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Estudio AN: una pormenorizada clasificación de los personajes que se ven en la Bienal de Escultura

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La Bienal de Escultura se realizó otra vez en la capital del Chaco. Pa los foráneos, les contamos: es un certamen internacional que se realiza en Resistencia y que durante una semana pone a trabajar al aire libre, y a la vista del público, a artistas de distintos países del mundo. Como era de esperar en una ciudad que tiene menos atractivos que los libros de Capitanich, la movida hace que miles de personas visiten el lugar.



En ese escenario, hay personajes variados. Un estudio financiado por el Grupo AN identificó las siguientes tipologías:



El erudito marketinero: Sabe del tema, y es uno de los pocos que observa las obras disfrutándolas o padeciéndolas de verdad. Pero no le basta con saber, lo que él necesita es que se sepa que sabe. Por eso, siempre va acompañado de un segundo que le permite hacer comentarios en voz alta -muy alta- que en teoría van dirigidos a explicarle cosas al otro, pero que en realidad él pronuncia para que lo oigan los simples mortales que están mirando la misma obra en ese momento.

Habla con términos técnicos, elabora sofisticadas metáforas, juega en el aire con las manos como si el artista fuera él, y cuando el sonido de alguna sierra o de una amoladora aplasta su brillante lección, se fastidia y hasta es capaz de decir "ey, amigo escultor, plis estop ior machin guan minit, zencs".

Ah, y si el grupo que estaba cerca se va, se pone peor todavía, y espera la llegada de otro lote de potenciales admiradores para volver a empezar. Es más trucho que billete de cien con la cara de Silvio Soldán.

 



El burro culto. Con la Bienal se transforma. Lo más profundo que mira en la tele es el programa de José María Listorti,; en materia cinematográfica sigue diciendo que la mejor película que vio en su vida fue "Así no hay cama que aguante", con Jorge Porcel; y leyó dos libros: "Platero y yo", a los nueve años, y "El libro de los mundiales", a los 30. Pero por una extraña razón, la Bienal, para él, es una cita ineludible.

Varios estudiosos sostienen que la explicación está en una intención expiatoria del sujeto, que cree que su larga trayectoria de borrico se puede compensar con 45 minutos de mirar con cara de experto a bodoques de los que no entiende un sorongo.

Si tiene la desgracia de pararse justo al lado del erudito marketinero cuando éste hace su exposición autobombística, asiente cada cinco segundos con su cabeza, como diciéndole al mundo "yo comparto lo que dice éste porque sé lo mismo que él". Después sí, vuelve a su casa rápido, para ver "Los ricos no piden permiso".



El sojuzgado.
No va por propia voluntad. Casi siempre es hombre, y casi siempre es llevado por su mujer, que lo extorsiona amenazándolo con no cocinar ni una cazuela de mondongo en todo el invierno o echándole en cara que ella lo perdonó la vez que lo sorprendió apretándole una teta a la vecina.

Son fácilmente identificables porque aunque ceden a la presión conyugal, se la cobran haciendo visible su total desagrado con la actividad. Así que mientras ella va cebando el mate y lanzando expresiones de admiración ante cada obra en marcha, él lleva una perfecta cara de ojete. Mira el reloj con la misma frecuencia con la que una canilla vieja gotea, y si recibe alguna llamada en el celu, se le oye decir a su interlocutor: "No, en la Bienal, mirando las pelotudeces éstas".



El espectador barrilete. Todas las paredes de su subconsciente están pintadas con el mismo graffiti popular: "Comamos mierda, millones de moscas no pueden estar equivocadas". Así que va a la Bienal porque todo el mundo en todas partes habla del certamen.

Las obras, como productos artísticos, lo impresionan tanto como un huevo duro, y en realidad hace todo el recorrido por los puestos de los escultores enviando mensajes de texto y whatsapp. Antes de irse, se compra un llavero con el logo de la bienal y regresa a su hogar con unas doscientas selfies nuevas. En una de ellas se lo ve junto a un farol, porque creyó que era una de las obras en competencia.



Los padres que luchan. Luchan por sobrevivir a sus hijos, que son uno más rompebolas que los otros. Entonces, en un desesperado intento por tenerlos siquiera media hora interesados en otra cosa que no sea destrozar la propia vivienda, los llevan al predio de la Bienal.

Allí, como era fácil prever, los pendejos se hacen odiar por cientos de otras personas. Cuando los pequeñuelos ya están en el hogar dulce hogar, sus desafortunados progenitores descubren que los angelitos regresaron con punzones y amoladoras escondidos entre sus ropitas.

 

Los asociativistas. No, no son fanáticos del cooperativismo ni de la economía social. Se los llama así porque siempre, pero siempre, asocian "convocatoria multitudinaria" con "me tienen que dar de comer algo gratis". Entonces llegan en hordas casi exigiendo que se les brinde algo de morfar. No importa si son chocolates, bandejas de paella, choripanes o caracoles crudos.

"¿Hay que pagar?", es la pregunta que repiten medio centenar de veces en los stands gastronómicos. Si encuentran un puesto en el que hay degustaciones gratuitas, permanecen allí hasta que la empresa anunciante se declare en quiebra o hasta ser desalojados por la policía.

 

Los fantasmales. Pasan inadvertidos por la mayoría, pero nunca faltan. Caminan como sin ver, y efectivamente no ven. Atraviesan el predio con paso zombie y los dos brazos en las espaldas, uno sosteniendo al otro.

Van solos, no hablan, no se interesan por las esculturas, no contestan a las tetonas que les ofrecen conocer un stand. Arrugan la cara como si olfatearan popó y desaparecen tan silenciosamente como asomaron.

¿Son una secta?¿Pertenecen a una civilización superior que nos estudia?¿Pretenden dominar el mundo?



El que no pierde la esperanza.
Personaje que forma parte de un cardumen de solos y solas que ya intentaron levantar algo en los videoclubes, en los gimnasios, en las proyecciones de cine alternativo, en charlas académicas, en la ronda de caminantes de alguna plaza y -ya desesperados- en congresos sobre ollas Essen, pero no consiguieron nada. Se zambullen en la Bienal, donde no miran ninguna obra, porque todo el tiempo están escaneando el entorno para ver si aparece una presa potencial en la mira.

Si ubican una, se acercan y buscan sacar conversación con penosos recursos, como comentarios del tipo "lindo el cosirulo éste, ¿no?", chantadas en la onda "es impresionante todo lo que está diciendo el tipo con este cilindro", y repeticiones parciales y mal recordadas de frases que le escucharon decir al erudito marketinero cuando se lo cruzaron unos minutos antes.

 

El paseador de parientes. Tuvo la desgracia de recibir la visita de familiares de otras ciudades o provincias que llegaron a Resistencia con la intención de visitar la Bienal. Entonces, además de tener que ser buen anfitrión, debe improvisarse como guía cultural.

Lo peor es que los visitantes le exigen de alguna manera que cumpla ambos roles de la mejor manera. Entonces el pobre tipo va pasando por los puestos de los escultores diciendo las obviedades que se le ocurren luego de leer los cartelitos informativos de cada espacio.

"Y acá tenemos al coreano Ho Min Te, con 'Barca universal', que si te fijás bien, Tía Chola, representa una barca que... navega por el universo nomateígo -arranca el vago-. El coso cuadrado arriba representa... una parte cuadrada de la barca universal, y esa especie de pindonga estirada abajo sería el... el coso donde las barcas llevan a los pasajero lento vamoecí... Los remos no estoy viendo. Ah, no, mirá, ahí hay un motorcito. No, es la pulidora del ponja. Bueno, pero viste que en estas porquerías es todo medio representativo o simbólico vamoecí. Debe ser a motor. O de remos invisibles, porque es universal, viste". Y así sucesivamente.



El hombre realista en equilibrio con el universo. Va a mirar culos, y punto.

 

 

Y tú, oh, inculto amigo lector, ¿qué otros especímenes has advertido en esas playas?

 

.

 

Comentarios   

 
0 #4 Alexis 21-07-2012 07:16
El "referente" se llama LADRICIANO???
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+1 #3 Cuyanita 20-07-2012 10:50
EL EFECTO ENVIDIA: al acercarte a un stand porque estas interesado en consultar algún material de estudio en particular, inmediatamente se te adelantan para ver primero lo que está exhibiéndose aunque no sea de su interés y para el solo efecto de entorpecer la vida de sus congéneres. Seguramente familiar de LA INSOPORTABLE. También puede ser LA SUPERADA en sus primeros estadios.
EL ALCOHOLICO: por extraño que parezca, en las Ferias sea cual fuere su oferta, va en aumento la cantidad de stands dónde sólo se comerializa bebidas alcohólicas. Lo que no es extraño, es que sea el stand mas visitado.
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0 #2 reny 18-07-2012 16:05
no te alquilaron un stand?...ese comentario era para?
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+1 #1 peregrino 18-07-2012 07:49
A mí me queda a trasmano, así que de la fauna de por allá, ni idea, pero me atrevo a preguntar si alguien vio alguno de estos especímenes que pululan en las ferias de acá:

LA INSOPORTABLE: Generalmente se trata de una gorda, culona, con cochecito de bebé, con bebé que llora a gritos, con montones de bolsas de contenido dudoso, y un ejército de pendejos hinchapelotas.
Este ser cuasi mitológico decide sobre la suerte del tráfico de personas en la exposición: donde ella se detiene, produce tal atascamiento, que no avanza nadie, en ningún pasillo. Acompaña su vestuario con una generosa cara de ojete.

LA SUPERADA: Esha sha vio miiiil ferias un mishónnnn de veces mejores que éssstaaaa!!!

EL PLUS ULTRA: Es la evolución natural del "hombre realista en equilibrio con el universo": él va a tocar culos, y punto.

A: >D
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