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Cuidado: los confidentes espontáneos te pueden aparecer en cualquier momento

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El confidente espontáneo es un ser muy especial, pero que puede mover a sentimientos sucesivos muy encontrados. La primera reacción de quien los escucha puede ser de ternura, compasión o solidaridad, pero si el personaje en cuestión no tiene un mínimo de ubicuidad, la cosa puede terminar mal.


 

Per esempio:

 

El de ómnibus: Uno sube al cole para un viaje de larga distancia, mira el boleto, ubica el asiento propio, se sienta, y a los dos minutos el tipo se presenta: "Hola, Edgardo, mucho gusto. ¿Yo voy a Morón, y vos? Ah, Capital nomás. Yo voy porque mi vieja está grave. Se quiso matar y abrió todas las hornallas de la cocina. Decí que mi cuñada llegó a tiempo, y que allá como tienen red, el gas es barato", empieza.

Y eso es sólo saliendo de Resistencia hacia Retiro, porque después la secuencia es:

Pasando por Reconquista: "Lo que pasa es que ella nunca asumió la muerte de papá. No, no es que lo quería mucho, sino que él murió en un motel con una chica de 15, y en el barrio todos sabían. No, si mamá fue madre y padre para nosotros. Sí, porque después se hizo bisexual".

Llegando a Santa Fe: "Y mi cuñada apareció porque mi hermano la revienta a piñas, ésa es la verdad. Pero yo siempre le digo 'no veas sólo lo negativo de él, acordate que llueva o truene todas las semanas te compra la revista 'Para ti'. Ya son 35 años comprando la revista; yo pienso que eso es lo que lo volvió así a él".

Dejando atrás Rosario: "Tienen tres hijos, viste, varones y todos putos, pobres. Bah, uno no es puto, pero se hizo flogger, que es peor. Mamá siempre decía que era porque ellos les daban mucho Nesquik. El Toddy en cambio no homosexualiza, porque no es el mismo cacao con el que hacen el Nesquik".

Parando en Retiro: "Y ahora el miedo es que se suiciden todos en lo de mi vieja, para gastar gas una sola vez... Ah, llegamos... Pucha, ni te pregunté cómo te llamabas. Yo Edgardo, mucho gusto".

 

El de consultorio: Sabe que tiene con vos, antes de que alguno de los dos sea llamado por el médico o dentista, un tiempo incierto pero seguramente breve. Entonces se atraganta con la confesión. Por eso, si el tipo es el mismo del caso anterior, su relato será más o menos así: "Hola, soy Edgardo. Ojalá me atiendan rápido porque tengo que averiguar cómo está mi vieja. Se quiso matar porque mi cuñada les da Nesquik a los chicos".

 

El que te toma de rehén: Es una de las tipologías más nefastas, porque se aprovecha de una situación en la que no lo podés colgar de una. El caso típico es el del empleado público que te tiene que sellar un papel, pero antes de hacerlo te cuenta su vida actual, sus vidas anteriores y dos o tres de las que tendrá en futuras reencarnaciones.

Un tic clásico de esta tipología es decir "y bueno, pero así nomás es la vida", con un amague de poner al fin el puto sello y generándote la ilusión de te queda poco para volver a ser libre. Pero al toque retoman: "Porque lo que no te había dicho era que mi hermano menor, cuando vino de Italia...", y así hasta el infinito.

Generalmente, son casos en que es tu vida o la de él, por lo que conviene estrangularlos en cuanto no haya nadie mirando.

 

El cliente: El caso más común es padecido por remiseros y taxistas, que cuando se encuentran con pasajeros así ya es tarde. Es más, tienen auto, pero usan el servicio público para, justamente, hacer la interminable descarga personal. No se bajan ni pagan hasta completar la catarsis.

Uno se da cuenta si ese taxista que recién bajó a su pasajero fue víctima de un confidente espontáneo porque el pobre laburante arranca el coche y por la ventanilla se lo oye diciendo "y a mí qué mierda me importa tu vida viejo de mierda y la reputa madre que te remil parió".

 

El que te deja la decisión a vos: Peligrosa especie que en un momento determinado, y después de contarte que encontró a su mujer encastrada con ocho marineros, te cuenta que ella ahora quiere volver y te pregunta: "¿Qué hago?". De nada valdrá que expliques, eludas, dispares excusas, su indagación reaparecerá una vez, y otra, y otra.

Si le decís "volvé", al tiempo te va a cruzar y te va a decir con cara de condena máxima: "Cómo me cagaste la vida, qué flor de hijo de puta que resultaste ser". Y si le decís "mandala a la mierda", alguna vez, con tono melancólico, dirá: "La vi el otro día a la Betty, qué linda está. Pensar que vos me hiciste mierda la posibilidad que tenía de ser feliz con ella. Ahora entiendo por qué me estiraste la lengua para que yo te cuente todo. ¡Y yo, como un boludo, caí!"

 

El bala perdida: Te cayó a vos, pero se le pudo haber incrustado a cualquiera. Se te pega de manera fortuita.

Ejemplo: te parás a mirar la vidriera de una librería, y de golpe escuchás que alguien habla: "Yo 'La inmortalidad', de Kundera, la leí porque, claro, me chocaba la historia de todos lados, si es un poco como que nunca pude anclar una relación y siempre sentí es vértigo onda que me salía disparado del mundo en una curva fuerte, entendés".

Después de unos minutos con expresiones en esa misma línea, te das cuenta de que en realidad te habla a vos. Se sonríe, se acerca, mirás hacia los costados instintivamente, y entonces  sigue: "Pero sha dije mucho sho; ahora hablame de vos".

¡Uuuuuuuh!

 

 

 

.

 

Comentarios   

 
0 #3 Sor Tijuela 12-04-2013 18:25
Auriculares al walkman (bueno, ahora al mp3) con buena música, y la breve explicación sonriente: "kupata mwenyewe mwingine sikio kwa joto, asshole", y a otra cosa mariposa.
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0 #2 peregrino 12-04-2013 09:04
A mí, como me ven grandote, no se me acercan. Y si alguno, por esas cosas del destino, lo logra, al cabo de varios silencios y unos cuantos monosílabos, termina por cansarse y se va.
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0 #1 HERETIC 11-04-2013 05:44
Lo bueno de ser un autista social es que indefectiblemen te me hablás y al segundo 42 ya no te estoy escuchando. Saludos.
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