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Las teorías literarias que Jorge Luis Borges desgranó en entrevistas sucesivas con Osvaldo Ferrari a propósito de cuestiones como los sueños, el tiempo, la ética o el amor, se rescatan ahora en una edición definitiva que acaba de publicarse y donde se agrupan los tres volúmenes ya conocidos de intercambios más otros inéditos que totalizan las 118 conversaciones que mantuvo el autor de «El Aleph» con el periodista entre 1984 y 1985.

Titulado Los diálogos. Edición definitiva, el libro publicado por Seix Barral se divide en tres partes. En el «Diálogo I», se recopilan 45 conversaciones. De manera similar, el «Diálogo II» presenta otros 45 diálogos. Sin embargo, es en el «Reencuentro» donde se completa esta ambiciosa y lograda edición: diálogos inéditos que Ferrari retoma 14 años después, completando así la serie de 118. La editorial ha optado por imitar la edición japonesa, presentando ahora los tres libros en un solo volumen que abarca 800 páginas.

Los diálogos tuvieron lugar entre 1984 y 1985, cuando Borges tenía 85 años y Ferrari, 35. Fueron concebidos para un ciclo semanal en Radio Municipal, aunque tuvieron su correlato en una página completa de la sección Cultura del diario Tiempo Argentino. Esta exposición previa generó una familiaridad con el material entre los lectores, lo que posiblemente contribuyó al éxito del libro.

Ferrari es escritor y poeta, licenciado en periodismo y en ciencias de la comunicación. En diálogo con Télam destaca la singularidad del pensamiento literario del autor argentino. Este ideario, según el entrevistador, es único y creativo, con matices distintos que lo diferencian de otras formas de pensamiento. Además, explora las teorías literarias de Borges sobre cuestiones como los sueños, el tiempo, la ética o el amor, resaltando su originalidad y su impacto en la literatura.

La proximidad sostenida de Ferrari con el autor de «Ficciones» lo convirtió en un interlocutor válido para expedirse sobre sus pensamientos y deseos, tanto que hace unos días los sobrinos nietos del escritor decidieron a partir de unos dichos del periodista sobre el destino final de su cuerpo («De ninguna manera pienso que él hubiera querido morir en Ginebra, él quería estar en Recoleta», aseveró Ferrari) retomar las gestiones para que sus restos sean repatriados y alojados en la bóveda que a la familia dispone en el Cementerio de la Recoleta.

– ¿Se podría considerar la oralidad de Borges como una forma de escritura?
– Después de nuestro primer diálogo, al escucharlo, experimenté una gran sorpresa al descubrir que el magnífico tono presente en la escritura de Borges también se manifestaba en su expresión oral. Es decir, aquello que describí como adentrarse en una nueva dimensión, la dimensión Borges, se reveló al escuchar el diálogo, que mantiene el mismo volumen característico del Borges escritor. La oralidad de Borges es extraordinaria debido a la inteligencia que cultivó incansablemente a lo largo de su vida. En ese momento de nuestros diálogos, su brillantez se expresaba de manera espontánea: a través del diálogo. En él, Borges fluía, y esto era crucial, ya que, en esta etapa de su vida, todo su pensamiento se había acumulado en él, y sentía la necesidad de expresarse, de verter sus ideas en palabras. El diálogo se convirtió en el canal ideal para este propósito.

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– ¿Esta oralidad tiene que ver algo con su condición de ser un hombre ciego?
– (Adolfo) Bioy Casares me compartió la perspectiva de que a partir del momento en que Borges perdió la vista se transformó en el mejor conversador de Buenos Aires. Innegablemente, en esa mente extraordinaria, al dirigirse hacia su interior debido a la ceguera que le negaba el acceso al exterior, se produjo una profundización y, podríamos decir, un perfeccionamiento de alguna manera. Según me explicó, algunos notaron que Borges estaba mejor que nunca, especialmente en el ámbito del diálogo y la conversación. Este cambio se remonta a los amigos que fueron testigos de ese momento crucial cuando Borges quedó ciego, alrededor de 1955, a la edad de 56 años. Es decir, Borges experimentó el mundo hasta los 56 años, momento en el que perdió la vista. A partir de entonces, convirtió su ceguera en otro milagro, ya que se perfeccionó en áreas que quizás le faltaban perfeccionar, aprovechando su talento y genialidad.

– Borges ciego también fue un gran conferencista…
– Cuando Borges renuncia a la Biblioteca Miguel Cané, donde era auxiliar primero, debido a un nombramiento como inspector de aves (que, según él, no entendía) cuenta que en una reunión le leyeron las borras del té. Una inglesa experta en ese tipo de lecturas le predijo que daría conferencias en diversos lugares del mundo y recibiría dinero por ello. Inicialmente, Borges no podía creerlo debido a su timidez y no se imaginaba hablando en público. Sin embargo, aceptó la oferta de dar su primera conferencia en el Instituto de Cultura Inglesa de Buenos Aires y, a pesar de sus temores y la preparación ardua, logró superar su timidez y dar muchas conferencias más. Para vencer su timidez, se creó un argumento: se convencía a sí mismo de que no hablaba frente a una masa de 100 personas, sino con cada individuo presente. Así, se sentía más cómodo al pensar que realmente estaba comunicándose con cada asistente de manera individual. Las conferencias son la expresión del pensamiento de un gran pensador literario. Así como existe el pensador científico, el pensador filosófico, el pensador religioso, Borges es el arquetipo del pensador literario.

«Borges se extendía, a partir de la literatura, hacia la política, la filosofía, las religiones, lo místico y la actualidad. Sin embargo, todo desde la literatura, ya que él sentía que debía ser fiel a su destino»

– ¿En qué consiste el pensamiento literario?
– Consiste en que la creatividad literaria acompaña ese pensamiento y es el tipo de pensamiento con el que Borges ha fascinado al mundo, que es distinto al pensamiento habitual. Ese pensamiento estaba presente en las conferencias y también en los diálogos. Entonces, se lo percibe diferente y resulta fascinante justamente porque ese pensamiento tiene un origen literario, al punto de que hay teorías literarias de Borges que deberíamos los argentinos estudiar más a fondo para mostrárselas al mundo. Hay, por ejemplo, una teoría borgeana de los sueños. Hay una teoría borgeana de la ética. Hay una teoría borgeana del tiempo. Y son absolutamente originales, únicas e irrepetibles. Bueno, todo eso está en las conferencias y en los diálogos.

– ¿Por qué son diálogos y no entrevistas?
– Lo mío es la literatura, pero también soy licenciado en periodismo. No se trató ni de reportajes ni de entrevistas, sino estrictamente de conversaciones que comenzaron en mis años de amistad con él, anteriores a los diálogos por radio. Estos diálogos de amistad se extendieron a través de la cosa pública, es decir, a través de la radio. De alguna manera, el tema de nuestras conversaciones era la literatura. En los diálogos, Borges no quería saber de qué íbamos a hablar antes de que se encendiera el micrófono. Yo, en secreto, debía elegir el tema y decirlo en el momento en que comenzaban las grabaciones. Esto habla, a su vez, de la versatilidad incalculable de Borges. Borges se extendía, a partir de la literatura, hacia la política, la filosofía, las religiones, lo místico y la actualidad. Sin embargo, todo desde la literatura, ya que él sentía que debía ser fiel a su destino, y su destino era literario.

– ¿Por qué Borges se quedó en la Argentina hasta poco antes de su muerte? ¿Es debido a su argentinidad?
– La fama le llega tardíamente, cuando él tenía un poco más de 60 años. Pero de ahí en adelante esa fama fue incesante, sobre todo internacionalmente. La fama en Argentina era muy grande, a pesar de un itinerario realmente dramático ocurrido a lo largo de su vida. En la Argentina, Borges fue atacado desde el peronismo, desde el nacionalismo, desde el fascismo, desde el nazismo, desde todos esos ángulos, fue tremendamente atacado a lo largo del tiempo. Cuando se cumplieron cien años del nacimiento de Borges, hubo una exposición en el Palacio San Martín de la Cancillería, y en esa exposición había una sala grande de los agravios recibidos por Borges a lo largo de su vida. No te puedo explicar lo que uno podía encontrar en esa sala. Uno, al ver eso, pudo preguntarse cómo resistió vivir 86 años en este país sin haberse ido nunca, a pesar de que le proponían enseñar en Harvard, enseñar en la Soborna, para una vida mucho más cómoda que la que tuvo acá, que fue económicamente modesta, austera. No se fue nunca y recibió una enorme cantidad de agravios a lo largo de su vida. Tengo que decir que había otra sala también de los desagravios, pero la que impresionaba más era la de los agravios. Entonces, fue argentino al extremo y su vida es una muestra de eso y su literatura también.

– ¿Cómo vivía esa fama Borges?
– En aquel momento la fama de Borges era importantísima, venía gente de todo el mundo a verlo. Y quiero decirte en cuanto a esto, me resultó maravilloso ver hasta qué punto no lo modificaba. Él no cambiaba su manera de ser para nada esa fama que lo rodeaba. Y eso a mí me producía una enorme admiración, porque me tocó ir con él a lugares y estaba en el aire el rima de su fama. Y eso parecía como que directamente le era extraño, lo cual es muy raro, muy especial, tan especial como era él.

– ¿Por qué Borges no podía vivir de sus libros y necesitaba tener otros trabajos?
– Borges explica cómo fue la importancia de la venta de los libros originalmente en el país. Por ejemplo, se consideraba que el lector tenía que ser alguien especialmente preparado para recibir el mensaje de ese libro. Entonces estaba mal visto cuando se vendían muchos libros. Contaba Borges que Arturo Cancela le dijo a su padre, que sus enemigos, para desprestigiarlo, decían que su libro se vendía mucho «pero la verdad no es esa, la verdad es que no se vende nada», aseguraba Cancela. Borges viene de esa idea.





Fuente Telam