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Las campanita de la vida verdadera. Por Chuñi Benite

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La otra vé un vago me dijo: "Che, Chuñi, ¿tacordá de lo seladero eso que andaban en bisi, con la conserbadora adelante llena de helado de todo los colore, y que se anunsiaban tocando una campanita?" ¡Cómo no me viacordá! Ese tilintilín en la siesta era como si a uno le abisaran que la felisidad estaba pedaliando cerca de la casa.

Entonse empesaba una esena como de las película de Brus Güili: te quedaban 30 segundo, a lo sumo 40, pair asta donde estaban tus viejo, agarrarle a uno dello, desirle too apurado que estaba pasando el heladero, esplicarle por qué vos te meresía más que ningún otro pendejo que te compren un helado, responder a la sacusasione de tu viejo o tu vieja disiendo "qué mierda vasa portarte bien si el otro día bla bla bla", rechasar los cargo, esperar la réplica dello, volber a argumentar, consegir el sobreseimiento, lograr que te pasaran las moneda, salir a los pedo atropellando sillas y caja, ubicarle al vendedor y llegar asta él medio muerto pa elegir tu helado.

Ay empesaba otra parte fantástica. El tipo abría esa conserbadora/heladera lenta, que en Resistencia era casi siempre amarilla y de metal, y adentro vos creía ver una espesie de laboratorio espasial. Salía un humito blanco y el tipo tocaba los yelo como si jueran nube sólida. "Es yelo seco", te desía cuando vos preguntaba. Te lo desía con tono de "no saé lo importante que soy por llebar yelo seco en la caja; te esplicaría pero vos só muy pendejo pa entenderle todabia".

Y despué ya venía el plaser de la elesión. Eran todo helado de palito, y avía que tené cuidado al elegir. Como en la vida, bah.

El de frutilla era muy rico, pero era de agua. Funsionaba como los amore fugase que te marcan para todo el viaje. Si le elegía, al darle la primera lengüeteada el sabor te bailaba un malambo en la sangre, y entonse vos le chupaba con alma y vida, sin poder ponerle freno ni al paladar ni al corasón, y eso asía que que el hermosor te dentrara en la boca todo junto y en un solo intante. Era pura felisidad, pero al presio de que en la mano te quedaba un palito rodeado de yelo blanco.

El de vainilla (o de crema taén le desían) no era hací. Era meno espetacular de sabor, pero más fiel vamoecí. El de vainilla era el amor compañero, el de la sabiduría del maratonista, él abil regulador de los tiempo y las distansia. Se le disfrutaba tranqui toda la morfada, como a tu hermana jio jio jiooooo.

El de chocolate era una apuesta jodida, como lo samore repentino, eso que se te crusan de golpe en el camino. A vese era más rico que la miércole, a vese paresía hecho con meno onda que inpetor de tránsito.

El de dulseleche no se por qué era la figurita difísil. Este venía a ser como el amor añorado. Podía ser delisioso como los sueño, o dejarte enllenado del sabor pastoso de la desepsión. Porque cuando idealisá algo, má vale que al consegirle sea tal cual vos le avía pensado o que no tenga acsolutamente nada que ver. Pero que se paresca un poco, sin llegar a ser, es lo pior que le puede pasar a un gente. Eso samore que se quedan a veinte metro de la meta, puff, asen más daño que una llobisna en el atardeser de los domingo eterno.

Y despué los tiempo más moderno nomateígo trajeron unos "de menta", que eran más feo que agarrarse la punta con el cierre del pantalón, y otro asul que el tipo nunca sabía desirte de qué sabor era ("é asul nomá", desía a vese, medio podrido ya de tanta pregunta). Un antepasado –le calculo yo- de esa bominasión de la ciensia que es el sabor “crema del cielo”.

 

Pero la cuestión es que hací, sumando persecusione desesperada a aquellas bisi que bajaban del Paraíso mismo, aprendimo que esta misteriosa ecsistensia nuestra quisásmente no es ni má ni meno que eso: una siesta en la que la alma espera y espera y espera que suene la campanita que abisa del paso de la vida verdadera.

Y aprendimo taén que cuando suena, ay que salir rajando, desididos a alcansar las rueda de la esperansa, rebentando los corasone en la misión si isiera falta, ante de que la noche llegue y nos deje la calle irremediablemente vasía.

 

 

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Comentarios   

 
+1 #5 blanqui de la Riega 29-08-2016 18:17
me hiciste emocionar Chuñi!!! toda una infancia entre los heladitos de La POrteña, o los pícole Susi a la salida de la escuela número 2...abrazos, y gracias por esta pintura con gusto a siesta

A: Gracias por venir a jugar a esta plaza, Blanqui. Un abrazo.
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0 #4 marco polo 29-08-2016 12:17
Lindo recuerdo de una profesión casi extinguida. El tintinear de la campanita del heladero y la flautita del afilador de cuchillos son sonidos casi olvidados en la vida urbana
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+2 #3 Penny 28-08-2016 22:15
Chapeau para Ud, Chuñi! Es un maestro de la nostalgia, un memorioso empedernido y un rescatista de recuerdos que luchan por no desaparecer.. Esas vivencias que por simples no dejan de ser grandes. Ud. y su sensibilidad me llenan el corazón cada vez que lo leo. Muchas gracias Chuñi!!
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0 #2 Gabriela 28-08-2016 16:00
Maravillosa reflexion final!
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0 #1 Enrique 28-08-2016 12:43
Selente!! Rajar a correrlo al heladero, en la zona misteriosa de la siesta, donde los grandes duermen y los chicos salen a vagar, a cazar pajaritos, donde a lo sumo te partía la cabeza el sol hasta el atadecer de futbol en el clú! Un abrazo!
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