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Trampas cotidianas que no nos hacen menos honorables

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No, no te pongas a la defensiva. Tampoco hace falta que digas que "la sociedad te hizo as√≠", que "todos nacemos buenos pero este capitalismo de mierda..." o asegurar que "estoy haciendo todo lo posible por ser un elemento √ļtil para la comunidad".

No, relajate, porque de lo que vamos a hablar es de esas trampas que hacemos todos, boludazas pero con una cuota de chotez que no complica la vida de los demás pero sí obliga a putear unos segundos. Que de eso también se trata existir, ya que sería horrible pasar por este mundo y hacer solamente buenas acciones.

La maldición del plato guardado en la heladera. Tampoco hablamos de cualquier plato, sino de aquel que contiene un tipo de alimento sabroso y/o codiciado en el ámbito familiar. Pues bien, cada tanto, al abrir la heladera para tomar agua, o directamente para morfar parte de lo que está guardado, iremos "picoteando" porciones con cierta discreción, pero jamás agotaremos la existencia de la sustancia o producto en cuestión.

Por ejemplo, si fuera la porción de torta que nos dieron en el 15 de la sobrina, el robo hormiga, a medida que el postre se vaya extinguiendo, adquirirá un perfil de proeza, ya que el desafío es impedir que el plato se pueda considerar jurídicamente vacío, ya que eso nos obligaría a dos cosas:

a) retirarlo de la heladera (y eventualmente lavarlo)

b) habilitar la posibilidad de que nos digan "Te comiste toda la torta, chancho de mierda" (raspar la torta con una cuchara o tenedor, dejando al menos parte del mazapán que la rodeaba, nos permitirá siempre responder diciendo "¡Pero qué decís, pelotuda, si quedaba todavía!")

En esto, debe decirse en nuestro descargo lo siguiente:

a) no somos los √ļnicos en condiciones de morfar la torta de mierda. Si los dem√°s se pajean, o son unos nabos, no es nuestra culpa.

b) tortas, flanes, budines de pan, alfajores Havanna, empanadas de fontina, y otros alimentos, incrementan exponencialmente su fuerza de atracción (y se vuelven infinitamente más sabrosos) a medida que se va reduciendo la cantidad disponible.

La lunización del queso cáscara colorada. Deriva del punto anterior. Un trozo de queso "cáscara colorada" (los tipos holanda, pategrás y otros, que llegan incluso a los quesos "cáscara amarilla", más picantones) guardado en la heladera, tenderá de manera casi inexorable a ser tallado a cuchillo de tal modo que quedará convertido en una luna en cuarto menguante.

La agon√≠a del queso lo mostrar√°, en el final, convertido en una c√°scara ahuecada. ¬ŅPor qu√© uno, al cortar el queso sin sacarlo de la heladera, hace un tajo curvo para no tener que cortar c√°scara, y afianza ese proceso? Los cient√≠ficos, hasta ahora, no hallan una explicaci√≥n un√°nime. Soci√≥logos alemanes que trabajaron sobre casos de este tipo atribuyen la conducta a la idea de que, de ese modo, el queso "no se termina", sensaci√≥n que se sustenta en el valor simb√≥lico de la c√°scara superviviente.

Otro enigma tan grande como aquel es por qué hay personas que, aun metiendo mano y cuchillo dentro de la heladera, logran cortar el queso de manera recta. Se cree -pero no está comprobado- que se trata de sujetos con tendencias psicóticas.

La mirada a yeguas y yeguos en la v√≠a p√ļblica. Situaci√≥n tan inevitable como inc√≥moda, en la que, por ejemplo,¬†una hombre que circula por la calle (a pie o en veh√≠culo) junto a su mujer, se encuentra en la necesidad de mirar a una tercera mina que lleva un cuero impresionante, porque si no lo hace no habr√° otra oportunidad, ya que la tremenda yegua es un ser totalmente desconocido y de aparici√≥n azarosa.

En casos as√≠, la innata incapacidad de comprensi√≥n de situaciones semejantes por parte de hombres y mujeres obliga a truch√≠simos ejercicios de desv√≠o de mirada hacia el culo o el tobul de el/la tercero/a en discordia, con excusas tales como "Epa, ¬Ņaquella vidriera es nueva o qu√©?", "Che, ¬Ņpero √©sa no era la mina que trabaj√≥ en 'Lo que el viento se llev√≥'?, o (girando para ver con mayor fruici√≥n el toor que se aleja) "¬°Ese es el vaquero que te estoy queriendo regalar, a ver si llego a leer la marca del que lleva la bagarta aquella!"

Psicólogos sociales creen que cuando la humanidad evolucione, será posible que un hombre le diga a su esposa "Che, tomá diez mangos, tomate un cafecito allá mientras camino cinco cuadras atrás de la morocha aquella que fijate la semejante manzana que va moviendo".

Mirar las pel√≠culas de The Film Zone en las madrugadas del domingo. Rubro en el que tambi√©n entran las que, m√°s o menos en el mismo horario, dan I-Sat, Cinemax, y algunos otros canales de cable que ponen las discutibles producciones softcore, es decir una suerte de pornos light, donde ves parejas que supuestamente se est√°n empomando, pero sin los planos ginecol√≥gicos que prodiga el hardcore que el p√ļblico pide y aplaude.

Pues bien, entre tanto gemido y musiquita de telo, tarde o temprano aparece la inspecci√≥n marital, que segundos antes de agarrarnos en plena observaci√≥n pecaminosa, neutralizamos con un oportuno cambio de canal, aterrizando en las transmisiones de boxeo de Space, como bien nos se√Īala el lector Mart√≠n Chapu (inventor del Averno Pub) en un correo reciente. En ese contexto, se dan penosos di√°logos:

Ella: ¬ŅQu√© est√°s mirando?

El: ¬ŅMirando de qu√©?

Ella: No te hagas el pelotudo, Mario.

El: ¬Ņ¬ŅMirando de qu√©??

Ella: Qué estabas mirando recién.

El: La pelea, ¬Ņpor?

Ella: Se escuchaban gemidos.

El: ¬ŅEeeh?... ¬ŅGem... Ah, s√≠. Nooo, si no sab√©s lo que es el boxeo hoy. Yo sab√≠a que √≠bamos a terminar as√≠. Los √°rbitros tienen la culpa. Primero permitieron que se peguen en los clinchs, despu√©s hicieron la vista gorda con los cabezazos, luego perdonaron las pi√Īas a las bolas, ¬°y ahora esto! Ten√©s que ver el negro c√≥mo lo agarr√≥ al h√ļngaro, le cabece√≥ la jeta, lo dio vuelta y ah√≠ nom√°s se la mand√≥ a guardar y le entr√≥ a dar bomba, y bomba, y bomba, y bomba...

La pesada herencia papelera. Otro misterio. ¬ŅPor qu√© odiamos poner un rollo nuevo de papel higi√©nico en el cosito del ba√Īo reservado para que el pelpa gire?

Nadie sabe darle al asunto una explicaci√≥n s√≥lida e incuestionable, pero el caso es que cuando usamos el ba√Īo y llega el turno de limpiarnos, si concluimos la faena y queda un √ļltimo pedacito de papel, no lo utilizamos. Aunque en el rollo de cart√≥n quede adherida una superficie papeleril apenas superior a la de la u√Īa del dedo me√Īique, no ponemos papel nuevo.

Y el que viene, obviamente, putea pero no puede decir nada, ya que técnicamente uno "dejó el rollo todavía con algo".

La guerra fría de la impresora. Y ya que hablamos de papel, qué decir de la guerra fría que se desata cuando en una oficina hay una sola impresora que es usada por todo el personal del sector. Cuando cualquiera de los empleados camina hasta la máquina para retirar un trabajo enviado desde su computadora, y se encuentra con el mensaje que avisa que ya no hay hojas en la bandeja, se vuelve una cuestión de honor no hacer la carga de papel.

El desgraciado volver√° a su escritorio con aire casual, haciendo todo lo posible para que no se note que se cag√≥ en todos. Luego, otros concurrir√°n a la impresora buscando sus trabajos, y asumir√°n id√©ntica actitud. Resultado: todos terminan mir√°ndose de reojo, esperando a ver qui√©n ser√° el pelotudo que finalmente abrir√° uno de los paquetes de A4 para destrabar el conflicto. Si lo hace el jefe, es un triunfo colectivo. Si lo hace otro laburante, todos tendr√°n por seguro que es la rata m√°s miserable e insignificante del planeta. Alguien sin honor, al que hay que enhebrarle la mujer sin ning√ļn remordimiento.

En casos extremos, la intransigencia simult√°nea puede paralizar una empresa por semanas.

 

 

.

 

Comentarios   

 
0 #10 sofis23 28-06-2009 09:15
no olvidemos tampoco el eplastar la bolsa de basura para no ser el q la tiene q sacar!!! tipico y molesto

ADMINISTRADOR: Sí, jaja, es verdad, ¡un clásico!
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0 #9 laulí 26-06-2009 11:59
Bueniiisimooo gente!!q√ļe buen espacio para leer,y reirse de la realidad..si otra nos queda..?Se los felicita!

ADMINISTRADOR: Muchas gracias, Lau, y bienvenida al portal.
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0 #8 gladys 24-06-2009 10:25
Lo de la impresora, si me ha pasado en alguna empresa, lo del ba√Īo y las pel√≠culas, paso (vivo sola) y por lo dem√°s felizmente, sha tengo edad para comer, mirar y hacer todo lo que se me plazca sin tener que pedir permiso y menos sin remordimiento alguno y m√°s a√ļn si se trata de comer dulces.

;-)
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0 #7 Matecocido 23-06-2009 15:30
Los que vinimos a estudiar ac√°, en alg√ļn momento padecimos un pelotudo en la pensi√≥n que "rotulaba" los alimentos... jejejeje... por supuesto que de los 8 que viv√≠amos ah√≠, 7 eramos "socialistas", as√≠ que el pobre pelotudo, que m√°s que pelotudo era miserable, se tuvo que amoldar... y a la hora de prenderse en los guisos comunitarios era el primero en anotarse!
Parece que es una pandemia el tema "morfi en la heladera"....
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0 #6 cc 22-06-2009 19:12
Hablando de heladeras y freezer, ¬Ņpor que la naturaleza humana (mayoritariamen te masculinos adictos al vino) ama dejar las cubeteras de hielo vacias en el congelador mismo????? ¬Ņ¬Ņ¬Ņ¬ŅO con gotas del elixir dejadas al TRATAR de servirse el 5¬ļ vaso???

ADMINISTRADOR: Ten√©s raz√≥n, lo de las cubeteras es otro caso del que alg√ļn d√≠a se tendr√° que ocupar alguien, la ONU o Greenpeace.
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0 #5 Ramoncito 22-06-2009 18:19
Lamentablemente cierto lo de la impresora. Cuando aprieto "Send" viene Karina, se inclina sobre mi escritorio, posa sus Michelin y se le abre la remera, me mira fijo a los ojos y me pregunta:

"¬ŅPorqu√© no me mir√°s a los ojos?"
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0 #4 Ay, las guachadas 22-06-2009 18:06
1) Yo no s√©, pero por lo menos una de mis hermanas (la que se puso tetas) y un cu√Īado que tuve, se dedicaban a rotular los alimentos que hab√≠an comprado para que nadie los tocara. Hacer eso en la heladera, que es una especie de habitaci√≥n comunitaria a la que toda la familia est√° obligada a recurrir, es de mala gente. Ya que ten√≠an plata mejor se hubieran alquilado un bulo y se dejaban de joder. Pero no, el gusto parece que es refregarle al mundo que una consigui√≥ una changa como promotora mostrando el ojete o que uno peg√≥ un laburito ayudando a un mec√°nico y entonces el pack de jam√≥n crudo que dejaron en la heladera cuenta menos como alimento que como insignia.
En esos casos hay pocas cosas que se pueden hacer: primero, naturalmente, morfarse el fiambre (o si uno est√° lleno d√°rselo al gato); segundo, dejar una esquelita enigm√°tica (‚Äúpor ac√° pas√≥ la marabunta‚ÄĚ, ‚Äúel tiempo es una imagen m√≥vil de la eternidad‚ÄĚ o ‚Äúel tango es un pensamiento triste que baila‚ÄĚ); tercero, conseguir trabajo y devolverles la atenci√≥n.

2) Mea culpa: entr√°s a la oficina y en cuanto el jefe te ve te pide que prepares mate, ‚Äúas√≠ charlamos un ratito‚ÄĚ. Vos sal√≠s y busc√°s al compa√Īero m√°s ocupado (que suele ser tambi√©n el m√°s obsecuente y el m√°s pelotudo), y le dec√≠s al o√≠do: ‚ÄúTe llama, parece que hubo un error de foliado en unos papeles que presentaste el otro d√≠a; se pudri√≥ todo‚ÄĚ; o ‚Äúel se√Īor Farfullo dice que el tema de los proveedores es demasiado importante como para hablarlo conmigo, y me pidi√≥ que te llamara‚ÄĚ. El nabo entra y recibe la misma oferta que vos un minuto antes, pero a diferencia de vos, que buscaste una v√≠ctima, √©l es un imb√©cil: agarra el termo y, d√≥cil, indigno, rastrero, camina como un condenado hacia la m√°quina de agua caliente. Para colmo, cuando pasa a tu lado te ve echado en SU escritorio leyendo Anga√ļ Noticias en SU computadora y se la tiene que comer doblada. M√°s tarde notar√° que adem√°s le cerraste el archivo de Excel en el que hab√≠a estado trabajando toda la ma√Īana, que no guardaste los cambios y que ahora va a tener que trabajar hasta bien entrada la noche tanto en la oficina como en su casa porque ah√≠ estaba la facturaci√≥n de la empresa de todo el semestre. Encima te hac√©s el gracioso y sin notar que acaso est√©s creando un monstruo le dec√≠s, entre risotadas: ‚ÄúChe, ¬Ņas√≠ que sos la putita del se√Īor Farfullo? Jijiji, ¬Ņle vas a cebar unos mates mientras te empoma?‚ÄĚ

3) Hay una del papel higi√©nico que es tremenda porque me la hacen a m√≠. La raz√≥n es simple: a las mujeres no les importan los bosques nativos ni el medio ambiente y son capaces de usar un rollo para cinco meadas o un garco, lo que suceda primero. La turrada menor consiste en que cuando les toca a ellas cambiarlo lo ponen en el pendorcho exactamente al rev√©s de como debe ir; a saber: el rollo tiene que girar de tal forma que el extremo se deslice en direcci√≥n al suelo (hacia abajo, aclaro, porque el suelo est√° abajo), porque as√≠ es m√°s f√°cil cortar un fragmento con una sola mano, sobre todo si el papel es troquelado. Las minas lo ponen al rev√©s para que uno tenga que pararse y, de pie frente al rollo y a los azulejos, con las cachas embadurnadas, hacerlo girar en direcci√≥n al techo. De nada sirven las explicaciones. ‚Äú¬°Lo hubieras cambiado vos, pelotudo!‚ÄĚ, te recriminan como si usaras m√°s de cinco cent√≠metros cuadrados por d√≠a o como si la responsabilidad del calentamiento global llevara tu nombre escrito en el dorso.

4) Por √ļltimo, un accidente que no es tal. Tiene que ver con el timbre y las reacciones que parecen accidentales. Es una turrada olvidable que despu√©s, con los a√Īos y la acumulaci√≥n de peque√Īas miserias rutinarias, te llevan a un intento de homicidio o en el peor de los casos al divorcio. Ella, mientras lava los platos, te dice:
-Están por venir los del cable para arreglar el pirinflinflo del derivador para que podamos ver tele también en la pieza.
-Ok, ¬Ņlos hago pasar?
-No, a vos no te conocen y aparte el cable est√° a mi nombre; cuando vengan los atiendo yo.
-Pero el pirinflinflo…
-¡No te hagás el que sabés, porque no sabés!
-Bueno.

Suena el timbre (la puerta de calle est√° al final de un pasillo de no menos de 20 metros) y ella sigue lavando los platos. Pasan 10 o 15 segundos y no reacciona. El timbre suena por segunda vez. Ella se empieza a poner nerviosa pero se seca las manos con el repasador como si no pasara nada. El timbre suena por tercera vez.

-Mi amor, los del cable…

Te mira como si no estuvieras ah√≠, se acomoda el pelo, el timbre suena por cuarta vez, cierra la canilla, el timbre vuelve a sonar, y cuando parece que por fin va a recorrer el pasillo sale disparada hacia el ba√Īo, que queda para el otro lado‚Ķ Cuando llega a la puerta por supuesto los tipos se fueron y vos, que ofreciste soluciones alternativas, te convert√≠s en la peor mierda que hay sobre la tierra. Al final arrastr√°s la tele a la pieza, estir√°s el cable hasta que est√° a punto de cortarse, y te qued√°s dormido mientras ella mira ‚ÄúTwo and a Half Men‚ÄĚ.

Bueno, me zarpé. Saludos.

ADMINISTRADOR: Lo de poner nombres a los alimentos en la heladera es de terror, pero m√°s com√ļn que lo que se cree. Una ex novia me cont√≥ una vez del caso de la nueva mujer de un contador de la avenida Castelli, que por no compartir nada con los hijos de su marido, dejaba dulces, quesos y otras provisiones debajo de la cama matrimonial.
¡Cómo son las mujeres, que lo tiró!
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0 #3 MAMBRU 22-06-2009 05:40
Cierto ADM, yo un medio dia de 1¬ļ de enero llegue a contar 45 envases en esa lamentable situacion, para colmo la enfriadora en cuestion era una peabody mas vieja que matusalen sin puertita en el congelador.
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0 #2 LEAN 22-06-2009 05:03
Para no sentirme mal durante los puntos 3 y 4 me separé de mi pareja. Después de meses en esta situación, puedo aseverar que no es lo mismo mirar un culo por la calle ni tocarse estando solo. No tiene gracia.
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0 #1 MAMBRU 22-06-2009 04:20
Trampas de heladera si las hay, es la de levantarce a media madrugada y empinarle al resto de cocucha que quedo de la cena y que nadie queria terminar para no pasar por atragantado angau, y claro, por una razon inexplicable para lacanianos y afines, dejamos un ridiculo rastro de gaseosa en el evnase. Lo malo es que cualquiera te puede madrugar, y chan¬°¬° uno entra en ira¬°¬° pero que hijos de mil, mira lo que dejaron¬°¬°¬° como puede ser que se bajen una coca de litro carancho¬°¬°

ADMINISTRADOR: Crudamente cierto, Mambr√ļ. Y si es una familia medio jodida, la heladera puede quedar inutilizada por decenas de botellas que dentro s√≥lo llevan esos miserables restos que vamos dejando para cumplir con la misteriosa ley.
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