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Cucarachas: 250 millones de años bien llevados

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(Especial de Remiul Ristanic para Angaú Noticias) - Hay una especie de elogio de la cucaracha (“Espantoso Enemigo”, de Marcelo Dos Santos), que a la gente como yo puede servirle como ejercicio terapéutico y consiste en reconocer que son unas criaturas majestuosas. Algo así como “permanece cerca de tus amigos, pero más cerca de tus enemigos”. Como les tengo miedo (antes era peor, era atroz, una sensación que me paralizaba), me consolé con la idea de que en el mundo hay oficialmente ciento noventa millones de personas que sienten lo mismo. Bienvenidos al club de los entomofóbicos.

Voy a hacer una breve síntesis de las virtudes de este monstruo de seis patitas, a propósito del texto de Dos Santos, comparadas con nuestra apolínea constitución.

Primer dato: las cucarachas llevan en el planeta por lo menos 250 millones de años y casi no cambiaron desde entonces; la Naturaleza las dotó de un diseño muy eficiente, las hizo una máquina perfecta. Nosotros, en cambio, venimos evolucionando a los tumbos desde hace poco más de dos millones de años, tenemos dedos de sobra en las patas y órganos de sobra, como el apéndice. Eso para no mencionar las tetillas de los machos.

Mientras nosotros con unos cuantos guisos nos convertimos en pelotas inútiles, las cucarachas son capaces de comer desde pegamento hasta pelo humano, desde materia fecal hasta a sus propias crías, padres y hermanos (en situaciones de necesidad cambian su exoesqueleto a un ritmo frenético para poder comérselo), y siguen siempre estilizadas y veloces. Eso sí: como nosotros, prefieren las cosas dulces, los alimentos que aportan energía instantánea antes que proteínas.

A su capacidad de ser más omnívoras que cualquier otro bicho contribuye su particular sistema digestivo: en los intestinos tienen más bacterias y virus que cualquier otro animal, de manera que pueden metabolizar lo que sea. Eso también las convierte en potenciales transmisoras de enfermedades, porque donde comen cagan. Tal vez gracias a esa capacidad de sobrevivir, desde la Antigüedad muchas culturas las usaron en la preparación de pociones para curar enfermedades. Todavía hoy se las puede encontrar en algunos mercados en donde las venden como crocantes “chips” para masticar en lugar de los artificiales “cheetos” de la industria moderna.

En vez de un cerebro “central”, las cucarachas tienen tres ganglios cerebroides o cefálicos distribuidos por todo el cuerpo. Los impulsos nerviosos generados por distintos tipos de estímulos llegan más rápido al ganglio correspondiente porque recorren menos distancia y así la respuesta es más veloz. Cuando encendemos la luz y disparan hacia la oscuridad, las cucarachas nos están demostrando el funcionamiento de ese sistema, que además cuenta con la ayuda de unos sensores de luz que tienen en el culo. Cuando huyen podríamos decir que piensan con las patas; cuando comen, que piensan con las tripas. Igual que nosotros.

Existe el mito popular de que las cucarachas podrían sobrevivir a una guerra nuclear... Resulta que las células animales son particularmente susceptibles a la radiación cuando están en proceso de división. En los humanos y otros bichos este proceso es constante: no hay un momento de la vida en que las células no se estén dividiendo, multiplicando. Por eso el cáncer se trata con radiación: porque las células cancerígenas están multiplicándose a un ritmo más acelerado que el resto y es más fácil matarlas.

Las cucarachas no funcionan así. Ellas cambian de exoesqueleto una vez por semana, y se supone que en ese lapso duplicaron su tamaño; vale decir, sus células se dividieron una sola vez desde la muda anterior. De esa semana entera entre una muda y otra, el proceso de división celular dura sólo 48 horas; el resto del tiempo las células están en estado latente. Así que si durante ese período se las ataca con radiación (por ejemplo si explotara una bomba atómica) estadísticamente sólo una cuarta parte de ellas moriría (la cuarta parte que justo en ese momento estaba dividiendo sus células), y el resto seguiría como si nada. Este experimento se ha hecho y es cierto que de veinte cucarachas radiadas, quince se cagan de risa.

A pesar de todas esas virtudes, no sé si por envidia o qué, las cucarachas siguen pareciéndonos un bicho repugnante. Personalmente sufrí varios encuentros cercanos, muy ingratos, con estos sobrevivientes intemporales. Me gustaría contar alguno pero esto se está haciendo muy largo.

¿A vos te pasó algo malo con las cucas? ¿Algo que merezca la pena ser contado?

 

Comentarios   

 
0 #9 Yaidelice 09-05-2010 06:49
PUES ME ESTABA BAÑANDO DE LO MAS BIEN Y CUANDO VEO UNA MALDITA IDIOTA CUCARACHA ME ESTABA CAMINANDO POR MI PIERNA FUE HORRENDAAAAAAA FOOO
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0 #8 geadmon 12-08-2009 01:36
Una vez una me camino por la cara mientras dormia... T_T
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0 #7 Remiul 11-08-2009 04:36
Claro, Mila, por ahí cuando uno piensa en “majestuoso” se imagina un pavo real de Macedonia o una ballena jorobada de la Península de Gibson-Stromber g; hasta podemos reconocer la majestuosidad genérica de los cardúmenes de Philopectos Azulino o de la población mundial de urogallos de ala corta concentrados en una sola bandada que intenta, a veces infructuosament e, atravesar el Himalaya por los túneles que se esconden bajo sus gigantescos macizos. Decir, en cambio, que una cucaracha es “majestuosa”, es como decir que el Ford Ka es un “autazo”; un autazo es un Rolls o un Jaguar, el Batimóvil o el coche ese nuevo que compró el gobernador, pero no un Ka. Tenés razón.

El que haya tenido la oportunidad de bucear en las tibias aguas de Queensland, en la Gran Barrera de Arrecifes de Australia cerca del cabo Tribulaciones que marcó el fin de la buena fortuna del intrépido Cook, entenderá lo que digo cuando afirmo que hay criaturas, como el grisáceo e ínfimo Trichogaster Sumatranus, también llamado “pez notario” o “mojarra burocrática”, que individualmente son patéticas pero al juntarse con los millares que conforman el cardumen, como si se corporizara un ser multiforme, un semidios ectoplasmático, son majestuosas.

Las cucarachas, en cambio, que ya dijimos que solas son inmundas, también son inmundas de a montones. Son mucho más inmundas. Repulsivas. La multiplicación de esos pares de antenitas vibrando y apuntándonos con descaro no produce un efecto energético positivo, y muchas cucarachas juntas no hacen un todo armónico sino una infestación despiadada, una plaga.

Pero reconozcámosles , aparte de su capacidad de sobrevivir, cierta etiqueta en la convivencia. Cuando en una casa se dejan ver abiertamente más de diez cucarachas adultas, según la Ecuación de Dornhofer, que mejora significativame nte los guarismos de la Ley de Dyar, tenemos uno y medio millón de cucarachas entre las cañerías, los zócalos y el cableado de la red eléctrica. En esa situación, en vez de apelar a los fumigadores que especulan con nuestro miedo asegurándonos que si no les pagamos lo que piden, las cucarachas se van a comer nuestras orejas y nuestro cabello, de a poquito, noche tras noche, hasta dejarnos completamente calvos y sin protuberancias; en vez de sucumbir ante la publicidad que asegura que un chorrito de Raid las hace explotar en el aire, lo mejor que podemos hacer es dejar que la Naturaleza siga su curso.

En efecto, hay un punto en el que las invasoras se empiezan a sentir incómodas con sus pares, sobre todo si estamos en presencia de la aristocrática Cucaracha Alemana (blatella germanica). Los amontonamientos alrededor de un tarro de mermelada pueden ser el indicio de una pequeña asamblea en la que las más viejas debaten qué hacer, cómo poner las cosas en su lugar.

Al cabo se producirán los primeros accidentes: una cucaracha quedará atrapada en una telaraña que una hora antes no estaba ahí; otra flotará con la mirada en blanco en las amenazantes aguas del inodoro; otra, hinchada como un escarabajo estercolero, intentará decirnos algo mientras se debate entre la vida y la muerte del otro lado del cristal de una botella de Naranpol…

En dos días los ajustes de cuentas y las escaramuzas podrían llenar la tapa de varios matutinos: una riña entre los libros de autoayuda terminó con doce cucarachas aplastadas; la muerte de catorce machos y una hembra fue el saldo de una violación sobre la vajilla; un suicidio ritual es la única hipótesis para explicar la muerte masiva de ochenta ejemplares en el horno encendido…

Para cuando queramos acordarnos, la superpoblación que nos hizo pensar seriamente en mudarnos a la Patagonia (ignorantes, desde luego, de la presencia en esa región de la temible Blattaria Polaris o “Cucarachita de bufanda”), se habrá resuelto por la vía de la negociación entre las sobrevivientes.

El otro método para terminar con las cucarachas es matarlas de sed. Asfixiarlas no funciona porque es engorroso tomarse el trabajo de tapar, una por una, las decenas de traqueolas que conforman la invajinación del ectodemo. Lo de la deshidratación es una técnica buenísima. Como cuenta Dos Santos, lo único que impide que las cucarachas pierdan toda la humedad que tienen dentro es el exoesqueleto impermeable. El autor asegura que espolvoreando sus lugares de reunión con “tierra de diatomeas” (unas algas microscópicas de bordes filosos que se usan en la pasta dentífrica), las cucarachas, enchastradas con el abrasivo producto, por el mero roce de sus movimientos cotidianos terminan perforando la quitina de su exoesqueleto y un rato después mueren de sed.

Y esa es la clave: no sólo matarlas sino hacerlas sufrir, obligarlas a la expiación para pagar por el miedo que nos hicieron sentir. Entonces, como Torquemada, sentiremos que lo extraño, lo desconocido, la otridad, se limpia con el sufrimiento del revoltoso. Igual prefiero la técnica del aerosol y el encendedor. Bueno, mejor que esto no lo lean ni Ivanoff ni Heffner.
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0 #6 DOSSO MILA 10-08-2009 19:18
Ramoncito querido, lo que yo necesito es 6 o 7 fumigadores conmigo, que me liberen de la persecución de las cucarachas

El monstruo de seis patillas como dice Remiul

Y de las otras: el monstruo de dos patillas, el “bípedo implume”, insecto hemimetábolo (con metamorfosis incompleta) que algunos han dado en llamar “hombre” (genéricamente; mujer/varón indistintamente)

Una suerte de mutación genética de de las cucarachas.

Similar pro su constitución al homo sapiens sapiens pero más cercano a la familia de los blátidos, es decirlas cucarachas, por su estructura ontológica.

Ese del que habla el Negro Manguera.

Para definirlo más concisamente: “estoy infinitamente persuadido de que si no quedasen más que dos hombres en el mundo, el más fuerte no vacilaría un minuto, al faltarle sebo con que frotar sus botas, en matar a su único compañero para disponer de su grasa” (Alfonsín o Schopenhauer, me confunde lo de persuadido jajajjajujijó)

Estás equivocado Ramoncito, no se comportan igual, es justamente al revés: las cucarachas buscan su presa.

Aunque se rían de mi o crean que es ficción, lo que aquí rememoré es lo que me ocurre con ellas (¡y tantas historias de cercanos encuentros, como dice Remiul…)

Y si ustedes prestasen atención, tal vez advertirían lo mismo.
Si se concentran en sus antenas, más aún.

Tengo entendido (perdón si me equivoco Remiul pero confieso que no investigué sobre ellas; sería como entrar en aquellas cloacas espectrales y tan frías, húmedas, siniestras, del “Informe sobre ciegos” de Sábato

Tengo entendido, continúo, que el instrumento más notable lo tiene la cucaracha en sus antenas. Son más largas que su cuerpo y contienen células olfatorias que les permite descubrir la presencia de alimento y agua aún en la oscuridad.

Y te digo Ramoncito, cuando te encuentres con una, concentrate en sus antenas y sabrás lo que yo siento
Remiul, al releer minuciosamente tu tesis cucarachil encuentro frases que, en el estado febril y turbado en que caí, pasaron desapercibidas.

Decís al comienzo que tal vez tu narración a “la gente como yo puede servirle como ejercicio terapéutico y consiste en reconocer que son unas criaturas majestuosas”

No sé si me servirá lo que escribiste como ejercicio terapéutico desde algún lugar (ahora un no-lugar o lugar de ausencia, de huida de mí, de territorio devastado por el pánico), pero segura y categóricamente no desde el reconocimiento de que son criatura majestuosas

Aunque ciertamente, el horror y la monstruosidad tienen un “algo” majestuoso, del orden de los sacramental incluso.

Los dejo…
Jezabel ha vuelto a poner en mis oídos los murmullos de las cucarachas....
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0 #5 Mildredgaula 10-08-2009 17:36
Existe otro tipo de cucarachas que se desarrollaron mucho antes que estas al parecer, estos bellos ejemplares residen en algo llamado " Cámara de la Legislatura"..p odemos ver que estos especímenes existen ahce muuuucho en las bancas y/o en algún cargo público....y a diferencia de las cuca de la nota estas son las que comen cositas dulces, mientras que al pueblo le dan mierda, las cosas de la biología don Administrador , vió?
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0 #4 BB 10-08-2009 16:50
Lo había olvidado al asunto, pero en las narraciones maravilosas de cada uno de los comentaristas, o como se llamen, o llamemos, me vino a la memoria en mi cabezota.
Habrè tenido 7 u 8 años y una noche en la casa de mi abuela, vi el hueco producido por mi mismo un rato ates en un "pan flauta", una especie de baguette pero un poquito mas gordo, y como de paso, metí la mano adentro con ganas de seguir robándole a mi "Baba" (abuela en ucraniano) otra bola de miga de pan y que ella consentía pícaramente haciendo como que no veía.
Cuando en lo mejor del hurto, sentí en mi mano un cosquilleo y que pasó por mi brazo velozmente para meterse por la manga corta de mi remera y andar desesperadament e por mi panza, pecho y espalda.
Habrán sido dos o tres, solo se que daba alaridos "bicho, bicho, bicho", sin saber que rayos eran, lo que hizo que mi abuela viniera rápidamente y adivinando que pasaba, me ayudó a sacarme la ropa, tansformando el susto en su risa de oreja a oreja, "eran cucarachas, no hacen nada" me decía tratando de que recuperara el aliento.
Fue uno de los julepes históricos y por mucho tiempo tuve miedo de usar esa remera blanca con barquitos azules.
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0 #3 Ramoncito 10-08-2009 10:11
Cucarachas y Tiburones ... ambos sobrevivientes del Período Carbonífero Superior, Era Secundaria o Mesozoica ... sin cambios.

Extremos opuestos: uno come lo que uno deja y el otro busca su presa. O es al vesre ? No, creo que los dos se comportan igual en biotipos distintos.

Este portal da para másss !!!

Aguante AN !!!

P.D.: Mila, vos no necesitás un psicoanalista, necesitás 6 o 7 tipeadores que escriban lo que les dictás. Te admiro.
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0 #2 Piove 10-08-2009 07:18
Yo tambien odio las cucarachas, y sin embargo uno de los momentos mas felices de mi vida estuvo plagado de ellas.
Paso en 2002. Habia empezado a recibir mensajes en mi correo con unas iniciales enigmaticas, y textos que sugerian la existencia de una mina que me tiraba onda. Pense en jodas de amigos, tretas de enemigos y otras variantes, pero ella se fue corporizando de a poco.
Resultó que era, ni más ni menos, que La Mujer Más Hermosa.
Como buen perdedor, fui previendo decepciones. "Seguro ya está con alguien, seguro después resulta que era todo un histeriqueo al pedo, seguro se está yendo del país".
Estaba con alguien, sí, pero lo colgó. Se estaba yendo, había sido, pero se quedó. Y no era histeriqueo: La Mujer Más Hermosa quería algo conmigo.
Nos empezamos a ver, impregnados de repente de esa feliz idiotez que da el amor (como bien avisa la Bersuit), y resultó que La Mujer Más Hermosa era también La Persona Más Maravillosa.
Una noche, tras cenar una de esas cosas fantásticas que le salían a ella, nos dedicamos a los sellos del amor, y después, a dormir abrazados.
Pasó luego, ya bien instalada la madrugada, que comencé a sentir tenues impactos en mi cara, mis brazos, mis piernas.
Como soy de descanso pesado, tardé bastante en descubrir que no era una sensación derivada de algún sueño, sino algo que estaba pasando allá afuera, en la realidad.
Me desperté, y eran cucharachas lloviendo desde los huecos que tenían las placas del cielorraso. Con el asco de rigor, me estremecí mientras echaba a los insectos de mierda, provocando con mi sacudón que ella se despertara. "Ay, se ve que están como locas, hoy eché Raid por toda la casa", me explicó. "Si querés andá a tu casa, no te quedes a bancarte esto", me ofreció.
Ni en pedo. Me quedé, y los chaparrones de bichos siguieron cayendo una y otra vez sobre mí.
Hoy recuerdo esa lluvia de cucarachas como algo más hermoso que la llovizna al pie de los saltos de Iguazú.
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0 #1 DOSSO MILA 09-08-2009 23:36
Me persiguen, literalmente (hasta en las pesadillas)

Y no es ficción, ni fantasía paranoica mía.

Desde siempre.

Ellas lo saben, y no me caben dudas que sienten un infinito y siniestro, perverso placer (si acaso pueden sentir) ante el pánico que me provocan.

Y me buscan. A mi vez, yo las percibo sin verlas. Reconozco el levísimo serruchar de su andar y sé que en algún rincón están, prontas a sorprenderme.

Y cuando de pronto alzo los ojos o vuelvo la mirada y veo una, a tres metros o a quince, ella me mira fijamente y sus antenas se movilizan como si estuviesen “avisando” y reclutando un ejército de ellas.

Yo también la miro. Fijamente. Pero paralizada de horror y temblando.

Ella avanza. Yo trato de intuir o adivinar, en mi desesperación, qué dirección va a tomar, hacia donde puedo hallar la mía, la que me lleve a una fuga más rápida y segura.

Pero la cucaracha sabe que me siento perdida y acelera su rápido deslizarse...

Como un misil teledirigido al blanco exacto.

En un acto de esfuerzo supremo desvío hacia el pasillo, por la izquierda. Y corro, corro…, me doy vueltas y allí está, a centímetros detrás de mí.


En el colmo del pánico intento evadirla girando hacia cualquier sitio que vea despejado.

Pero allí está, ahora delante de mí. Trepo…a una silla, una cama, una mesa (en cierta oportunidad estuve no sé si diez o mil minutos subida al inodoro intentando manotear algo que arrojar hacia alguna parte para que el ruido la distraiga)

En ocasiones logro abrir la puerta y salir al pasillo, desmelenada y enloquecida.

Trato de llegar a la escalera porque presumo que ella no puede bajar. Por lo menos más rápido que yo...aunque ahora lo pienso y no estoy tan segura.

Pero hubo una vez en que sólo atiné a echar abajo a golpes la puerta del vecino.

Pobre hombre. Lo atropellé y me metí en su departamento como alma que huye del demonio.

El desdichado se asustó, observó el pasillo, se asomó a mi puerta, aplastó como al pasar la cucaracha mientras yo lancé un alarido y subí las piernas al sillón donde me había lanzado.

Porque debo aclarar que soy incapaz, absolutamente incapaz (no por piedad) de matarlas o sentir el trepidar de su cascarón cuando alguien las revienta de un pisotón.

Incluso no puedo acercarme a su cadáver ni mucho menos sacarlas con la escoba mientras miro su interior asquerosamente pegoteado y húmedo, desparramado en el piso.

En aquella oportunidad, el vecino, al escuchar mi alarido retrocedió, entró rápidamente al departamento, tomó un palo de golf o algo parecido, se acercó a mí, me tapó la boca con una mano mientras con la cara me pedía silencio y, apenas en un susurro me dijo “¿Te entró alguien?”.

Yo le hice señas para que me dejara hablar. Apenas retiró la mano yo le espeté aterrada: “¡Una cucaracha!”.

Resopló, miró el palo, me miró (pensé que me lo daba por la testa), lo dejó en el sillón, se sentó y mientras se tomaba la cabeza con las manos comenzó a reírse y preguntarme como lelo “¿¿¿una cucaracha???”

Yo quedé muda. No sé si aún por el pánico o por el papelón que comenzaba a divisar confusamente.
“¿Era eso, le tenés miedo a las cucarachas?, me preguntó incrédulo, asombrado.

Lo peor fue que yo ni señales de pedir perdón, levantarme e irme.

No. Antes le pedí que saque el cadáver de mi puerta.

Me pregunto cómo todavía me habla, me sonríe y…, hasta me dio su celular, “por si se te aparece alguna a la noche. Te digo en serio, llamame sin vacilar”

¿A vos te pasó algo malo con las cucas? ¿Algo que merezca la pena ser contado?, preguntás

No sé si merece la pena.

Pero no me pasó. ME PASA.

Ahora mismo, con tu historia, quedé sumergida en un amanecer cenagoso; mirando a uno y otro lado, por las paredes, debajo de la cama y con todas las luces de la casa encendidas.

Sé que ya no voy a poder conciliar el sueño, segura de que con tu relato las convocaste y en algún lugar, una de ellas, mis malditamente eternas perseguidoras, espera el momento en que yo cierre los ojos….

PD: Con el cáncer en mi cuerpo las cucarachas, “sobrevivientes intemporales”, comenzaron a habitar mis sueños más profundos o las más agitadas y angustiosas duermevelas (¿Casualidad?)


Ni se te ocurra mandarme a un picoanalista
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