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Polémica literaria por la obra autobiográfica de una cajera de Tiendas Bilba

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Emilia Cecilia Centella no sabe qué hacer con sus manos. De a ratos las deja reposar sobre las piernas, pero la mayor tiempo las entrelaza, las frota entre sí, se masajea los dedos, quita y pone los dos anillos del anular izquierdo. La entrevista la pone nerviosa. "Es todo nuevo para mí", dice, sin dejar de mirar al fotógrafo, que inútilmente le pide -una y otra vez- espontaneidad.

Ella es la autora de "Buenos días, ¿efectivo o tarjeta?", la obra autobiográfica en la que relata pormenores de sus 27 años como cajera de la sucursal Resistencia de "Tiendas Funcional Bilba". La obra no arrancó con buenas ventas, quizás porque los lectores esperaban -por antecedentes de productos editoriales similares, escritos por ex integrantes de grupos empresarios- revelaciones impactantes sobre la trastienda del negocio y en lugar de eso se encuentran con anodinos relatos sobre el día a día de las cobradoras de la cadena comercial y su entorno.

Con todo, la demanda de "Buenos días..." no es poca. Ya lleva más de 5.000 ejemplares vendidos, sin contar las transacciones vía internet, y abrió toda una polémica entre intelectuales y público acerca de si se trata de literatura o de un género menor que espera denominación. "Muchas personas, mujeres en su gran mayoría, me escriben para decirme que se sienten muy identificadas con todo lo que cuento y que les parece lindo que alguien se haya puesto a contar todo lo que se vive desde un lugar como el mío", dice Emilia con su vocecita de castor al recibir a Angaú Noticias en su casa.

Un texto singular

"A mi mejor amiga la conocí a los 22 años. Era yo una joven repleta de inmaduro ímpetu y colmada de picaronas ansiedades. Ella me recibió con generosidad, como pidiéndome dos únicas cosas: ¡afecto y responsabilidad! Oh, olvidé presentarles a mi amiga. Con ustedes, ella: mi caja".

Así comienza el libro de Emilia, en un tono que no varía mucho a lo largo de las 782 páginas de la edición, que arrancó a un precio de 95 pesos y ahora se consigue a 22 en librerías y quioscos. En los locales de Tiendas Bilba de todo el país uno lo puede llevar agregando 15 pesos a la compra de un pack de tres medias y una bombacha.

La redacción es almibarada y por momentos cándida. "No faltan las dosis de suspenso", afirma ella guiñando un ojo. Se refiere sobre todo al capítulo once, que relata los tensos momentos vividos el 24 de diciembre de 2009, cuando llegó la hora de cerrar el comercio anticipadamente (a las 18, por la inminencia de la Nochebuena) y no aparecía un corpiño marca Lator que el supervisor, encargado de los cambios, había recibido horas antes por una equivocación de talle de la mujer que lo había adquirido.

"Eran las 17.54 y la prenda no aparecía -escribe Emilia-. El señor Ríos estaba desesperado. 'Lo dejé acá, lo dejé acá', decía señalando su mostrador de reclamos. Lidia dijo que desconfiaba de la gordita teñida que un rato antes había ido al mismo sector a cambiar un calzoncillo. El señor Ríos decía estar seguro de que no vio nada raro en los movimientos de esa cliente. Héctor, el guardia, estaba descorazonado. Sabía que la principal responsabilidad, si se había tratado de un hurto, era suya. A pesar de eso, el señor Ríos se le acercó y le dijo: 'Tranquilo, pibe, esto no es culpa de nadie, sino obra de la fatalidad'. Siempre tan hombre el señor Ríos".

Para alegría de los lectores, cincuenta y cinco páginas después se aclara el enigma. Maidana, el ordenanza, había escondido el sostén en el cajón de los sellos, para gastarle una broma a Ríos. "Todos reímos de buena gana al revelarse la audaz chanza, y Maidana era el que más intensa hilaridad exhibía, mientras que el señor Ríos se ponía rojo de furia. Luego aceptó lanzar una carcajada, palmeando ruidosamente la espalda de Maidana -se lee-. Eran las 18.09. Cada uno podía ir al fin a celebrar en paz el nacimiento del Niño Dios, con cristiana alegría familiar. Qué grandeza la del señor Ríos. Y qué hombre".

Estilo propio

Quienes aman el cine alternativo, encontrarán en "Buenos días, ¿efectivo o tarjeta?" un tipo de relato intimista y repleto de detalles que convertirá su lectura en un proceso regocijante. Los que no formen parte de ese grupo, desearán fervientemente encontrarse en persona con Emilia para estrangularla con una medibacha.

Es que la cajera se dedica a describir su mundo laboral con un esmero que se vuelve exasperante. Los cinco primeros capítulos, por ejemplo, están volcados íntegramente a explicar las distintas funciones de su instrumento principal de trabajo, incluyendo una audaz confesión que se insinúa inconclusa: "Usar la tecla de porcentaje siempre me acalora y hace que mis pensamientos descarrilen hacia abismos dulces y prohibidos", cuenta. Tampoco falta la crítica social: "¿El hambre de cuántos niños se calmaría en nuestro vapuleado planeta si a ellos se destinaran los recursos que el sistema aplica a proveer a las cajas registradoras de una función totalmente inútil, como lo es la de división?", se pregunta en la página 183.

Hay también en ese primer tramo una quizás innecesaria descripción de la primera operación que le tocó cobrar. A modo de "documento gráfico histórico", se agrega allí una imagen del ticket en cuestión, más 23 páginas en las que Emilia menciona qué prendas facturó en el debut, e innumerables detalles sobre cada artículo de aquel bautismo de fuego.

De un batón para señora, talle 62, dice, entre otras tantas cosas, que "llevaba un estampado de arbolitos azules sobre un fondo blanco, con la particularidad de que en cada árbol había un pajarillo cantando. Parecía ser un zorzal, pero el señor Ríos siempre me discutía afirmando que se trataba del mirlo bígamo australiano, que a diferencia del hipocampo de mar (por citar un animal monógamo), muere antes de llegar a la adultez si antes no logra formar pareja con dos hembras. Ni una ni tres ni cuatro: deben ser dos. Al acudir a la biblioteca para interiorizarme del tema, debí admitir que la figura se aproximaba más a la del mirlo de Oceanía que a la de nuestro querido y respetado zorzal. El señor Ríos me dijo que un día, si visitara su casa, me mostrará fotos y videos que guarda en su computadora, con más de mil doscientes escenas de apareamiento entre las más variadas especies.Cuánta cultura la del señor Ríos, válgame Dios". Luego siguen casi diez páginas que aportan más datos científicos que "desechan la Hipótesis Zorzal", como expresa la autora.

Lides interiores

Entrelíneas, haya sido intencional o no, asoma la aparente batalla interna de Emilia por justificarse a sí misma una rutina de hierro que incluía una taza de matecocido a las 9.44 y otra a las 19.08, más incursiones al baño a las 10.27 y a las 20.02 y un eructo disimulado a las 7.59, justo antes de que se abriera la atención al público en el turno matinal. Al menos es lo que uno percibe en el capítulo diecisiete, donde habla de la conmoción que causó en el grupo el aviso de renuncia de Edgarda Malvona García, una mujer que a los 53 años se hartó del trabajo y -al cabo de casi tres décadas de servicios- decidió colgar las yemas de los dedos.

"Almigratti, Logarza y yo decimos que lo más probable es que ella y el marido hayan cobrado un seguro, una herencia o una lotería y ahora ella pueda prescindir de esto. El señor Ríos dice que los dos eran de ir al bingo. Maidana dice que le contó lo del retiro de García a la hermana de él, y que ella le dijo que a lo mejor se metieron en el narcotráfico. La contadora Cravaski dice que por ahí los agarró alguna secta. Yo una vez le vi una manchita de sangre en el canto de la mano derecha. 'Me lo hice con una chapa suelta de la puerta del Renault 12', dijo ella. Rara me lo dijo. ¿O venía de hacer sacrificios humanos? Qué loca para hacer algo así. Lo del retiro y lo de la secta, todo es loco. ¿Dónde va a conseguir otro trabajo así? Encima a su edad. 'Quiero vivir, vivir de verdad', dijo cuando le discutimos. Vivir de verdad, sí, cómo no... Como si una naciera para vivir".

 

Justo reconocimiento

La austeridad de imágenes cesa en el capítulo veintidós, donde Emilia cuenta el acto de entrega de una medalla por sus 25 años en la firma, en mayo de 2011. En trece fotografías se la ve recibiendo el pergamino, el saludo del gerente general nacional de la cadena, el del gerente local, el del señor Ríos, el del resto de sus compañeros, y la gran sorpresa de la noche: el ascenso a cajera calificada. El sueldo básico era el mismo, pero se ganaba el derecho a portar un broche con las iniciales C.C. en la solapa del saquito violeta.

También hay un par de imágenes de la cena celebratoria organizada por la empresa en la parrilla "El guasuncho consentido", avivada con los chistes verdes de Maidana, las anécdotas de los accidentados noviazgos de Logarza y la noticia de la muerte de Malvona García a raíz de una peritonitis, novedad que entristeció y dejó en paz a todos. Luego bailaron. Su compañero fue el señor Ríos, que le habló todo el tiempo sobre ciertos hábitos del jabalí hermafrodita amazónico. Emilia lamentó que no pudiera asistir su madre, porque el agasajo coincidía con el final de "Furibundo amor recíproco" en un canal mexicano.

En el final aparece toda la consternación de Emilia y sus compañeras por el despido de Ríos, a raíz de un confuso episodio con el caniche de la contadora Cravaski un día en que ella concurrió a la tienda con la mascota por el faltazo de su empleada doméstica. Pero se esboza un sentimiento todavía difuso por el nuevo supervisor. "El señor Galíndez siempre me sonríe de una forma especial. Bah, a mí me parece especial. Para mí que es especial, a las otras no les sonríe así", señala, y destaca que el nuevo superior "es más decidido que el señor Ríos al pasar la tarjeta con el código de anulación cuando hay un error de liquidación". Pero de amor, ni hablar. La empresa prohíbe el casamiento entre empleados de la tienda.

El libro, se dice que por presiones del grupo empresario, culmina con una lista de 314 artículos en oferta, cada uno con su opción de financiamiento en cuotas con tarjetas y créditos personales. "Sé que algunos critican esa forma de cerrar la obra, pero me pareció que nunca está de más orientar a la gente sobre las cosas que puede comprar", se defiende ella en el diálogo con AN.

En la despedida, aparece Galíndez desde la cocina con una bandeja que porta vasos de té helado y varias porciones de pastafrola. "No sé, surgió todo de golpe", dice ella como si pidiera disculpas. Él la abraza, la besa, y le dice que se va a buscar pan y zanahorias. Cuando desaparce tras la puerta, Emilia nos dice que están viendo si ponen una mercería. Sonríe al tomar el té. Se le va mucho más linda que en las fotos del libro.

 

 

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Comentarios   

 
0 #1 RAR 28-01-2014 13:48
Dos superclásicos y del Chuñi ninguna producción.
¿que hacen con la plata de la publicidad?
¿los bosteros apretaron al directorio?

Barra brava "Los borrachos del Tablón de madera pre-ensamblada"

A: Estamos esperando -por una cuestión de costos- el partido que se jugaría en Barranqueras.
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