Foto Eliana Obregn
Foto: Eliana Obregón.

En un contexto de encarecimiento del precio del papel, aumento de costos de producción y precios de los libros, los sellos más chicos son los que más apuestan a publicar primeras novelas, pero a su vez hay concursos y convocatorias que buscan nuevas voces y alientan el circuito de autores y autoras noveles.

Desde la inscripción para premios, que buscan obras por temas o nuevos nombres, hasta las recomendaciones de colegas, ¿cómo se genera el encuentro de editores y autores cuando se trata de una primera obra? ¿Hay editoriales que buscan tener primeros títulos en sus catálogos? ¿Hay un intento de seguir el trabajo de ese autor o autora para pensar en el desarrollo de una obra a partir de una primera publicación?

«La intención siempre es publicar a un autor y que siga escribiendo, debería ser lo básico que se propone un editor: trabajar el catálogo como catálogo de autor y continuar la carrera de un escritor o escritora aspirando a que esa escritura mejore, madura, crezca. Esa es la labor de un editor, acompañar a ese escritor en ese proceso de crecimiento en el que no siempre está garantizado el éxito comercial pero en el que uno debería tratar de hacer una gestión profesional para que la literatura vaya madurando y encontrando una voz o distintas voces», sostiene Paola Lucantis, exeditora del sello Tusquets y actual responsable, junto con Paulina Cossi, de la librería Te llamaré viernes.

Como editora de Tusquets publicó las primeras novelas de autoras como Luciana De Luca, Leila Sucari, Valentina Vidal y Luciana Sousa y cuenta que en los cuatro casos esas obras le llegaron a través de terceros. «En el caso de Leila Sucari me llegó por una escritora que tenemos en común. Con Adentro tampoco hay luz había ganado el premio del Fondo Nacional de las Artes. La novela de Luciana de Luca, que se llamaba Carolina y después fue Otras cosas por las que llorar, me llegó por su pareja, Santiago Craig. Luciana en ese momento no tenía novela publicada pero había participado en una antología de cuentos y tenía libros infantiles publicados. En el caso de Luciana Sousa me llegó a través de su agente Claudia Bernaldo Quirós, quien me propuso leerla y publicarla. Y Fuerza magnética de Valentina Vidal también me llegó a través de un conocido, la leí, me gustó y decidí apostar», repasa.

«La intención siempre es publicar a un autor y que siga escribiendo, debería ser lo básico que se propone un editor: trabajar el catálogo como catálogo de autor y continuar la carrera de un escritor o escritora aspirando a que esa escritura mejore, madura, crezca»Paola Lucantis

Si bien suelen ser las editoriales independientes las que más apuestan por las publicaciones de nuevos nombres, en este caso, de la mano de Lucantis como editora, Tusquets mostró otra impronta. «La publicación de estas autoras fue en un momento en el que se estaba armando el catálogo de Tusquets Argentina, con la incorporación de nuevos autores, nuevas voces o distintas agendas de narrativas», explica Lucantis.

Un sello que suele publicar autores nuevos es Blatt & Ríos y Damián Ríos, uno de sus editores, cuenta que con su socio Mariano Blatt, tienen un circuito de lectura de primeros libros y de libros que a veces les mandan por mail, y a los que a veces pueden hacerles devoluciones, y muchas otras veces no llegan a poder responder. «Pero también trabajamos fuertemente desde antes de que esos libros existan, es decir que identificamos autores que tienen potencial, fundamentalmente a través de los talleres (incluso de algunos que dictamos nosotros mismos), autores con los que vamos trabajando a lo largo de años diferentes proyectos de libros», indica.

Es decir que hacen una búsqueda activa de autores noveles y especifica que «cada tanto, alguno de esos autores termina un libro que nos convence y lo leemos entre ambos, ya pensando en publicarlo, discutiendo las lecturas que hacemos».

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Foto: Eliana Obregón.

El poeta y editor cita los casos de Derian Passaglia, autor de la novela El alma de las colinas, o de Grimanesa Lazaro de quien publicaron Niña y Basurero, o el de Olivia Gallo de quien publicaron su novela No son vacaciones que es su segundo libro, pero lo trabajaron con ella durante mucho tiempo con el equipo de edición.

«Otros libros nos llegan por recomendaciones: es el caso de la novela Él habla en el silencio, de Guille Felix, que nos llegó por recomendación de otro autor del catálogo, Nicolás Teté, que publicó años atrás Nada nos puede pasar. Fue el caso también de la novela Uno no decide lo que ama, de Ignacio Véliz, que nos llegó por recomendación de un poeta a quien respetamos muchísimo y lo leímos y enseguida nos ganó la historia, el estilo, el mundo que pintaba, el universo narrativo, y lo publicamos», enumera.

En diálogo con Télam, Ríos destaca que la idea del sello es todos los años haya entre sus novedades uno y tres primeros libros, según las posibilidades de cada año: «No importa la edad de los autores, porque por ejemplo en su momento publicamos La permanente y otros relatos, de Marta Lopetegui, que es una mujer que empezó a escribir de grande. Y así vamos avanzando en esta línea del catálogo».

En el caso de la editorial Baltasara, tiene abiertas sus convocatorias para recibir manuscritos inéditos de poesía hasta el 31 de enero y de narrativa, hasta el 15 de marzo, de cara al armado de su catálogo 2024 y Guillermo Corbacho, editor del sello, subraya que reciben «de todo. Hay textos profundos, livianos, densos, barrocos, simples, etc. El rango etario, por la experiencia de vida y bagaje cultural, hace la diferencia (para bien o mal según cada caso). Nos encontramos con buenas ideas y mala escritura, como también excelente escritura que no llega a ninguna parte. El equilibrio nos da las obras que despiertan nuestro interés».

En relación al contexto de crisis, Corbacho asevera que «golpea muy fuerte al sector, porque básicamente, con bolsillos flacos, nadie compra libros. Las editoriales independientes trabajamos con capital propio y tenemos que optimizar recursos al máximo para poder seguir funcionando. La apuesta editorial, en este momento, requiere mucha precisión. No muchas editoriales pueden seguir funcionando en este contexto, por lo que cada vez hay menos oportunidades para los escritores».

Baltasara publicó El último Falcon de la tierra, de Juan Ignacio Pisano, que después ganó un premio como Medifé Filba y sobre cómo llegaron a esa obra y cómo decidieron publicarla, revela que les llegó a través de la Convocatoria Editorial Novela 2018. «En realidad, es la segunda novela del autor. En una entrevista cuenta que intentó publicar su primera novela, sin éxito, en editoriales de Buenos Aires (posteriormente publicada en Baltasara Editora). Este es un claro ejemplo de las posibilidades de edición que generan nuestras convocatorias», remarca.

«Cuando surge la posibilidad de presentarla en el concurso Medifé -Filba, Liliana Ruiz (Nuestra fundadora y directora editorial en ese momento) confía en la obra y la envía sin dudar, al contrario del autor que desconfía de la recepción que pudiera tener. El resto es la historia que todos conocen, aunque lo que más satisfacción nos da es la confirmación de que nuestra apuesta fue la correcta y que valía la pena intentar. Como editorial independiente del interior es un logro muy importante que vale la pena recalcar», rememora el editor.

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Foto: Eliana Obregón.

¿Cómo se vive ese proceso de acercamiento a una editorial con una primera novela?

Noemí Frenkel, actriz y autora del libro de poesía Trazos de la serpiente, indica que su primera novela Cuerva se publicó por Milena Caserola «como parte de un proceso de dos años de estar dando vueltas con el manuscrito, de buscar contactos».

«A veces las editoriales independientes están muy atosigadas recibiendo manuscritos y hay que esperar mucho tiempo hasta que puedan leer y resolver. En mi acercamiento a esta editorial intervino Cristina Civale que leyó mi novela y le insistió a Matías Reck para que la leyera, la eligiera y ella también intervino como equipo de edición en el texto. Ese equipo fue determinante para que la novela viera la luz este año. Es una editorial que conozco hace muchos años, leo sus libros, me interesa su forma de pensar la edición», afirma Frenkel que ya está trabajando en una tercera novela, mientras hace circular el manuscrito de la segunda, titulado Mi bosque vagabundo, sobre un viaje a Polonia para bucear en la historia de sus orígenes.

Sobre Cuerva resume que «fue un proceso de escritura de seis años, partió de la imagen de una mujer sola en una casa de campo hablando con un muerto» que la llevó a indagar «en ese personaje perturbado y en su herida», hasta dejarse «habitar por su sensibilidad extremada hasta notas de un quejido animal, una cuerva con la que ella se identifica, y apareció esta historia de amor de a dos, de a tres, de erotismo y traición», explica sobre la historia que contó con la mirada de María Moreno en el último año de ese proceso.

Acerca de la coyuntura y cómo puede afectar las posibilidades de publicaciones, Lucantis advierte que no está trabajando para ninguna editorial de manera fija pero considera que «el contexto de crisis va a ser muy difícil».

«Es probable que los espacios de nuevas publicaciones se acoten en las grandes editoriales, que van a necesitar o van a buscar sostenerse a a través de resultados comerciales, y probablemente aparezcan más espacios en editoriales más chicas. Quizás es un tema de paciencia y entender que tal vez lo mejor para un escritor no es necesariamente publicar en una editorial super comercial, eso no asegura que te vaya bien y que tu libro sea mejor» reflexiona la editora y librera.

Para Lucantis, «la apuesta a la diversidad de donde buscas publicar también tiene que ser un ejercicio más ambicioso en el cuidado de la obra que en una expectativa comercial. A veces esas variables se suelen distorsionar y hay un editor para cada libro y un editor para cada libro en un momento específico» y concluye: «No creo que sean reglas con las que se puedan pensar las cosas a largo plazo y mucho menos en este momento donde todos vamos a necesitar cintura, creatividad, imaginación y tender redes para que las cosas sigan funcionando y no todo sea frustración».

Ríos plantea que desde la editorial se proponen «seguir publicando primeros libros, en la medida de lo posible», y trabajar con autores que identifican porque les gustan sus libros anteriores, o porque les llega un libro que por ahí no sirve para el catálogo pero sí les interesa su voz, entonces lo convocan para trabajar en otro libro posible, se reúnen, van «charlando de a poco cada libro con cada uno de ellos». «Esa es la dinámica», sintetiza entusiasmado.

Claves del circuito de publicación de primeras obras

Editores y autores dejan sus recomendaciones y sugerencias para quienes tienen un manuscrito y están buscando publicarlos, reflexionan sobre cómo funcionan los circuitos de acercamiento a editoriales y sobre el proceso de edición de una primera novela.

Guillermo Corbacho, de Baltasara, sugiere que «como escritor deje su ego de lado, relea, reescriba y corrija mucho. Que no caiga en temas trillados ni en lo explicito o el morbo para llamar la atención del lector. Que no se deje llevar por lo mucho que haya leído y tenga voz propia».

«Como dijo el arquitecto Mies Van Der Rohe: «MENOS ES MÁS». A veces un texto claro y sencillo puede ser más interesante que uno muy complejo que termina perdiendo el hilo de la idea», agrega y explica que «la elección del material a publicar es una tarea delicada»: «Estamos apostando con nuestro capital y nuestro nombre. Este es un dato no menor que tiene que tener un autor cuando presenta su material, tiene que estar a la altura del riesgo que va a tomar el editor al publicarlo».

En tanto, Paola Lucantis dice que suele «recomendar bajar el nivel de ansiedad y trabajar más las novelas» porque advierte que «en general a las primeras novelas que llegan a un editor les falta muchísimo. Hay un montón de gente que está haciendo clínicas, que hace talleres, correcciones».

La editora y librera subraya que es importante que el autor «no crea que porque terminó en un Word, esa novela está terminada» porque reconoce que «probamente le falte un año de corrección, un año de que alguien con criterio de lectura la lea, alguien en quien confíe, que genere idas y vueltas de devoluciones, que tenga una corrección formal y paciencia».

«Veía que había mucha ansiedad y una suerte de desformalización de la escritura entonces hay muchos escritores que dicen ya esta la novela y no, suele necesitar trabajo. Son pocos los casos en los que una novela viene super bien escrita pero en general en esos casos trabajaron un año, año y medio mínimo, en leer, tener devoluciones, cambiar puntos de vista», recuerda de su etapa al frente de Tusquets.

«Es un trabajo llegar a un bien texto, en general llegan super verdes y muy apurados por publicar. Después se encuentran con la realidad de la cantidad de libros que ya tienen contratados las editoriales y que no pueden publicar porque los tiempos se van alargando. Eso es un circuito difícil porque los planes editoriales están acotados, los tiempos de espera para publicar son largos y te juega en contra la ansiedad. Hay que entender la realidad de los contextos editoriales, trabajar muchísimo las novelas para que lleguen un editor ya sólidas», agrega.

Como autora, Noemí Frenkel sugiere «hacer tripas corazón, tener muchísima paciencia» y define su ese tiempo de circulación del manuscrito que fue luego «Cuerva» como «un proceso angustiante, tortuoso, como tirarse al vacío». «Mandas el manuscrito y pasan seis meses y no tenés novedades. Es muy difícil entender cuál es el panorama y la dificultad para publicar. Hay que insistir, confiar en el material e imaginar que va a aparecer la persona que va a confiar y se va a producir ese encuentro. Pero hay que hacerlo circular, insistir, mandar a concursos, aceptar devoluciones, ir fortaleciendo esa confianza en el material», remarca.





Fuente Telam