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La asombrosa leyenda de Paulino "La Garza" Stirenzas, el arreglador de mates

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"A este mate no lo arregla ni La Garza". La frase es com√ļn en los barrios del oeste de Resistencia -tanto que la repiten incluso j√≥venes que no conocen el origen de esa sentencia- y alude a un hombre que se gan√≥ un prestigio de acero como exponente de un oficio √ļnico en el mundo.

Es que Paulino "La Garza" Stirenzas fue un legendario "arreglador de mates", título adquirido por antonomasia. La habilidad natural de Stirenzas se plasmaba en lo que el lector ya puede suponer a esta altura del texto: reparaba y corregía los mates que no alcanzaban las expectativas de quienes los habían preparado. Salvaba incluso a los que peor sabían. "Hasta si la yerba era ortiga molida, el tipo lo arreglaba", recuerdan los vecinos más antiguos.

Stirenzas muri√≥ en 2008, pobre y olvidado. Pero de esa parte de la historia casi nadie se acuerda. Como si fuera un acto de justicia del tiempo y la memoria, en barrios como San Cayetano, Santa In√©s, Espa√Īa, Provincias Unidas y otros, lo que todos recuerdan es su talento asombroso para convertir cualquier agua de palos flotantes en un cimarr√≥n inolvidable.

 

Un elegido

 

La Garza -as√≠ apodado por su estilo cuidadoso y su tranco zancudo al andar por las calles- hab√≠a nacido el 12 de septiembre de 1911 en un √°rea rural pr√≥xima a Concordia, Entre R√≠os, aunque a los doce a√Īos se instal√≥ en la capital chaque√Īa con sus padres. Fue el mayor de 34 hermanos.

El periodista y escritor Chu√Īi Benite, en un ensayo biogr√°fico publicado en 2009, al cumplirse el primer a√Īo del fallecimiento de Stirenzas, dec√≠a que la incre√≠ble habilidad de Paulino para la preparaci√≥n de mates hab√≠a tenido que ver, justamente, con la formidable capacidad de producci√≥n de hijos que ten√≠an sus padres.

"El viejo y la vieja de La Garsa se la pasaban empomando tanta hora cada dia que a él no le quedaba otro remedio que pasarse tomando mate en el patio, a la espera de que lo dó calentone salieran de la piesa, porque el caráter retraído no le avia permitido al pendejito aser demasiado amigo en ese nuebo entorno que era la casa de Resistencia", dice Benite en un párrafo de su investigación.

En esas largas tardes mirando las enredaderas del fondo y los gorriones que bajaban a comer las migas de pan que el propio Paulino arrojaba sobre la gramilla, ese ni√Īo de largos silencios y de un intenso mundo interior fue dejando salir una impresionante creatividad a la hora de hacer trabajar mates, bombillas y pavas.

Los primeros en asombrarse fueron sus padres, que al salir sudorosos y despeinados de la habitaci√≥n matrimonial se encontraban con mates de sabores que jam√°s hab√≠an ba√Īado sus paladares y que Paulino hab√≠a preparado tratando de no escuchar los gemidos, jadeos y alaridos que llegaban a la cocina luego de atravesar el pasillo de la vivienda.

El artista, en esos tiempos inici√°ticos, se anim√≥ primero a combinar las yerbas disponibles con otras hierbas, pero no tard√≥ en lanzarse a f√≥rmulas m√°s osadas, que eran el comentario semanal de las comadres de la cuadra. Por todas partes se fueron as√≠ expandiendo los relatos sobre los mates del chico Stirenzas: amargo al vapor con c√°scaras de lim√≥n almibaradas, cimarr√≥n pre-hervido con esencias del C√°ucaso, dulce con yerba al ron y ar√°ndanos flambeados, r√ļstico con hebras de canela congole√Īa y paltas bic√©falas sancochadas en miel de abeja-dromedario tibetana, y otras combinaciones de un men√ļ tan asombroso como inagotable.

 

Luces y sombras

 

La fama de Paulino crec√≠a de un modo imparable. Desde todos los barrios aparec√≠an en la vivienda de los Stirenzas, cada d√≠a, decenas de personas que con cualquier excusa (una supuesta averiguaci√≥n de parentesco, un dato err√≥neo inventado acerca de la venta de un lavarropas en desuso, etc) buscaban estar unos minutos en la casa y ser convidados con alg√ļn mate del Paulino.

A La Garza la admiraci√≥n popular no le cambi√≥ sus h√°bitos solitarios ni le arrim√≥ amores visibles. Siempre parec√≠a abstra√≠do, s√≥lo interesado en hallar nuevas f√≥rmulas para la bebida criolla por excelencia. Lleg√≥ a los treinta a√Īos como si continuara siendo el ni√Īo de siempre, s√≥lo que m√°s l√°nguido y m√°s nost√°lgico. El rostro delgado y alargado, los ojos de marr√≥n tristeza, la boca de labios finos, los dedos interminables y suaves como besos junto al r√≠o.

La vida no le hab√≠a preparado grandes cosas, pero tampoco conflictos importantes, excepto uno: con su padre, Prigor Stirenzas, quien en poco tiempo pas√≥ de la celebraci√≥n de los logros de su primog√©nito a un ensa√Īado rechazo por su obra. "El mate es otra cosa, no esas mierdas de maric√≥n", le gritaba cuando la ginebra descalibraba los √°nimos.

Arrimándose a los cuarenta, Paulino encontró el peor amor con el que puede toparse un ser vivo: el que es correspondido y al mismo tiempo imposible. La vida dejaba de tener futuro. Todo el tiempo por delante se convertía, de repente, en un tiempo que iba caminando de espaldas. Un tiempo que mientras se agotaba sólo podía mirar hacia atrás.

Dejó de experimentar, y hasta regaló su pava con mango de palo santo al pordiosero de traje gris que habitaba el baldío junto a la panadería de los Alberti.

Sin embargo, la gente no lo olvidaba. De tanto en tanto llegaban a su casa con las mentiras conocidas, buscando un mate que no aparecía. Hasta que un día, un muchachito acudió a pedirle ayuda para corregir un amargo que convidaba a la chica a la que pensaba declararle su amor. Le había salido desastroso y temía arruinarlo todo. Paulino preguntó por el color de cabellos de ella, su forma de mirar y la manera de mover las manos. Luego de escuchar las respuestas, rebuscó en su alacena y entregó el envase de madera con una mezcla de yerba e ingredientes secretos. Al segundo sorbo, la muchacha besó al joven, y a la semana siguiente ya vivían juntos. Tuvieron luego cinco hijos.

 

El mito

 

La histora tard√≥ en conocerse, pero cuando comenz√≥ a saltar de boca en boca, la puerta de la peque√Īa casa a la que Paulino se hab√≠a ido a vivir solo, en el Barrio San Cayetano, no dej√≥ de ser golpeada a cualquier hora con un pedido de ayuda detr√°s.

Eran personas de todos los géneros, de todas las edades, solicitando que él les arreglara mates fallidos. Paulino casi no hablaba, sólo escuchaba. Luego probaba el preparado defectuoso, pensaba en silencio, abría su almacén de mago y un cielo de aromas inundaba el diminuto comedor-cocina. Después preguntaba lo que necesitaba saber, hasta tener claro si la infusión era para un encuentro de amigos, para despedir a un muerto querido, para conquistar a la empleada de una mercería o para atrofiar las glándulas cobrativas de un acreedor implacable.

Sacaba algo de aquí, una pizca de allá, unas hojas de esto, una ramita de esto otro, y devolvía el mate. Entre los viejos vecinos del vasto territorio de actuación de Stirenzas abundan los testimonios sobre los prodigiosos resultados que arrojaban las recetas.

El don de Paulino se volvió una maldición. Ya casi no tenía una vida propia. Lo despertaban al amanecer, a la siesta, a la madrugada, para arreglar mates de urgencia. Se dio cuenta de que a veces hasta habían sido mal preparados a propósito, al solo efecto de tener la excusa para que él les hiciera el que permitiera derribar una resistencia amorosa o curar un empacho de chorizos freídos en grasa de oso hormiguero.

Decidió primero restringir el horario de atención. Se creía con derecho, ya que jamás había cobrado un peso por sus servicios. De lunes a viernes, de 8 a 12 y de 17 a 20, redactó en el cartelito que colgó en la puerta. "Agrandado de mierda", le escribieron debajo, un sábado.

En otra ocasi√≥n, unos muchachones le rompieron la ventana de enfrente a ladrillazos, por no ser recibidos un mi√©rcoles al alba. En el almac√©n, una mujer lo insult√≥ y sopape√≥. Seg√ļn ella, el marido la hab√≠a dejado por una vendedora de billetes de Telekino a la que hab√≠a logrado seducir gracias a un mate de menta, nuez moscada y cerezas verdes que le hab√≠a preparado √©l.

La Garza dejó de atender, y casi no se lo veía fuera de su casa. Corrían historias como papeles arrastrados por el invierno. Que estaba encerrado tomando verdes con el Diablo, que se había hecho millonario con sus invenciones y se la pasaba contando billetes, que había enloquecido y en sus mates en vez de yerba utilizaba alacranes, que había conquistado con sus artes a una joven de melena azul a la que hacía bailar delante de él hasta que los pies le sangraban, que había aprendido cómo hacer el mate para volar y se había ido a Estambul.

Uno de sus hermanos lo encontr√≥ muerto un domingo a la ma√Īana, sentado a la mesa. Ten√≠a una carta amarillenta y ajada en una mano, y enfrente una taza de Nesquik.

 

 

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Comentarios   

 
0 #9 Isita 29-08-2013 13:09
Genial! treinta a√Īos viviendo en el sanca y no sab√¨a de donde proven√≠an esos mates tan esplendorosos que mi dorima convidaba a la que finalmente se lo llev√≥, GRANDE DON "La Garza" !!!! si supiera el bien que me hizo!!!
ADMI: A PROP√ďSITO, CUANDO TOMAMOS UNOS AMARGUITOS?

A: Por fin pregunta, Isita, hace como tres a√Īos que tenemos la bolsa de bizcohitos lista.
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+1 #8 marco polo 27-08-2013 09:33
Este cuento no tiene nada que envidiarle al realismo m√°gico de Garcia Marquez. Felicitaciones!
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0 #7 El Marucho 27-08-2013 00:11
¡Muy bien contado el cuento, Yasduit! Otro más para la antología angaucera.
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+1 #6 peregrino 26-08-2013 12:47
MUY bueno. ¬ŅPara cu√°ndo el libro con estos espectaculares relatos?
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0 #5 Pablo Bosch 25-08-2013 23:35
Genial las cosas de ccion Nieristica
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0 #4 Mariano 25-08-2013 21:37
Ma-gis-tral!!
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0 #3 edgardo cavagna 23-08-2013 20:11
genial amigos...
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0 #2 Eduardo José Rodriguez Z 23-08-2013 19:18
Excelente texto!

Felicitaciones sinceras
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+1 #1 darío alberto segovia 23-08-2013 18:40
Genial Chu√Īi,realmente un placer leer tus historias y art√≠culos en general.Disfrut o del humor simple,tan bien hecho.Felicitac iones y Gracias por permitirnos pasar un momento con sonrisas.(Si logra salir esto,en la pr√≥xima intentar√© acercarme un poquito a su acento chaque√Īo-yo tambi√©n lo soy-).Saludos.

A: ¬°Un abrazo, viejo, mil gracias!
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