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Cómo actuar en Navidad y Año Nuevo, si sos el organizador de la cena, para no tener que bancarla solo

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Se acercan las deliciosas fiestas de Navidad y Año Nuevo, y un problema con el que muchos se enfrentan es que por alguna razón se ven en el compromiso de ser los organizadores de una de esas cenas o de ambas, y entonces se encuentran ante el trágico riesgo de tener que bancar solos el costo de la reunión.

Hay que tener en cuenta que para una reunión de veinte personas, uno llegará a gastar más de una luca, a menos claro, que compre la carne en el departamento de eliminación de residuos patológicos de algún hospital y compre bebidas tan berretas que las etiquetas están hechas a mano. Pero como no todo el mundo se anima a abaratar costos de ese modo, es importante saber qué hacer.


Aquí, algunos consejos útiles:


Plantee nulidades.
Lo primero es intentar, por todos los medios posibles, que el rol de anfitrión le caiga a otro.

Por ejemplo, sea cierto o no, plantee que ya el año pasado le tocó a usted organizar el asunto, apunte a los turros de la familia que nunca se hacen cargo de nada, plantee nulidades procedimentales, meta recursos de amparo en distintos juzgados, haga circular historias acerca de la aparición de espíritus diabólicos en el baño.

 

Defina su estrategia. Si nada de lo anterior funciona y usted no puede zafar, es importante que defina claramente su plan. Usted, ¿qué quiere hacer?¿Dar por perdida la guerra y tratar de gastar lo menos posible?¿O armar una cena decente y ver el modo de repartir la inversión? Si elige la primera alternativa, recuerde que necesita más tiempo que para una reunión normal.

Hay que cargar las gaseosas Chat en botellas de Coca, hay que meter pollos y cortes cárnicos semiputrefactos en baños de agua con lavandina, hay que decirles a los chicos que le rasqueteen el moho a los panes que encontró en el cesto de residuos de la panadería, hay que ir a buscar a la feria los tomates y cebollas hechos mierda y tomarse el trabajo de ir cortando los pedacitos que están sanos, hay que rebajar el vino Sombra Negra con agua y conseguir botellas finas donde ponerlo, y hay que hablar con el compinche que labura en Bromatología para que nos consiga los pandulces y budines que incautaron en octubre.

 

Meta el tema en la agenda mediática. Pero si usted es de los nobles boludos que piensa que no le puede hacer lo del punto anterior a su familia, esa noche no deje que la conversación vaya por los rumbos habituales, al menos no sin colar la cuestión de fondo.

Ni bien el tío Beto diga "¡qué manteca la carne, che!", usted dispare automáticamente: "Sesenta y cuatro con veinte el kilo, diez kilos compré, en seis pagos con la tarjeta, recargo del 15%". Y a la hora del brindis, ordene a los chicos: "¡Traigan la sidra de 33 pesos cada botella, que ya son las doce menos cuarto!"

 

Los modales juegan en contra. No cometa la pelotudez de despegar de botellas, paquetes y otros envases las etiquetitas con los precios que les habían pegado en el supermercado.

Más aún, con mucho cuidado altere las cifras que figuran en ellas, remarcando hacia arriba. Después de todo, si llegara a lograr compartir los gastos, siempre lo van a cagar entregándole menos de lo que corresponde.

Así que esto es como cuando le chocan el auto y en el seguro le piden un presupuesto para el arreglo. Usted tire para arriba todo lo que pueda.

 

Utilice a los nuevos. Los nuevos de una fiesta navideña (el nuevo macho de su cuñada, un primo que viajó desde la concha de la lora después de muchos años de estar borrado) son generalmente proclives a sacar el tema guita espontáneamente, quizás un poco culposos por ser los bichos raros de la reunión. Utilícelos.

Plan A: pídales que operen en el resto de la concurrencia para que se haga "la vaca" que cubra proporcionalmente los costos. Plan B: hable con ellos en voz muy alta, diciendo cosas como "dame un doscientos nomás, Pablo, si acá somos veintidós y no creo que alguien vaya a ser tannnn hijo de putttttta como para borrarse a la hora de aportar". Plan C: si los otros se hacen los boludos, sáquele al extraño toda la guita posible, y que se cague por decente.

 

No se deje cagar matemáticamente. Si por un milagro usted lograra que los asistentes se declaren dispuestos a pagar su parte, no se deje cagar por ese cuñado guacho que al toque dice "a veeeer, cinco familias somos. Mil pesos dividido cinco, da doscientos, tomá". Pero claro, el guacho es "una familia" integrada por él, la jermu, la madre de la jermu, cuatro chicos y el novio de la atorranta mayor.

Nah, nah, nah, nah. Aplique el artículo 78, inciso E, párrafo tercero, de la Convención Interamericana de los Derechos Humanos, donde se establece claramente que el gasto total se divide por-ca-be-za.


Entrene a los chicos. Si entre sus parientes hay al menos una persona de bien, en algún momento dirá: "Che, bolú, ni sueñes con que te vamos a dejar bancar todo esto solo, ¿eh? Decinos cuánto tenemos que poner cada uno, que es lo más justo". Pero las estadísticas indican que en la Argentina hay una persona de bien cada 32 familias.

Por eso, entrene a sus pibes. Si para las once y media nadie saca el tema guita, que el más chiquito (que para estas cosas será siempre también el más impune y el menos sospechado) pregunte (después de dos semanas de haberlo hecho recitar cada palabra: "Papi, ¿vos sólo pagaste todo esto tan rico que nos permitió festejar la Navidad de manera digna y alegre?". Usted deje cinco segundos de silencio, y responda como si el tema también lo sorprendiera, y recitando su propio guión: "Y... no sé, hijito, creería que sí".

 

Ese es un momento crucial. Si nadie interviene luego de la escena anterior, aunque sea con una broma sobre el tema, es que hay una clara y unánime decisión de cagarlo.

En ese caso, usted también juegue a fondo. Que el chico vuelva cada cinco minutos con la misma pregunta. Usted, sucesivamente, vaya respondiendo (en caso de que nadie se dé por aludido):

"Ya te dije que no sé, hijito"

"Me parece que sí, Carlitos, que lo voy a tener que pagar todo yo"

"Casi seguro que sí, así anda el país también"

"Sí, pero no te preocupes, yo puedo mirar a mis hijos a los ojos"

"Sí, qué querés que le haga, hijos de puta hay en todos lados".

"No me hagas esas preguntas ahora, Carlitos, esperá a que no haya putas ni guampudos alrededor, porque molestarles la conciencia mientras morfan queda feo".



.

 

Comentarios   

 
+1 #5 rubenrosso 17-12-2013 09:17
El choripán o sandwich de chorizo ( palabra con varias acepciones, también argentinismo) de 140 kg en la Casa de la Cultura, ! qué tema para Angau !
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0 #4 Cuyanita 15-12-2010 11:07
Por mutuo acuerdo, una de las fiestas las pasamos en casa.
El que quiera venir, siempre es bienvenido, aclarando que es a la canasta: siempre aportando algo de comida, postre o bebida.
Se come bien, después hay fuegos artificiales, chistes y juegos.

Y la otra, en la casa de mi suegra, también a la canasta. En este otro caso, nosotros llevamos la bebida y el postre, porque a ella no le gusta que me meta en su cocina y yo lo respeto.

La solución surgió por decantación. Y funciona bastante bien hasta ahora.
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0 #3 Daniel Zan 09-12-2010 07:41
Navidad y año Nuevo se pasan en mi casa un dia y otro en la de mis suegros, la estrategia es no decidir hasta ultimo momento cual sera en un lugar y cual en el otro, vamos despistando y unos cuantos quedan por el camino, con el resto se negocia, y de ultima, barbaros los consejos.
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+1 #2 elisa 08-12-2010 16:51
como se ve que nadie opina porque acá están escondidos todos los vivos...están intentando zafar
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+3 #1 coco14 08-12-2010 13:11
Dejen de avivar giles que yo todavía estoy buscando una victima..
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