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Los nuevos cartoneros

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De los a√Īos de mi infancia recuerdo el grito modulado del botellero que llegaba en las siestas. "Boooteyeeero ... revistas, trapo viejo, boteee ...". Era un se√Īor que recorr√≠a el barrio en ocasiones, en un carro tirado por un cansino jamelgo pregonando su servicio: compraba botellas, papeles, vidrio y lo pagaba seg√ļn el peso. Ayudaba as√≠ a desembarazarse de las botellas, diarios, revistas que se iban acumulando.

Cuando mi madre nos autorizaba, con mis hermanos juntábamos dedicadamente cada papel o botella de la casa y esperábamos ansiosos con las bolsas de arpillera así llenas oír el pregón que lo anunciaba. Displicente bajaba de su carro y con una balanza oxidada y dudosa pesaba nuestra cosecha. Nos anunciaba a cuánto el kilo y nos pagaba unas pocas monedas que, a esa edad, nos parecían una fortuna.

El hombre era, de cierto modo, un comerciante que compraba y vendía lo que en las casas ya sobraba.

En estos tiempos, los brutales cambios ocurridos en la sociedad trajeron a la luz a los cartoneros, especie de parias marginados a la fuerza, que subsisten recogiendo lo que otros desechan. No quedó nada del botellero y su pregón.

Fue reemplazado por la variedad de gentes con carros, coches infantiles, carros de supermercado, bicicletas, que al atardecer ganan las ciudades de mi país, buscando cartones, papeles, vidrio, algo que permita una precaria subsistencia.

En Buenos Aires, lo que sorprende a quien la conozca de otras √©pocas, es el silencioso ej√©rcito de cartoneros que se instala al caer el sol en las calles del centro. Cuando la variopinta pl√©yade de aspirantes a yuppies, transe√ļntes, motoqueros, paseantes, turistas extranjeros, apurados peatones, despreocupados escolares, "arbolitos", promotores de casas de cambio, tiendas de cuero, parrillas, o art√≠culos regionales comienza a replegarse, aparecen de la nada los cartoneros.

Familias enteras a veces, silenciosas, eficientes, transcurren su actividad en un plano, en una dimensión distinta de la habitual fauna que puebla las calles.

Ignorados por los transe√ļntes, como si no existieran, realizan sus tareas de selecci√≥n y clasificaci√≥n con eficacia y velocidad, antes que los camiones recolectores se lleven la grandes bolsas de residuos que pueblan las estrechas veredas de la ciudad. Tampoco parecen reparar en uno que pasa y los ve con los ojos azorados del provinciano.

Dos dimensiones que no contactan. Que se tocan solamente por el extremo de los desperdicios. Que llegan a habitar el mismo espacio ignor√°ndose mutuamente.

Pueblan las calles c√©ntricas en un cruel contraste con las tiendas y galer√≠as comerciales que ofrecen la felicidad envasada en el consumo, miran ¬Ņsin ver? el sinf√≠n de art√≠culos que una parte de la sociedad tiene al alcance de la mano, objetos que est√°n para ellos tan lejanos como las estrellas que empiezan a insinuarse entre los avisos luminosos.

La orgullosa Buenos Aires asoma una de sus peores caras, la de la miseria silenciosa y estructural.

El hotel del Congreso, por suerte luce aséptico y alejado de esos espectáculos.

Te reciben bellas se√Īoritas, con breves faldas, que te invitan a los simposios de la industria, en los que te convencer√°n que la salud viene en c√°psulas.

Los stands ofrecen multicolores propagandas, sorteos de valijas, bicicletas, computadoras, muestras, "bibliografía" y unas enormes bolsas de colores en las que se puede ir poniendo todo lo que te van ofreciendo por los pasillos. La vida es bella y la ciencia está al alcance de la mano.

El programa es nutrido y habrá que optar por muchas posibilidades, pero los médicos se apretujan en los stands para obtener una ficha de sorteo, una lapicera, una bolsita o un yoghurt. La cola en donde te hacen un sellito que seguramente se extinguirá antes del próximo congreso, se extiende más de 20 metros. La cola para presenciar una mesa al mediodía con lunch incluido, es interminable.

Respetables doctores deambulan cargando dos, tres, ¬Ņdiez? bolsas de colores. Pulcras doctoras, ‚Äúproducidas‚ÄĚ cuidadosamente para la ocasi√≥n, no pueden con su carga de bolsas y muestras. He visto a colegas que no pod√≠an acomodarse en su silla para escuchar alguna charla, debido al volumen de las bolsas que portaban. ¬ŅHemos venido al Shopping?

De pronto, el espectáculo de un doctor sentado en un rincón, acomodando prolijamente su cargamento de muestras, doblando pacientemente las bolsas, hasta encajarlas una adentro de otra, seleccionando multicolores folletos, me remitió a las calles de Buenos Aires.

Cuando una colega me confirm√≥ que en los toilettes de mujeres el panorama era similar, una sensaci√≥n de verg√ľenza ajena (y no tanto) comenz√≥ a invadirme.

En ese momento se anunciaba por los altavoces el comienzo de una sesi√≥n en la que se nos permitir√≠a ver los adelantos de una tecnolog√≠a inalcanzable, como el Eco 3D, en una sala que rebalsaba de p√ļblico.

El inmenso ámbito del Hotel se me antojó entonces como un gran shopping center en el que nos dejan entrar a ver lo que consumen otros, nos muestran lo que es el futuro para ellos, nos convencen de la eficacia de una medicina que, con suerte, alcanzará sólo el 10 % de la población y nos dan el consuelo de poder volver a nuestras casas con cartones de colores bonitos, con policromas chucherías y lapiceras de plástico, como pobres cartoneros de la medicina. Y lo que es peor, contentos de haber sido partícipes de un evento científico.

Cuando volvía por la noche, al cruzarme con los cartoneros, los vi con ojos distintos.

Al menos, ellos ‚Äúno se la creen‚ÄĚ.

Dr. Enrique Pianzola

Mar del Plata

 

Comentarios   

 
0 #28 Mia 08-07-2010 18:13
Reconozco tu "forma" en el relato que acabo de leer.
Siempre se te diò muy bien la palabra escrita, me encantò!

Felicitaciones!!!!
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0 #27 Marta 13-01-2010 01:12
Dr Pianzola lo felicito por este excelente artículo, me encanto,es casi poesia pura.Estoy haciendo en Francia un trabajo sobre cartoneros y me ha servido, me dara varias ideas para mi trabajo.Gracias por esto y espero que tenga la oportunidad de seguir escribiendo.
Saludos desde Francia
Marta
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0 #26 BB 25-08-2009 08:31
Estoy, Tia, estoy, pasa que hablo poco, capaz que de fiaca nom√°s, me estoy transformando en un buen lector y perezoso escritor.
Una especie quye los redioaficcionad os creo quie llaman "oreja peluda", te estaba por decir que soy un "mano peluda", pero es medio peyorativo el mote, así que me voy a autodefinir como fiaca nomás, pero estoy tia.

Disfrutando todavía el haber bailado con las tres mujeres mas hermosas de la noche (exceptuando a la novia que estaba angelical) del casorio del quía, y con el placer de llevar a la admirada hasta el portal de su casa. Tipo de suerte, no tía?
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0 #25 DOSSO MILA 24-08-2009 20:44
Sobrino BB

¡Alzo mi copa por tu tío fernando!

Un abrazo

Y aparec√©...¬Ņdond e andabas?
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0 #24 BB 24-08-2009 18:07
Tia Mila y Dr. Gustavo B, "que absoluto placer" verlos conversar en este foro y permitirnos oír lo que se decían y hasta adivinamos las expresiones en cada letra, sin dudas ese "Don Quique", fiel a lo que debe ser su estilo, empuja una puerta y se abren un montón mas, como sucedió acá, realmente un gusto ser los testigos de este ida y vuelta.
Admi, para que te reconfortes mas todavía, es un placer recorrer a diario esta maravilla de sitio, página o como corno se llame, a la que una vez comparé a un café gigante donde todos compartimos con absoluta franqueza de todo, y de todos los todos, soy el que mas provecho saca en aprendizaje, porque cada participación es una gota de muestra de conocimiento y fundamentalment e, salvo forras excepciones, quienes nos damos una vuelta por AN, sabemos que somos parte de un sitio del que no esperamos traición, sino el espacio de expresión a gritos, pero con imaginación, de la locura que nos pasa por enfrente y que frecuentemente no vemos en los medios "serios y formales".

ADMINISTRADOR: Nosotros pusimos las sillas y las mesas, al clima lo hicieron ustedes.
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0 #23 BB 24-08-2009 17:39
Doctor, Se√Īor!, es el segundo que conozco de mar del Plata y que me enorgullece su visi√≥n de la realidad.
El primero fue mi t√≠o, el gringo Fernando Wodiany, a quien sus colegas del hospital le dedicaron una carta p√≥stuma "Adios al gigante" que cada vez que leemos nos caen lagrimones por el orgullo de haber sido parte de su vida y el de la nuestra, un chaque√Īo ilustre que llev√≥ el calor de esta tierra para salarlo en el agua de la costa donde dejo toda su vida y su pasi√≥n por la medicina y por la gente.
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0 #22 JuanPe 22-08-2009 06:29
Gracias a todos los protagonistas de este foro. Han aportado generosamente lo suyo y los lectores lo hemos gozado. Est√° todo para ponerlo en un cuadrito y guardarlo.
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0 #21 Gustavo B 21-08-2009 18:59
Comentario 20. Cerrado.

Mila, espero que estés bien y disfrutes de tu librito pobremente dedicado con las pantuflas bien puestas. Hoy hace frío.

Admin, gracias por este espacio.

Am√≠lcar ... ¬Ņqu√© te puedo escribir? ¬ŅQue sos un flor de tipo? Y bueno, te escribo eso desde el recuerdo de los paseos de nuestros amigos con hocico, aunque no me acuerdo de tu cara.

Lo mejor de todo ... es escribir en AN algo que le sirva a alguien. Sea quien sea, pero que le sirva.

ADMINISTRADOR: Le mejor es hacer/decir algo que sirva, sea donde sea, como para recordar que, como canta Baglietto, una vez fuimos sol.
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0 #20 DOSSO MILA 17-08-2009 20:23
Espero doc Gus.

Y deseo, luego de tener el libro en mis manos y cuando termine de acariciarlo, olerlo, devorarlo con los ojos…, esa suerte de ritual iniciático que gozo con deleite y ansiedad

Despu√©s, despu√©s que inicie y concluya el sagrado oficio de leerlo, de ‚Äúdespanzurrar‚ÄĚ las palabras, desentra√Īar el sentido y el mensaje, deseo ‚Äďreitero- y si el se√Īor Administrador lo permite, tener la osada humildad por la que pido disculpas a los doctores Alberto Agrest, Enrique Pianzola, Daniel Flichtentrei, Jaim Etcheverry, Paco Maglio de transmitir mi propia lectura a los aut√©nticos luchadores y luchadoras de batallas desiguales (va de suyo que ustedes no la necesitan, por lo que pido vuestras disculpas)

La de quienes el doctor Enrique Pianzola denomina ‚Äúpobres cartoneros de la medicina‚ÄĚ, esos ‚Äúseres humanos que se acercan a otros seres humanos ofreciendo lo que tienen, un poco de ciencia y un mucho de comprensi√≥n y simpat√≠a"

La de tantos an√≥nimos cartoneros de la medicina, del periodismo, de la docencia, de cualquier oficio y condici√≥n que luchan por lo que el doctor Maglio propone en su libro "La dignidad del Otro‚ÄĚ: romper con el estereotipo instaurado en la medicina actual:

El del idolatrado (serie televisiva mediante) doctor House, de brutal sarcasmo y autoridad suprema sobre el paciente, apropi√°ndose de su cuerpo, manipul√°ndolo incluso sin su previa aprobaci√≥n; aunque en el √ļltimo bloque le caiga ‚Äúmilagrosamente ‚ÄĚ la ficha y salve al paciente‚Ķo lo que resta de √©l.

La de los cartoneros del periodismo, de la docencia, de cualquier oficio y condici√≥n, que no debemos ni podemos ni queremos guardar silencio ni ser meros espectadores de la cotidiana lucha contra todo el entramado que aniquila a miles - en Argentina y el mundo - de ‚Äúninguneados‚ÄĚ en su dignidad.

Y muy especialmente para ellos, los que a√ļn ‚Äúninguneados‚ÄĚ, expropiados de su futuro antes de haber nacido, sobreviven y resisten‚Ķ

La de ellos es la batalla m√°s desigual, querido amigo Gus

Y por supuesto para los irredentos angauceros, siempre ‚Äúpol√≠ticamente incorrectos‚ÄĚ;


PD Para el doctor Maglio: su carta al desprevenido lector advierte ‚Äú(‚Ķ) Si a pesar de todo lo explicado a√ļn tiene el valor de seguir leyendo, adelante, pero no diga que no le advert√≠‚ÄĚ.

He decidido optar por seguir empapándome en la sabiduría que sus experiencias y reflexiones prodigan al lector; y desde ya, alzar mi copa en el brindis al que nos convida, junto al doctor Pianzola que me lo ha recomendado. ¡Chin chin!

Como decía Borges, "todo encuentro casual es una cita" (usted lo ha dicho doctor Maglio)
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0 #19 Gustavo B 17-08-2009 09:45
Mila:

Ya te respond√≠ por privado. Ma√Īana te lo entrego en mano.

Siempre me gustó conocerles la cara a los luchadores y luchadoras. Sobre todo a los que se bancan un combate desigual.

Cari√Īos.
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