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Ralpidio González, el hombre que no podía hacer otra cosa que alejarse del amor de su vida

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Está embolado con nuestra presencia, y no sabe bien si dejárnoslo en claro o brindarnos el beneficio de la simulación. El resultado es que Ralpidio González habla casi sin mirarnos, en el pequeño comedor de su casa, recostado contra la pared de ladrillos desnudos, la cara intentando escapar hacia la ventanita por la que se asoman y se esconden las ramitas tímidas de un helecho.


 

"¿Y quién fue el pelotudo que les fue con el dato?", pregunta al cabo de unos minutos de incómodo silencio. Le informamos que los periodistas nunca revelamos nuestras fuentes, excepto que nos ofrezcan dinero. Putea bajito y nos decepciona: no propone nada. Enseguida, rendido, deja el cigarrillo en el cenicero, remueve el mate nuevo, y con más fastidio que antes pregunta: "¿Y quéloquequierensaber?"

La información nos había llegado por una llamada a la redacción: "Hay un tipo, en Villa Luzuriaga, que tiene 61 años y desde los 21 no hace otra cosa que alejarse del amor de su vida". Después el nombre, las referencias para ubicarlo, un saludo seco y el tono telefónico.

"Sí, es así, y qué, ¿no se puede o qué mierda", desafía González ahora, rascándose el pecho entre la camisa celeste, que no combina con el pantaloncito de Independiente. Mucho menos con las medias verdes y las ojotas blancas. Un largo rato más tarde, después de muchas preguntas cuidadosas y de respuestas lanzadas como ladrillos, el diálogo se ablanda como un mondongo. "Qué se yo por qué puta es así", reconocerá, la vista dormida por un instante en el chorrito de agua y la espumita verde.

 

Descubrimientos y sombras


-Empecemos por el principio. ¿Hay realmente un "amor de su vida" o es algo que creen de usted los que lo conocen, nada más?
-(Piensa como dudando de responder) Y sí, hay.
-¿Todo el mundo tiene un "amor de su vida"?
-¿Y cómo puta voy a saber yo eso?
-Bueno, tendrá una opinión, no sé...
-Nidea.
-¿En su caso cómo fue?
-La conocí y me ensarté.
-Así, a primera vista.
-No. Para mí que cuando es el amor de tu vida no es a primera vista. Para mí, ojo. Es lógico, aparte.
-¿Por qué lógico?
-Porque si el amor de tu vida fuera a primera vista encontrarlo sería más fácil que mear en la pileta del clú. En cambio, de la otra forma más que encontrarlo hay que descubrirlo. Calculo que por eso se descajeta tanto la vida.
-Pero con su teoría, entonces, muchas personas pasarían por la vida sin encontrar al gran amor, si no tienen la habilidad o la suerte de descubrirlo.
-Eh, ¿y?¿Usted vive adentro de una lata de aguarrás o qué?¿No sabe que ésa justamente es la historia de miles de millones de seres humanos?
-No, sino que supongo que todos en algún momento se cruzan con el amor de su vida, se dan cuenta y después deciden.
-Según usted, entonces, el mundo se divide entre los que se animan a vivirlo y los que no se animan. Y no, el mundo se divide entre los que se dan cuenta y los que no se dan cuenta. Porque ahí está el tema: tenés que estar preparado para darte cuenta.
-¿Preparado en qué sentido?
-En todo. Un tipo que alquila Cinema Paradiso y a la media hora la saca porque dice que es aburrida, por ejemplo, no tiene ninguna esperanza. O el 98% de los abogados y martilleros. Ni qué hablar de los gerentes de ART o de las minas que se operan los pómulos.
-Tiene que haber un cierto grado de sensibilidad, dice usted.
-De bondad, ni que sea.
-En su caso, ¿cómo fue?
-Yo estaba tranqui, pelotudeando, era bastante pendejo. Se me hace que siempre pasa así. Uno está medio distraído cuando eso empieza a andar cerca. Como para probarte, calculo. Yo incluso andaba atrás de otra piba, y a ésta casi ni la miraba, me parecía transparente.
-¿Entonces?
-Y bueno, es así: un día te revienta todo. No sé por qué carajo es así, pero es así. Te revienta todo. Se te da vuelta el cerebro, como un bote, y empezás a tragar agua a lo loco. No podés respirar. El corazón se dilata: empieza en la garganta y te llega hasta los tobillos, y en todas partes late. La sangre raspa al circular. Si ella te mira, las letras de las palabras se te mezclan todas, y después se caen sobre las baldosas. Hasta la lluvia te deletrea el nombre de esa mina. Si tenés techo de chapa, diez mil veces peor.
-Suena terrible.
-Es terrible. Además, como nunca sabés cómo termina la cosa, te la pasás cortando alambres con el culo. ¿Cómo hacés para soportar que estás parado sobre un hilo así de finito, con la vida de un  lado y la muerte del otro?
-Nadie se muere, en realidad.
-Tenés razón, pero lo que te pasa, si te sale mal, es algo peor. Cómo será, que nunca lograron ponerle un nombre.
-¿A usted cómo le salió?
-(Piensa) Mal.
-¿Mal o bien? Porque lo que yo entendí cuando nos pasaron el dato sobre usted es que en realidad va alejándose del amor de su vida, pero como por una decisión personal, no por un resultado adverso.
-Bueno... Sí, puede ser.
-No se entiende.

Ralpidio se levanta, estira las piernas, se mueve hasta la cocinita. Pone la pava sobre el fuego, renueva la yerba. Se para contra la pared, a la espera de que el vapor avise.

-No te contesto no porque no quiera, sino porque no puedo. Yo mismo no sé. Pero sí, siempre me fui alejando. Nos fuimos, en realidad, porque eso sí te aclaro: ella me amaba de la misma forma. Fuera de eso, cada uno hizo lo suyo, por turnos, para estar en caminos distintos. Como si hubiéramos hecho una vaquita para poner cada uno veinte años de distancia. Si estábamos en condiciones de empezar de una buena vez, buscábamos el modo de encarar otra relación o de resucitar alguna anterior. Si nos íbamos a cruzar en una esquina girábamos y nos poníamos a caminar en sentido contrario. Si uno de los dos intuía que ese colectivo que llegaba a la parada traía al otro, lo dejábamos pasar de largo. En las multitudes, siempre creíamos vernos, y entonces íbamos hacia nosotros, excepto en las ocasiones en que no se trataba de una simple confusión.
-Medio loco, ¿no?
-Nah. Son cosas que pasan, nomás. Somos dos que jugaron tremendos partidazos en los que, cuando tuvimos la pelota abajo del arco contrario, la pateamos a la tribuna. Igual fue un hermoso fulbo.
-¿Pero y qué les pasaba?¿Por qué no se ponían a vivir lo que sentían?
-Primero le aviso que no sé bien. Segundo, aceptemos que eso de que "el amor siempre triunfa" no es tan así. No en el sentido más directo, por lo menos. Yo creo que sí, que igual triunfa siempre. Hasta cuando el que ama es un tipo encerrado en un sótano de dos por dos, triunfa. Si es una mujer perdida en la puna entre décadas y cabras, triunfa. Pasa que hay victorias que son parecidísimas a una derrota.
-No me dijo qué les pasó.
-También le dije que no sabía.
-¿Ni un poco?
-Un poco sí. Pero es una vulgaridad a veces hablar de los obstáculos. Además, siempre hay un punto en que la decisión es personal, creo.
-¿Se podía lastimar a otros?
-Casi siempre pasa eso. Cualquier felicidad tiene sus muertos. Pero le reconozco que a lo mejor sería falso justificar todo con eso. Puede ser que nos hayamos necesitado así, inalcanzables, es decir perfectos.
-¿No le da tristeza?
-Te da tristeza y te da alegría. Para estar así, lejos, hicimos de todo, siempre, como te dije, cada uno por su lado. Otras ciudades, otros proyectos, otros cielorrasos, otras bocas, otras lloviznas. Y allá, perdido en tanta otrosidad, siempre me salvó una sonrisa junto al río. Mire si habrá tenido sentido descubrir eso cuando anduvo cerca mío, que todavía me empuja una sonrisa de hace cuarenta años en un río que ya no existe. O que nunca existió, da lo mismo.
-Lo que no entiendo, sinceramente, es entonces para qué sirve.
-Hay una zambita linda que dice: "Yo busco un olvido/¿Dónde lo hallaré?/ Si lo encuentro, qué triste/ Ay, con mi sombra me quedaré". Y por ahí anda la cosa.

 

 

.

 

Comentarios   

 
0 #14 Ponele 23-05-2014 19:33
te vas de tema.
Así no se puede trabajar.
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0 #13 osgiliath 04-03-2013 08:22
Dolinesco. O Sabinesco, cuando canta "no hay nostalgia peor/ que añorar lo que nunca jamás sucedió"

Triste pero cierto. Por ser tan cierto, triste.

O sea, me encantó.
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0 #12 Mmmm 27-02-2013 12:59
una verdadera historia de amor como para llevarla a la pantalla gigante, apuesto tambien a que miles de personas podrian ser sus protagonistas.
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0 #11 Matecocido 25-02-2013 05:18
Cleto: ojo conmigo... mirá que soy ambidextro, así que las tengo a Manuela y a la hermana conmigo.

Eso sí... lo del temblequeo no lo puedo evitar
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0 #10 CLETO 25-02-2013 04:19
Matecocido:
No se como mierda vas a hacer con una sola mano y temblequeando. ¡Andaaaaaa!
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0 #9 Matecocido 24-02-2013 12:39
Cleto... si te agarro te cago a trompadas!!! MANUELA FUE, ES y SERÁ mía, sólo mía!!!

Eh? Qué? Hay muchas "Manuelas"?.... aaahhh... perdón, retiro lo dicho
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0 #8 CLETO 22-02-2013 05:13
Ralpidio, relataste una historia de muchos que sufrimos en silencio el doloroso alejamiento de amores que nunca fueron nuestros.
Y sí Ralpidio, tenía yo por entonces unos 12 0 13 años, en el inicio de una historia de encuentros y desencuentros con Manuela. No, Pérez no era, ni ningún apellido que me nombres. No me interrumpas, en todo caso después te aclaro. Bien, había asistido junto con otros mozalbetes del barrio, a una sala de cine que estaba por la avenida Ávalos, cuando era de tierra, al aire libre, donde proyectaron en la ocasión el film “India”, con Isabel Sarli.
No sabes lo que fue cuando la Coca pelo las chichis. Casi nos morimos de un ataque de hipertensión. A los aullidos de la piara siguieron los gritos hacia la pantalla diciéndole - como si la Coca pudiera escucharnos -, todo lo que estábamos dispuestos a hacer por ella, sobre ella, alrededor, arriba, abajo, en fin, como guste y quiera pedir. Por supuesto no pidió nada, y ahí percibí por primera vez el dolor de no alcanzar un amor inigualable.
Ya en soledad, atormentado, acudí a Manuela, a quien conocía de otras veces y no había valorado apropiadamente. Confieso que su intervención me relajó, trajo sosiego a mi perturbada alma. No la abandoné por mucho tiempo. Cada vez que me enfrenté a un amor imposible y esquivo, acudí a ella. Nunca se negó.
Es más, ciertamente sospecho que de ella estuve sinceramente enamorado, o por lo menos se que siempre fui de modo entusiasta a su encuentro. Admito haberla buscado aún sin tener penas de amores, de aburrido nomás.
Ralpidio, a no desesperar, siempre habrá una Manuela al alcance de la mano.
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0 #7 Ceci 21-02-2013 17:38
Carcomen los restos, distorsionan el olvido. Trastocan lo que no pudo ser y lo convierten en "quizás ha sido", royendo el queso y escapando siempre de las precisas trampas de lo fatal.
Ante su empeño, solo cabe un escobazo, una bolsita, y que el flautista se las lleve.

(Fragmento de "Las ratas de la memoria, o nada más amado que lo que perdí").
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0 #6 RAR 20-02-2013 19:20
Me pareció muy apropiado recurrir, por parte del periodista, a la frase :"cualquier felicidad tiene sus muertos" .Además, utilizada en el momento adecuado del reportaje.
Estoy tratando de recordar si es de Stalin, Margaret Tatcher o Reagan.
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0 #5 Matecocido 20-02-2013 05:27
Muy bueno!!!

"Cualquier felicidad tiene sus muertos"... Che.. ¿es un Pepe el que escribe esta nota? Me suena a que Lacan metió mano acá...

A: ¿La cana? No, no estaba el Chuñi, che.
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