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¿Temés que tu mujer te esté metiendo los cuernos? Los síntomas inconfundibles que te lo confirman cuando eso está pasando

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Las revistas y portales para mujeres suelen buscar roña publicando supuestos tips para determinar si maridos y novios andan o no de trampa. Ante artículos infames de ese tipo, hemos puesto reiteradamente la otra mejilla. Pero frente a recientes nuevos ataques, decidimos decir basta y desclasificar archivos que no queríamos usar pero que ya no tiene sentido retener en nombre de una paz que jamás nos es concedida.

Así que acá va todo: los síntomas inconfundibles de que la supuesta boluda, la que siempre se victimiza y te grita perdida en llanto porque te encontró cabellos rojos enredados en la garompa, te está engañando.

 

Se arregla no sólo para ir al cumple de 15 de la sobrina. Un detalle devastador, porque indica que ya está siendo empomada por otro o está a cuatro o cinco días de entregar todo.

Empilcha como nunca, está pintada hasta cuando patea el lavarropas y por momentos hasta es más linda que la otra. Se va a comprar las menudencias con pantalón de cuero y el cuello repleto de collares.

 

Sufre un profundo proceso de nicolinolocchización. Sí, como el gran Nicolino Locche con sus rivales arriba del ring, ella en la cama te esquiva hasta cuando le querés espantar una tarántula del hombro. No la clavás ni sujetándola con ocho morsas de herrero. Situación típica:

-Quedate quieto, Rodrigo, quiero dormir.
-Pero si no estoy haciendo nada.
-Me estás punteando.
-Naquever.
-Te siento.
-Me apoyo nomás.
-Bueno, no te apoyes, me dijiste cucharita para dormir, no para eso.
-Una rozadita nomás, Sofi.
-No, estoy cansada.
-Me dijiste que no me atendiste el celu toda la tarde porque te quedaste dormida.
-Me cansé de dormir, sí, por eso ahora estoy cansada.
-Dale, porfa, un poquito.
-Vos tenés la idea fija, eh. Me hacés sentir un objeto.
-La mitad, y saco.
-La otra vez me dijiste lo mismo.
-Fue hace tres semanas, Sofi, entendeme. Después te agarró la contractura de piernas ésa que me dijiste, y que no te podías abrir. Además esta mitad de hoy sería la que no entró aquella vez.
-¿Y no podés esperar un día más?
-La mitad, dale, qué te cuesta.
-No me cambies de tema.
-¿Cuál era el tema?
-Tu incapacidad para esperar y para respetarme como persona. Para valorarme. Para hacerme creer en tu palabra.
-¿Eh?
-Pensalo, Rodrigo, pensalo.
-Dale, la mitad.
-No.
-Es un ratito.
-Cuando cambies.
-¿Pero que cambie qué??
-Ehh... La actitud.
-¿Actitud de?
-Deee... De estar no cambiando, digamos. Y de ser un adicto al sexo.
-Sofi, una vez cada tres semanas, y sin que me dejes besarte ni hablarte mientras te surto, no es de adicto, me parece.
-Si no reconocés que tenés un problema no lo vas a poder resolver.
Etc, etc.

 

Tus cagadas ya no generan reacciones. Siempre volvés a las nueve de la noche del laburo, pero caés a las doce y veinte. En el camino vas ensayando dos docenas de explicaciones, evaluando pros y contras, advirtiendo puntos débiles, imaginando preguntas y repreguntas de ella, seleccionando amigos que te pueden respaldar las coartadas, analizando si las mujeres de esos amigos no te van a terminar cagando, hasta que llegás... y ella no te dice nada, no pregunta nada, no te revisa, no te escanea la mirada.

Si encima te recibe fría, hay esperanzas. Pero si ves que además de no apretarte, está contenta, fuiste, hermano.

 

¡Aprendió la ley del offside! Nunca, pese a horas y horas de explicaciones, a esquemas dibujados sobre una pizarra, a tres mundiales compartidos en la tele, entendió en qué consiste la posición adelantada en el fulbo.

Pero un día, mientras te ceba unos mates al tiempo que mirás uno de los partidos del domingo, grita "¡Eeeeh, orsai, carajo!", con total pertinencia. Te está encuernando el coco con algún jugador, algún técnico, algún fanático o algún equipo.

 

Sus amigas te empiezan a tratar con onda. Las turras que siempre te tiraron a matar, que le llenaban la cabeza, que destrozaban ante ella tus explicaciones sobre tardanzas y arañazos en la espalda, ahora te saludan con cariño de hermanas y un tenue toque de compasión en los ojos.

Y claro, si terminan de escuchar que tu jermu termina 18 veces por encuentro con el otro y que con vos tiene que fingir hasta la transpiración.

 

Por la falta de práctica, sus coartadas son de Nivel 1. Cuando ante demoras excesivas en retornar a la casa notás detalles clásicos (lápiz labial corrido, cabello mojado en la nuca, respuestas monosilábicas para cualquier tema, celular apagado), sus explicaciones demuestran una casi ofensiva falta de preparación previa para la justificación, y su actuación a la hora del "¡faaa, no me digas que no me creés!" deja mucho que desear, con un pobrísimo manejo de los tonos de voz, del espacio escénico y del lenguaje corporal.

 

Se alegra de tus reuniones de amigos. Cuando ya lleve un buen tiempo guampeándote, se dará cuenta de que le conviene hacerte creer que le siguen molestando tus "viernes culturales" con la vagancia amiga, pero antes de adquirir esa experiencia notarás un cambio rotundo de actitud.

El "¡¿otra vez con esos borrachos de mierda?!" será reemplazado por un "¡qué lindo mi amor, qué lindo, qué lindo, qué lindoooooo!", tras lo cual seguirá un inmediato encierro en el baño que de todos modos te permitirá escuchar que está mandando y recibiendo mensajes de texto entre risitas.

 

La ropa interior. Un día, porque ves el cajón mal cerrado y lo querés acomodar, descubrís que entre la lencería que siempre usó con vos (que lleva el sello "Aprobado por la Liga de Madres de Familia"), hay tangas-hilo, medias red, bodies, disfraces de enfermera, corsets de cuero y objetos que te resultan indescifables (y de los cuales preferís no saber para qué sirven).

Cuando preguntás, se pone nerviosa y te dice que es para el actito de fin de año de la nena en el jardín.

 

Una noche no vuelve. Y a la siguiente tampoco, ni al otro día, ni esa semana. Ni nunca.

Y bueno, hermano, mirale el lado positivo, ahora ya podés ver los 100 mejores goles de la Premier League aunque coincida con el horario de Sex and the City.

 

 

.

 

Comentarios   

 
0 #4 RAR 12-05-2013 07:50
Advierto un grave error en la estrategia del guampa.
"La mitad nomás, dale que te cuesta." (fue más fuerte el instinto que la razón y le dió argumentos a la mina:"sos un adicto sexual).: Si hubiese consultado a machomenos con experiencia.
Tendría que haber dicho :"Solamente la puntita".

Saludos de un guampa feliz.
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0 #3 Ramoncito 11-05-2013 07:43
Metele el celular en el inodoro, apretá el botón y listo. No te inmuniza, pero te da 2 o 3 semanas de tranquilidad espiritual hasta que le den un nuevo aparato y número ... Mientras tanto, empezá Pilates ...
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0 #2 Rubén& 11-05-2013 04:51
Este nuevo escriba de la inagotable familia Pepe (Givmi Ioras suena a armenio, ¿será?) está en la dura y brillante ruta de las más altas cumbres de la investigación. Eso es lo que me pareció a mí. En cambio, mi chica me dijo que "si tiene pruebas, que se presente ante la Justicia".
Me dio qué pensar, sobre todo porque ella antes no confiaba en la Justicia.¿Será que ahora cambió de idea porque salió a ley de democratización ?

A: Nos parece que no. Pero por ahí sí. Este modelo no falla.
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0 #1 Aldo 10-05-2013 08:51
Exactamente eso le pasó a mi vecino, el coyita eléctrico.
Cuando quiso darse cuenta, la jermu estaba durmiendo cucharita conmigo.
Ahora anda paseando su cornamenta por todas las oficinas de SECHEEP sintiendo las risotadas de sus compañeros de laburo cuando pasa por una oficina.
Eso le pasó por hijo de puta golpeador, humillador, y por no respetar a la mujer.
La mina se vengó mal...
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