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Exclusivo: por primera vez habla Martín Roldán Cárdenas, el hombre que en 1965 reveló al mundo que Papá Noel son los padres

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En 1968, cuando fue nominado para el Premio Nobel de la Paz, desistió de la posibilidad de recibir esa distinción, hastiado con la polémica internacional que desató su postulación. "No se puede premiar a quien destruyó la ilusión de miles de millones de seres humanos y afectó seriamente a la industria del juguete", cuestionaron las grandes potencias desde el Consejo de Seguridad de la ONU. En cambio, desde el Tercer Mundo, el Movimiento de Países No Alineados lo respaldó: "Liberó a miles del peso de tener que entender por qué ellos recibían un autito de plástico y el pendejo de mierda de enfrente un trencito eléctrico", planteó la organización.

 



Es que Martín Roldán Cárdenas marcó un antes y un después en la historia de la humanidad, cuando el 26 de diciembre de 1965 reveló al mundo una de las verdades más cruentas hasta allí ocultadas: que Papá Noel eran los padres. Para algunos filósofos, la Modernidad y sus ideales de un continuo crecimiento de la convivencia universal en base a los avances de la ciencia, terminaron de morir allí mismo, ya heridos, antes, por las dos guerras mundiales.

Pese a la formidable trascendencia de su hallazgo, de Roldán Cárdenas ya casi no se supo más. Sólo hubo su breve reaparición al renunciar anticipadamente al Nobel, un par de tormentosas conferencias en México y Francia, y nada más. Los periodistas que intentaban contactarlo recibían en contestación furibundas negativas. Otros dicen que si Martín hubiera nacido y vivido en una ciudad menos latina que Asunción del Paraguay, se hubiese transformado en un personaje público global que jamás hubiera salido de escena. Como sea, el ostracismo pareció ser, siempre, justo lo que había buscado. Hoy prácticamente nadie recuerda que si se sabe que Papá Noel no existe, es gracias a él.

Angaú Noticias lo encontró casi de casualidad, mientras buscábamos en Encarnación el modo de pasar doce notebooks sin declararlas en la aduana. El "pasero" que nos iba a hacer el servicio señaló a un hombre que comía un choclo hervido junto al puestito callejero en el que lo había comprado, y no se aguantó el chisme: "Aquel es Roldán Cárdenas, el que le cagó al Niño Dios".

El ayudante de contrabandistas ocasionales siguió diciendo otras cosas, pero no le prestamos atención. Nos quedamos fascinados con la visión de ese anciano delgado, vestido con una camisa blanca mucho más grande que él, un pantalón de gabardina y ojotas, la calva brillante arriba y a los costados unos pelos blancos bailando con el viento norte. La cara con gesto neutro, los ojos concentrados, con cierta furia, en ir quitándole los granos al marlo. Dudamos muy poco, y cruzamos la calle.

Roldán escucha la presentación, el pedido de los "diez minutos de charla", el verso sobre que "venimos de lejos", sin mover la mirada de un lejano punto indefinido ubicado delante de él y sin dejar de atacar al choclo. Después tira el marlo pelado, y se queda en silencio, sin mirarnos, como si evaluara hasta qué punto le generaría un problema tomar la olla con agua hirviendo en la que cocina el puestero y arrojárnosla a la cara. Al final, el milagro: "Si me llevan a Lambaré".

Ya vamos esquivando hoyos en la ruta leprosa, y el tiempo de hablar del clima y de comidas se agotó. Roldán es el primero en saberlo. "Está bien, pregunte de una vez", ordena, resignado, con su voz rasgada por los años.

-¿Cómo llegó al descubrimiento?
-Es difíci de explicar, era más intuición que otra cosa. O al principio, por lo menos, fue intuición. Después, sí, le agregué razonamientos, análisis lógicos que no cerraban, datos sueltos, investigaciones sobre leyendas...

-¿Qué era lo que intuía?
-No sé bien cómo decirlo, la verdad yo nunca me llevé bien con las palabras, con las mías al menos. Prefiero las de los otros. Por eso siempre leí mucho, pero no escribí nada. Yendo a su pregunta, no me cerraba que algo celestial, sobrenatural, como el Niño Dios, fuera tan prosaico como para querer impresionarme con unos camioncitos horribles, de plástico blando y rueditas negras que tenían unos pequeños ejes metálicos de los cuales esas ruedas se desprendían enseguida, tan pronto uno quería hacer andar el camioncito con algo de velocidad o presionándolo demasiado.

-Le costaba imaginar a Papá Noel eligiendo eso.
-Sí, pero más que eso, me costaba imaginarlo tan rata. Por qué justo el autito o el camioncito más berreta. Encima en casa no se decía "Papá Noel", se decía "Niño Dios". O sea, era otro nivel, distinto. Papá Noel es capitalista, se le nota, pero Niño Dios suena a ecuanimidad, a justicia divina. Y me costaba imaginar al Niño Dios entrando a la juguetería, pidiéndole camioncitos al vendedor, y que cuando el tipo le mostraba los buenos, el Niño Dios dijera "¿y algo más barato puede ser que tenga?"

-Bueno, muchos se preguntaban cosas similares, pero lo resolvían pensando que, justamente, al estar por encima de lo mundano, al Niño Dios un juguete u otro le resultaban lo mismo, porque priorizaba el gesto.

-Sí, y obviamente que yo también traté de asumirlo por ese lado, pero a los ocho años me trajo un pianito de juguete (yo le había pedido una bicicleta, fijate vos), y ¡tenía una de las teclas pegadas con cinta Scotch!

-Ya le pareció mucho.
-Me pareció digno de alguien muy miserable. Me enojé con Dios, abiertamente. Porque además, me sentía forreado de una manera muy evidente. Ese año el piano de mierda en vez de la bici, la Navidad anterior el camioncito choto en vez del karting, la anterior a ésa un yo-yo en lugar del Rasti de caja grande... Era humillante, porque encima yo les contaba el 20 o el 21 de diciembre a los chicos de la cuadra qué era lo que pensaba pedir, y el 25 tenía que aparecer con esas mierdas y poner mi mejor cara de "¡esto es mejor que lo que yo quería!"

-Un conflicto muy común.
-Sí, pero no por eso menos choto. Para colmo, cuando yo contaba lo que quería, otros chicos, que pensaban pedir pelotudeces, se prendían en mi misma idea y entonces ellos también pedían kartings, bicis, Rastis... ¡y ellos sí recibían eso! Ahí fue que me dije: "Ni mis viejos son tan hijos de puta conmigo". Y esa frase me quedó picando en la cabeza.

-Fue el principio.

-Claro. Me puse muy ansioso, pero tenía que esperar un año hasta poder ver bien el asunto. Igual, no me quedé quieto. Primero, traté de recordar los movimientos de mis padres antes de la medianoche del 24, en esa Nochebuena y en las anteriores, pero no pude sacar nada en limpio. Después fui a la biblioteca de la escuela, y pedí libros sobre Papá Noel. Fue cuando me di cuenta de que había un pacto de silencio.

-¿Por qué?
-Porque cuando a la bibliotecaria le dije lo que estaba pensando, trató de persuadirme de que leyera otros libros. Me enchufó Tom Sawyer, La isla del tesoro, cosas así. Me llevó eso a replantearme mi teoría, porque hasta ahí yo pensaba que sólo en mi familia mis padres estaban reemplazando al Niño Dios, porque entre mis amigos el único que recibía regalos de mierda era yo.

-Comenzó a sospechar que no, que la cosa era general.
-Sí, y eso me provocó escalofríos, sinceramente.

-Finalmente, llegó la Nochebuena siguiente.
-Exacto, yo me había pasado el año esperándola, así que esa noche, de la que me acuerdo perfectamente, no jugué con mis primos, no tiré cohetes,  casi no comí, y me dediqué de lleno a vigilar a mis padres.

-¿Ellos se dieron cuenta?
-Creo que sí, pero desde antes, desde la cartita. Porque a papá lo habían echado de la compañía en que trababaja, y yo sabía que en casa no había plata más que para comer, y a veces ni eso. Entonces me dije "si ellos son Papá Noel, me van a querer hacer cambiar de opinión". Yo les pedí una bicicleta balona de doble caño.

-¿Qué reacción tuvieron?

-Me dijeron que los médicos decían que las balonas producían cáncer de ojos, y que mejor pidiera papel y dos lápices de colores, porque lo importante era la imaginación.

-¿Esa noche qué pasó?
-Mi viejo dijo a las doce menos cinco que quería ir al baño, y yo le dije que también quería ir. "No, esperá un rato", me conestó. "Si no voy, me hago encima", le dije. "Bueno, andá vos primero y después voy yo", me contestó. "No, andá vos primero y yo espero en la puerta", le retruqué. "No, porque a lo mejor te hago esperar mucho", me dijo. "No importa, hace bien a la circulación estar parado", le dije yo. "No, te pueden salir várices y provocarte un paro cardiorrespiratorio", me dijo él. "Tengo todas las vacunas", le contesté. Y ahí él, cansado, me pegó un sopapo impresionante, que me desperté a las cinco de la mañana, cuando ya todos dormían, y en el arbolito estaba un papel en blanco (que me di cuenta que era un pedazo del mantel lento que habíamos puesto sobre los tablones del patio) y dos lápices de colores, uno verde y el otro gris.

-Evidentemente, no se rindió.
-No, no descansé, y cada Navidad busqué el modo. Al final, en la Navidad del '65, lo pesqué a mi viejo dejándome en el arbolito una camisa Van Heusen.

-¿Qué edad ya tenía usted?
-Treinta y cuatro.

-Fue al día siguiente del 25 que usted hizo aquella famosa conferencia de prensa, una de las primeras transmisiones televisivas globales de la historia.
-Sí, había periodistas de todos lados, de todos los colores. La tuve que hacer en Montevideo, porque en Paraguay me lo prohibieron terminantemente. Stroessner organizó un acto de desagravio del Niño Dios, me acuerdo. Apedrearon mi casa, mis viejos salieron en los diarios diciendo que hacía mucho que no me veían, que me arruinaron las juntas...

-En uno de los precarios videos del anuncio del descubrimiento, se ve que usted, al iniciar su alocución, dice: "Hoy empieza la liberación del hombre". ¿Qué quiso decir?
-Je... sí, ya sé... visto desde hoy, queda ridículo... Pero yo en ese momento sentí que sí, que más allá de mí, de mi historia, eso era una carretillada más de ladrillos para construir la liberación del hombre. Siglos sin entender por qué ser buenos, muchas veces, no servía de nada. Peor que eso: por qué ser un guacho no impedía ser feliz al salir el 25 con triciclo nuevo. Era poner las cosas en su lugar. En cierto modo, era dejar en paz a Dios, también, y a los mismos padres.

-Sin embargo, la Liga Intercontinental de Padres reaccionó con furia.
-Sí, el 4 de enero se hizo la Conferencia Mundial de Padres, en Oslo, y dijeron barbaridades de mí. Que yo había sido cooptado por el comunismo soviético, que me financiaban las suegras judías... en fin, de todo. Yo lamenté mucho eso, no era mi intención agredirlos, ni hacerlos sentir mal. Se me declaró "hijo no grato". Fue feo, la verdad. Pasaron años en que no podía caminar tranquilo, porque salían padres y chicos a cascotearme.

-De todos modos, se había encendido la luz de alerta para millones de pibes.
-Así es. Ese mismo 6 de enero, el alemán Ludwig Berghamenshen descubre, a los 11 años, que también los Reyes Magos son los padres. Yo me quedé con la boca abierta. No pensé que la falacia era tan gigantesca. Recuerdo el clima de desazón y de desconcierto de ese enero. Las manifestaciones violentas de los chicos en París, en el DF mejicano, la destrucción total de los jardines de infantes en Amsterdam, el derrumbe de las bolsas, las fábricas que cerraban... Todo fue una inmensa frustración para mí, y decidí recluirme.

-¿Cómo logró reconstruir los lazos con sus padres?
-No lo logré, nunca más me quisieron hablar, y eso que viví con ellos hasta los 56 años. Me servían la comida, el flancito, todo, sin decirme una palabra. Y siguieron negándome todo.

En la ruta, el auto sigue llorando por su tren delantero, y un cartel avisa que estamos llegando a Lambaré. "No me dejen acá, acérquenme a mi casa, el camino está lleno de padres", pide Roldán. Hasta allí vamos. Nos recibe una casona de techos altos y puertas de un celeste viejo y triste. Adentro, la humedad camina en puntas de pie, y el aire es fresco y dulzón. Roldán lleva sus pasos sonoros por un pasillo, y vuelve con dos vasos de agua fría. Aparta una de las cortinas del ventanal que da al patio, para que entre algo de luz. Y allá asoma, entre dos plantas de croto, un karting rojo. Al lado, ladrillitos Rasti desparramados, rodeando a un castillo a medio hacer. Roldán, incómodo, cierra todo de nuevo y nos deja en penumbras, hasta que nos vamos.

Lo último que vemos, mirando hacia atrás, es su saludo corto y veloz, la mano a media altura, las bermudas que no llegan a tapar los apósitos que le cubren las rodillas lesionadas. El karting demasiado corto, seguramente.

 

 

 

 

 

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Comentarios   

 
0 #7 Silvina 31-12-2009 07:33
Papa Noel no era el Angel ? Pero si a nosotros cada vez que pedimos algo, nos lo dio el. Un puesto en el Estado garantizado con buen sueldo, casa, vacaciones o sea todo el año, etc.

Firmado : Comision de Jovenes Desalojados Violentamente del Recinto de la Camara - Afiliados al Grupo de Jovenes Argentinos que nacen, crecen y viven sin laburar. y de la Comision de Excluidos Permanentes del Trabajo .

Y urbanito ? es un muñeco ?

ADMINISTRADOR: En estos momentos, Silvina, se está dirimiendo en la justicia si Papá Noel son los padres o Rozas.
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0 #6 Barca 31-12-2009 04:16
Hera: lo unico en comun con Tiger es el color...
pero medio en pedo a fin de año por ahí te sirve (por ahí quiere decir lo de siempre che!)
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0 #5 Barca 31-12-2009 04:14
Acabo(perdon) de leer la nota y me surgió la misma inquietud que Ramoncito con las notes ...
En cuanto a lo otro , muy buena la investigacion periodistica , pero los traicionó la edad , en esa epoca del gordo capitalista ni se hablaba
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0 #4 cristian_ 30-12-2009 08:11
Che, inquietante el final. Qué linda palabra: "inquietante". Sí, es un final inquietante. Fontanarrosesco.

Y me causó mucha gracia lo de la olla de agua caliente. Lo pienso y me da risa.
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0 #3 Hera 30-12-2009 04:35
Admi hoy ausente???????? por favor algo para endulzar el día, y si a tomado franco incompensatorio mándeme algo para casa…. A Tiger Woods, prometo compartirlo con mis amigas.

ADMINISTRADOR: Mirá, sólo por vos, recién subimos la nota de los parientes en Año Nuevo.
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0 #2 DanielZal 29-12-2009 16:52
No quiero cargar las tintas en un tema tan sentido en el ser nacional, pero dejo constancia que yo ya lo venia diciendo, revisen los comentarios relativos a Papanuel en otras notas, y dejo una inquietud, ¿Porque turra penetracion cultural dejamos de escribirle al Niñito Dios de nuestra infancia para mandarle cartitas al gordo pedorro este? ¿Tendra algo que ver el gordo pedorro carozo que uds, consumados hombres y mujeres de los medios chaquenses nombran a cada rato? ¿Porque si es el que yo creo, algo de informacion manejaba no?
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0 #1 Ramoncito 29-12-2009 02:26
Y al final, pasaron las 12 notebooks o no, modelo y marca, a cuánto cada una y cuánto por la pasada ? Miren que Aduana arregla a 50 mangos y los paseros a 100 (50 para ellos y 50 para el "vista") ...

ADMINISTRADOR: Sólo se pudieron pasar diez. Eso sí, tememos haber sido víctimas de la impresionante industria paraguaya de lo trucho, ya que dos de ellas son marca Acer y las ocho restantes son Rolex.
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