10 consejos clave para vivir el Mundial

Martes, 17 de Junio de 2014 08:32 Uiardechempions Pepe
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Estamos a punto de entrar al pleno clima de Mundial, es decir, ese mes -días más, días menos- en que no te importa si te deja tu mina, si te tienen que cortar las gambas, si el vecino con sus arreglos te recontracagó la medianera ni si secuestraron a tus padres. Pero ojo, pasa cada cuatro años, así que hay que explotarlo al máximo.

 

Aquí, 10 consejos clave para que a la experiencia del Mundial la exprimas a fondo y haya la menor cantidad posible de interferencias entre vos y la felicidad.

 

1. Sé consciente del momento. ¿Viste eso de que "hay que vivir como si te quedara un día de vida". Bueno, no es cierto. Uno andaría a los gritos y llorando como un pelotudo hasta cuando lo escuchase al insufrible de Arjona si así fuera. Pero al tiempo del Mundial hay que entrar como si a uno le quedara un mes de existencia.

Entonces, no dejes que nada ni nadie te cague ese tramo maravilloso después del cual está la nada, el final de los partidos que emocionan, esa muerte horrible de sentarte en el sillón, prender la tele y tener que mirar Temperley-Flandria o Racing-Olimpo de Bahía Blanca.

Todo pasa demasiado rápido, no lo olvides ni por un minuto.

 

2. La vida son 15 mundiales. Otra verdad terrible, peor aún que aquella que dice que "cada día nos parecemos más al cadáver que seremos".

Tomando una vida promedio de 70 años de duración, y considerando que uno más o menos empieza a pescar la dimensión de un Mundial a los 10, resulta que te quedan 60 años de espacio vital para ver Mundiales. Con esta miérdica decisión de la Fifa de hacerlos jugar cada cuatro años, llegamos a la conclusión de que en todo ese andar antes de tu suspiro final caben 15 mundiales. ¡Sólo quince!

Te repito, porque se me hace que no lo captaste del todo: tu vida son quince mundiales. ¿Y sabés qué? Si sos un cuarentón largo, ¡ya quemaste diez!

¿Querés que te lo diga más crudamente? Te quedan, con suerte, cinco mundiales más. Después, chau. Adiós gritos ardiendo en la garganta mientras escuchás los gritos idénticos de todo el resto del barrio, de toda la ciudad, de todo el cosmos. Adiós a la alegría con cualquier desconocido, adiós el abrazo feliz con tus pibes.

O sea, ponete las pilas y mirate hasta los partidos entre equipos que ya quedaron afuera de la segunda ronda.

 

3. No te comprometas a hacer ni siquiera boludeces cuando juega Argentina. Es lunes y Argentina juega el sábado. Entonces tu mujer te dice "Negro, ¿será que el sábado vas a poder buscarme un nebulizador que me tiene que devolver la Chola? A las once de la mañana hay que pasar por su casa". Vos hacés cálculos: "La selección juega a la una de la tarde, tengo tiempo de sobra". Y entonces decís que sí.

Gravísimo error. Una ley de la naturaleza dice que "Un cuerpo sumergido en un día en el que juega su selección, experimenta un empuje de adelante hacia atrás que produce que todo lo que había que hacer antes del partido demore entre diez y treinta veces más que en una situación normal".

Dicho y hecho, vas a lo de la Chola, tocás el timbre, te atiende ella, le decís que vas a buscar el nebulizador, te dice que pases porque lo tiene que "poner en la caja", y empieza un suplicio horrible.

"Gladi, ¿vó no viste dónde está la manguerita del nebulizador que me prestó la Cuca?", le pregunta la tipa a su hija adolescente, que con ese lenguaje inentendible de los chicos de hoy, mezcla de paja, chicle y ciberdestrucción cerebral, contesta: "Iate nel fon del cos nde estaa la net".

La Chola busca con una lentitud tal que al lado de ella un oso perezoso parece Usain Bolt. "No está, che", dice. "Pero sentate, Cacho, que por acá nomá debe andá", te indica.

El "por acá nomá" te eriza los pelos de la nuca. La casa es un inmenso remolino de quilombos varios enredados como si formaran parte de una soga gigantesca: un quilombo de ropas, un quilombo de papeles, un quilombo de cables, un quilombo de almohadones reventados, un quilombo de cajas de cartón, un quilombo de perros y gatos, y más, más y más.

"No te preocupes, otro día paso y...", intentás zafar. "¡Eeeeeh, Cachitoooo, sentate que ya tengo el mate!", dice el Puqui, marido de la Chola, haragán histórico más pesado que testículo ortopédico de acero, molesto como grano en un párpado, más ordinario que alfajor de maizena al que en lugar de coco rallado le pusieron yerba.

Ya es tarde para escapar. La Chola busca y seguirá buscando por un tiempo que ya es como una inmensa goma de mascar que se estira y te atrapa, el Puqui te pasea por sus peores chistes verdes, te obliga a esperar el partido con él. Ya no te queda otra que mirar ahí. "Bueno, el primer tiempo", te decís a vos mismo.

Caen parientes de ellos, amigos, y chicos, muchos chicos moquientos y rompepelotas a más no poder, que gritan, saltan, cambian de canal para ver esos dibujitos de mierda de ahora; las mujeres cotorrean como si les hubieran dicho que al día siguiente quedarán mudas; hay un vecino que te habla a dos centímetros de tu cara y te baña de un aliento a vino tinto que pareciera haber sido hecho exprimiendo jabalíes.

Volvés a la noche, lleno de odio, vencido, para colmo con la amargura de que la selección perdió y quedó eliminada. "¡Ja, hermosa joda te mandaste, eh!", te putea tu mujer. Ni siquiera contestás, y le das el nebulizador, que está sin la puta manguerita.

 

4. Los partidos tienen los mismos resultados en todos los televisores. Tenelo en cuenta, así te sacás encima el peso de sentirte obligado a comprarte una tele nueva en cada Mundial. No te olvides que antes la gente cambiaba de tele cada 20 o 30 años, y casi todos lograban sobrevivir igual.

Entonces, no te endeudes de acá a un lustro para poder tener un aparato nuevo ahora. Y si lo hacés, tampoco va a servir de nada. Porque cuando llegues a tu casa con la tremenda caja en la que está el smart de 102 pulgadas, una vez que lo armes y lo pongas a andar, mientras esperás los aplausos de tu familia, vas a ver que todos se dan vuelta como si les hubieras dicho que te vas a vivir con una pendeja.

El nene más chiquito te va a explicar las razones: "Es un smart hd 3D full screen multifuction con wi fi y expendedor de agua fría, pero los vecinos tienen uno que también capta la humedad del ambiente y con eso fabrica helado".


5. No vuelvas a putear contra las publicidades emotivas. Ya con los Mundiales anteriores dejaste que te suba la presión al pedo. Ahora dejá de putear con lo de "siempre la misma mierda de publicistas", y bancate con otra actitud las publicidades berretamente emotivas donde todo es taaaaaaan visceral y tan puro y patriótico.

Tampoco es indispensable que pongas banderitas hasta en el culo del perro. Con que no robes, no coimees ni cagues gente este mes ni el resto del año ya harías bastante por el país.

 

6. No dejes librado al azar la definición sobre quiénes verán el partido con vos. Ocupate de elegir bien quiénes van a estar en el mismo living. Evitá los siguientes especímenes:

El dueño de la sabiduría: habla como si hubiera dirigido 12 selecciones campeonas del mundo. Te hace sentir sutilmente -y no tanto- que cada opinión tuya es una mierda. Él es el único que tiene la posta sobre los errores cometidos, las causas de un resultado y lo que deberían hacer los entrenadores. También sabe quién va a ser el campeón y quiénes quedarán en los primeros ocho puestos.

El ignorante patológico: no sabe una mierda de fútbol. Pero cuando te ponés a escuchar las cosas que dice o pregunta ("¿el lateral es siempre con la mano independientemente del lugar de la cancha en que sea el saque?¿los tiros en el palo no valen nada?¿si a un equipo le expulsan un jugador tiene que jugar todos los partidos con diez?"), te queda una duda lacerante: ¿cómo hizo para ser tan pero tan pelotudo?

El comentatodo: Como si fueras ciego, el repite todo lo que ve: "Ah, se le fue larga", "uy, hizo foul", "la tiró alta", "la pasó mal". Eso, que en los primeros tres minutos parece inocuo, ya a la altura del minuto 80 te lleva la presión a 22/29 y hace que la carótida te reviente el cuello de la camisa.

El antifulbo: Despreciable sujeto cuya teoría es que el fútbol es una mierda, un opio del pueblo, una cagada que animaliza a millones de boludos neanderthalianos. No dice nada, pero tiene un modo de suspirar ante tus gritos entusiasmados, que claramente significa "yo estoy en otro nivel evolutivo,  pero no te quiero explicar porque jamás lo entenderías; mientras tanto estudio a los de tu especie para tratar de comprenderla y aceptarla".

El japonés: No es nipón, pero actúa como los ponjas cuando van a la cancha. Todo lo excita, todo lo hace saltar y gritar. "¡Ooooohhh!", exclaman ante un tirito pedorro que cualquiera sabría que no tiene riesgo alguno. Aplauden y se ponen aceledarísimos si la pelota salió por un costado. En el final, se quedan esperando el tercer tiempo.

 

7. No mires los partidos con tu esposa. Precisemos: no los mires con ella si hay un tercero presente, amigo o pariente. Porque una esposa siempre utilizará la observación compartida de un partido de fútbol para describirnos con un sentido de escrache.

"Jaja, no sabía que el Luicho era tan fana", comenta tu concuñada. "Sep, es la única vez que deja de parecer un muerto vivo", acota tu amor. "¿Te gusta Holanda?", preguntará una amiga invitada. "A él nunca le gusta nada", intervendrá ella mientras vos tratabas de acomodar una respuesta analítica sobre el fulbo naranja.

Y así todas las veces.

 

8. Que te hayan dado una remera gratuita no significa que la tengas que usar. Es tentador, sí, porque no la garpaste y es como un regalo, pero no por eso vas a ponerte una camiseta de Argentina con la foto o el nombre de un funcionario forro y chori, o una que te queda tan apretada que parecés un homenaje de los matambres a la selección.

 

9. Que las contrariedades del fútbol no te hagan olvidar que hay un después. Cuando Argentina va perdiendo -y peor si eso sucede en un partido ya de segunda fase, donde la derrota significa eliminación- uno está más susceptible que nunca. Entonces, los comentarios boludos, las pavadas que en otras circunstancias no nos afectan, nos pueden causar en estas circunstancias reacciones que no estamos en condiciones de medir.

Es el típico caso del hombre cuya esposa, en pleno 0-4 ante Alemania durante Sudáfrica 2010, pregunta con vocecita tranquila "¿y ahora hay una revancha o éste nomás es el resultado?", ante lo cual la frustración, la humillación, la hemorragia provocadas por la goleada teutona, te hacen contestar a los gritos "¡no, no hay revancha, así como no la hay para mí por haberme casado con vos, ni para mi cero-cuatro de todos los días las mismas mierdas de guisos, la misma mierda de mirar Telenoche sin hablar, la misma mierda de tu vieja cagando pedos en la cena, la misma mierda de los pajeros de nuestros hijos que no estudian ni trabajan ni cogen, la misma mierda de esta existencia puta que laconchadelaloranosépaquécajetanacísitotaligualnosentiríanadapormorirmeahoramismoylaputaqueteparioalemanesputosyvosDem-ichelisquenoagarrasunavacaenelpasillocrotodemierda!!!"

Algo que tiene un efecto drenante en ese minuto y los diez o quince siguientes, pero te quiero ver cómo se te pone la cosa en las semanas posteriores.

 

10. Preparate para el final. El Mundial va a terminar. En realidad, el Mundial se termina cuando Argentina queda eliminada. Si sale campeona, es algo así como la garantía de la vida eterna, que dura los cuatro años hasta el próximo Mundial. Pero si no sale, es un final duro, triste, de muerte.

Uno se siente como el protagonista de Ghost. Anda por acá, camina las calles de siempre, compra las milanesas de siempre, tiene los orgasmos de siempre, pero con la mirada desprendida del alma, porque el mundo se volvió ajeno.

Ya no hay sentido ni nada que esperar. No hay futuro. Los mañanas, de repente, se vienen todos para acá, y queda únicamente un presente blanco y vacío.

En los noticieros, en los canales deportivos, se ven con el corazón frenado las vidas de los otros, las de los que todavía están en carrera, las de los que todavía son.

Y, amigos, hay que estar preparados para ese momento. Aunque no sirva absolutamente de nada.

 

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