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No sestamo quedando sin loco. Por Chuñi Benite

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Tres años atrás fue hallado muerto, acostado sobre un banco, a la intemperie, Carlitos, probablemente el loco más querido de Resistencia. Paisano fugaz de todos los bares, a los que visitaba pidiendo unos mangos para un café o un cigarrillo. Protagonista de leyendas urbanas que le atribuían distintos orígenes a su locura llena de bondad, su muerte fue, en cierto modo, el aviso -uno más- de que vivimos otros tiempos.

Las ciudades se van quedando sin sus locos mejores, y sobre eso y algunas cosas más escribió el literato Chuñi Benite cuando en mayo de 2014 se refirió a la partida del gran e inolvidable Carlitos.

 

...

 

No sestamo quedando sin loco

A medida que las ciudade se van descorasonando, se le van muriendo sus loco. Asta que un día la ciudá es eso nomá: una ciudá, una juntasión de gentes, cemento y fierro; una ordenasión en la que la locura queda casi tan juera de moda como la pasión.

Resistencia perdió ase unos día a uno de sus loco mejore, el Carlito, que andaba por los bare mangeando una moneda para su café o que, con la timides de siempre, pedía un cigarrillo al fumador con la misma cautela con la que un tipo le pediría a otro que le empreste la mujer.

Nunca le iba a ver en pedo al Carlito, nunca disiendo una guarangada, siempre el agradesimiento tan lleno de alegría que te asía sentir que no lestaba dando una guita pa un feca sino la mitad del sol, una vida resién hecha, una bisicleta asul.

Aparesía de golpe, caminando como si medio bailara o medio resara, las mano casi siempre tocándose sobre el pecho, un buso tapado con tres generasione de tierra, que usaba ni bien la temperatura se ponia abajo de los treinta grado, el pelo alargado sobre la jeta de ñeri pícaro, lo sojo entreserrado por una sonrisa que le salía tan fásil que daba enbidia.

Las mano gorda, lo único gordo en su cuerpo de caminante infinito, como si las mano –como el buso, como el lompa, como las sapatilla varios número más grande que su talle- también le hubieran sido regalada por uno de sus tanto amigo de siempre y de nunca.

Sobre la frente y flotando al lado de la soreja, los rulo del pibe que avía sido asia mucho saño y que segía armando pandorgas en la vereda de su sojo.

Con su muerte empesaron la saberiguasione, y se supo el nombre real de Carlito, pero al pedo nomá, porque Carlito avía elegido ser Carlito y para todo era y va segir siendo Carlito. Tampoco sirbe saber que llebaba 63 año ajuera de la pansa de su mamá, si total todo sabemo que Carlito no tenía edad.

Disen que de ñerisito no tenía nada raro, que jugaba con lo sotro vago de los barrio del centro, que avia venido de Bueno Saire, que tocaba bien la gitarra y le gustaba cantar, que siempre tenia esa alegría de él y que por eso era común que las madre de otros ñeri le inbitaran a tomar el cuili en sus casa.

Lo que nadie sabe es cuándo se rayó Carlito ni qué cajeta le pasó. Cuentos y teoría ay montone. Dolores familiare, la muerte de un amor de eso que uno sabe que nunca má en la puta vida se van a repetir, qué se yo.

O alomejormente Carlito era un cuerdo que de chico quería ser loco, hací como algunos loco quieren volberse cuerdo y estudian derecho, ciencia seconómica, periodismo o despachante de aduana.

Carlito, como el Oscarcho de El Tambor de Hoja Lata, paresía aver desidido no creser, y lo bien que iso. Si vó le daba más plata que la que él nesesitaba para su café o sus pucho, cambiaba el billete y te devolbía lo que le diste de màs. Un tiempo despué de la muerte de Zitto Segovia en aquella tragedia de Goya en la que perdimo tantos músico capo, sencontró en una esquina con la viuda del Zitto, sacó 20 peso del bolsillo rotoso y le dijo: “Tomá, sé que haora tené que criar a tu sijo sola, para algo te va serbir”.

Una ves dentró a una rotisería, y como pidiendo perdón con las mano, se preparó para un mangaso. “Debe querer guita o morfi”, pensó el vago del negosio. “Disculpá, ¿me podría prestar un ratito la gitarra?”, dijo Carlito. Es que unas noche ante se avía armado una gitarreada ay, y él se avia quedado con las gana de cantarse algo. Tocó un rato, dio las “mil grasia”, y se jue.

La locura, quisásmente, a vese es nada más que una incapasidá para calsarse el mundo cada mañana y salir a la calle. Otras vese, una desisión de bajarse de un juego que puede aburrir demasiado y lastimar más todabía. Entonse, el loco salba a muchos, porque la locura que llebamo guardada reconose al loco, se pone a saltar, juega, riye por la pura dibersión de esistir, y nos enniñamo de nuebo.

Carlito se sentaba en una mesa medio alejada, para no molestar, y sorbía su cafesito. Entonse empesaba a ablar solo. Las palabra se trensaban con el vaporsito que subía de la tasa, y aparesían las risita. ¿Con quién ablaría Carlito?¿De dónde sacaba esa pas el ñeri?¿Por qué nunca putiaba si se pasaba los verano y lo sinbierno durmiendo sobre un banco de cemento o abajo de alguna escultura? Se lo hubiéramo preguntado a él. Haora jodamonó, por pelotudo.

Igual, es lindo pensar que el Carlito ya no tiene la mesa vasía, y que enfrente tiene haora dos tasita de café, una della debajo de lo sojo que parese que siempre estubo buscando y que, grasia a la bendisión de su inosensia indemne, siempre estubo encontrando.

 

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Comentarios   

 
0 #4 sergio 27-05-2017 02:02
Orea vez, y me alegro: gracias Chuñi
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+1 #3 Laura 24-05-2017 07:30
Gracias, Chuñi.
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+1 #2 Norberto 20-05-2017 20:38
Ojalá veamos esa antología
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+2 #1 marina 20-05-2017 17:27
Maravilloso! como siempre..., Chuñi, talvez tenés otras historias como Calle 7, me encantaría leerlas! es un placer... Gracias!

A: El literato está preparando una antología. En cualquier momento la perpetra.
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