorial Paidós, 907 páginas), lamentablemente ignorada por la crítica, Lubringer menciona las numerosas posibilidades que se abren con cada lluvia. Aquí una síntesis de su selección.

 

No es obligatorio ir a clases. El autor recuerda que por una ley no escrita pero de vigencia universal, ning√ļn ni√Īo est√° obligado a ir al colegio si llueve 47 minutos y medio antes de su hora de entrada.

Con dolor, recuerda la ma√Īana en que su padre y su madre lo tuvieron veinte minutos rebotando entre uno y otro, a los sopapos, al descubrir que se hab√≠a levantado de madrugada para colgar la manguera regadora apuntando a la ventana de ellos, a fin de simular una precipitaci√≥n en un d√≠a de prueba de matem√°ticas.

 

Se pueden hacer barquitos de papel. Un tema al que Lubringer no por casualidad dedica 614 p√°ginas, ya que transcurri√≥ su infancia en Taco Pozo, en el oeste chaque√Īo, donde hab√≠a una media anual de 22 mil√≠metros de lluvias, de los cuales encima la mitad estaban mal medidos.

Lo seco del territorio hac√≠a, adem√°s, que las peque√Īas corrientes de agua que se formaban durasen apenas entre 40 y 55 segundos antes de ser totalmente absorbidas por el polvo del suelo. "Lo bueno era que el barquito quedaba seco y se pod√≠a volver a usar al a√Īo siguiente", escribe Artemio. Confiesa luego que se trata de la misma nave de papel que todav√≠a utiliza en su actual domicilio, en Pampa del Infierno.

 

Se incrementa el Indice de Acucharamiento Parejeril. Un dato que ya fuera abordado en su momento por Anga√ļ Noticias. El ruido de la lluvia en los techos (sobre todo en los de chapas) induce en las parejas (sin importar su condici√≥n social, edad ni ideolog√≠a pol√≠tica) a un acucharamiento casi autom√°tico, a veces sin siquiera importar el contexto.

Lubringer dice que en Pampa del Infierno -quiz√°s por la escasez de lluvias- es com√ļn que ante una precipitaci√≥n se vean parejas acucharadas en las filas para pagar impuestos municipales, y en actos escolares mientras habla la directora, e incluso a veces con la directora como protagonista.

 

Es m√°s f√°cil faltar al laburo. Aqu√≠ las cosas no son tan sencillas como con la asistencia escolar, pero las lluvias envalentonan al empleado que viene pensando desde hace rato en descansar al menos un d√≠a de la cara de culo del jefe de personal y de los chistes insoportables del jefe. "Se me qued√≥ el auto", es la excusa m√°s com√ļn, aun entre aquellos que no tienen veh√≠culo.

 

Revive el salvaje predador que llevamos dentro. Nuestras rutinarias existencias, de repente, se encienden cuales antorchas ante una circunstancia en la que nos jugamos a todo o nada: hay que andar por las veredas sin pisar la temible baldosa floja que nos dejará una gamba manchada de barro. Si no lo logramos, al llegar a destino (la oficina, por ejemplo) todos, al ver nuestra pierna pintada de marrón o gris, sabrán que somos unos reverendos pelotudos.

 

A las mujeres lindas se les mojan las camisas o remeras. A las bagartas no se les moja nada, pero a las minas que están fuertes sí. Son éstas las que llegan empapadas de tal forma que el hombre observador se puede dar una idea muy precisa de las cualidades teteriles de la loba del laburo o de la vecina codiciada del barrio

¬ŅPor qu√© sucede de ese modo? Lubringer da una explicaci√≥n breve pero contundente: porque la naturaleza es sabia.

 

Se incremetan las chances de reencuentro con un ex amor. Lubringer dice haber medido que en un d√≠a de lluvia, si una persona se queda parada en una esquina del casco c√©ntrico durante al menos una hora y media, habr√° un 86,2% de posibilidades de que por all√≠ pase una ex pareja con la que quedaron sentimientos abiertos, o al menos una fuerte atracci√≥n que la ruptura y el tiempo no lograron derogar. Y se√Īala que manejando el discurso adecuado, en ese caso es casi seguro que ambos concreten una sesi√≥n √≠ntima repleta de placentera nostalgia.

Pero advierte que si los amantes no se vuelven a despedir antes de que deje de llover, se odiar√°n m√°s que antes. "Ante ese riesgo, busque sacar el mayor provecho posible de la que podr√≠a ser su √ļltima empomaci√≥n con esa persona", recomienda el experto.

 

En medio de una lluvia nocturna, hasta el más salame parece interesante. Una verdad que Lubringer reafirma con base empírica y a la que agrega algunos tips a tener en cuenta. Por ejemplo, remarca que si bien la precipitación en la noche "puede hacer que un boludo sea visto como un escritor de culto, el personaje en cuestión debe tener muy presente que lo que cambia es la percepción que de él tienen los demás, pero sigue siendo un boludo".

"El hecho de que la rubia de contadur√≠a pose su mirada en √©l y le d√© claras se√Īales de inter√©s y atracci√≥n mientras el temporal sacude las ventanas, no le da inmunidad total. Si en medio de ese clima √©l insiste en contar con lujo de detalles c√≥mo prepara las patamuslos de pollo en la parrilla, o en repetir los chistes que vio la noche anterior al alquilar un video con el show de Jorge Corona, ni una lluvia de 40 d√≠as y 40 noches lo salvar√°", indica.

Por eso, recomienda para estos casos "hacer del silencio la √ļnica y poderosa arma del hombre transformado por la precipitaci√≥n". Aconseja adem√°s, una vez detectada la mirada de la mujer-objetivo sobre uno, hacer los siguientes comentarios mientras se mira el monitor de la computadora del escritorio propio: a) "No entiendo c√≥mo alguien puede matar a un ser tan maravilloso como el delf√≠n pol√≠glota de Nueva Zelanda"; b) "Cada vez que veo 'Las se√Īoritas de Avignon' no puedo hacer otra cosa si no shorar"; c) "¬°Voto a br√≠os, cu√°ndo diablos me contestar√°n mi correo ofreci√©ndome a adoptar 27 ni√Īos nigerianos!"

 

Los puntos que aborda Lubringer son muchos más, por eso recomendamos plenamente la adquisición de su libro, que tiene un precio sugerido de 320 pesos y, además, trae una lámina central con las instrucciones para reproducir su mítico barquito.

 

 

Artículo relacionado: Un fenómeno curioso

 

 

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Comentarios   

 
0 #6 el entrerriano 28-02-2015 20:14
Interesante articulo, si bien los comentarios, por lo que veo eran antes de que se acabara el mundo.......... . aun no entiendo que hacemos aca entonces...... pero bue, ya que estamos:
¬ŅY que paso con el maestro en hollywod? ¬ŅQue resolvio la HCD de Chaco For Ever? ¬ŅQue sucedio con la vuelta de Don Hilton? ¬ŅQue paso con el Se√Īor Semigobernador? Aca en Entre Rios vieron un tipo con bigotitos disparandole a todo lo que se moviera al grito de: "Como me la pusiste Hilton y la ........" (el resto no se entiende por el ruido de los disparos). Esperamos respuetas a estos justos interrogantes.
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0 #5 alfred 28-02-2015 07:50
me mato de la risa , me recuerdan a las revistas patoruzu, hortensia, la hipotenusa y la serie seinfeld..!!!
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0 #4 H.E. 20-11-2012 05:50
Ya estaba super-embolado por las inundaciones que tenemos en Resistencia, por culpa de la genialidad de invertir en lomos de burros (la ciudad ya es intransitable) en lugar de construir desag√ľes nuevos y mantener los existentes; quedando totalmente aislado hasta que fluya la masa h√≠drica que nuestra dirigencia no puede ver.

Ahora con el comentario de SorRita, que vino a poner en evidencia que hay m√°s cosas que uno se est√° perdiendo, esto TIENE que ser materia del Defensor del Pueblo
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0 #3 Cuyanita 20-11-2012 04:11
Ahhh...no hay nada mejor que "dormir" con el sonido de la lluvia de fondo.

L√©ase dormir: en compa√Ī√≠a, sin ropa, en cama amplia, sin ni√Īos alrededor....
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0 #2 Sor Rita 20-11-2012 02:55
Nada dicen de la oportunidad perfecta para sacar el auto, y elegir alguna damisela en apuros debajo los techitos de los negocios del centro, esperando el gentil caballero que las rescate de tan h√ļmeda situaci√≥n?
Telo garantizado!, si no es en ese momento, ser√° esa misma noche, llueva o no.

A: ¬°Aaaaah, picaronaaaaa!
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0 #1 El Marucho 19-11-2012 17:42
Me ha contado un amigo, docente de escuela rural, que los días en que hay asistencia perfecta de los "ninios" son, justamente, aquellos cuando llueve. Es decir a contrario sensu de lo que ocurre en las medianas y grandes urbes.
Inquirido sobre el por qué de semejante fenómeno, respondió: "Es el momento de los progenitores de los susodichos para aumentar el salario familiar".
Creo que algo de razón puede tener, sobre todo si se observa la forma de cuchara que tienen los campesinos adultos cuando se aprestan a manipular el pluviómetro luego de finalizada la lluvia.
Cada paraje es un mundo.

A: Y cada lluvia, sin dudas.
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